Jonás Pérez, en la puerta de su negocio en Los Cancajos. Cree que el volcán es una oportunidad pero bien gestionado. / Arcadio Suárez

La Palma: un año de la erupción

«Hemos pensado en irnos porque no sabemos cuánto durarán los gases en Puerto Naos»

Silvia Fernández
SILVIA FERNÁNDEZ Las Palmas de Gran Canaria

El volcán te quita y el volcán te da. En esa dicotomía se encuentra Jonás Pérez, que desde el 19 de septiembre está fuera de su casa, en Puerto Naos, debido a las altas concentraciones de gases que hacen imposible la vida en esta localidad turística del valle de Aridane. Él, su mujer y sus dos hijos, de 5 años recién cumplidos, están desplazados en Los Cancajos, donde viven de alquiler en un apartamento.

Además, no saben cuándo podrán volver a su casa, ya que los técnicos desconocen en qué momento cesará la emisión y concentración de gases en esta zona costera. « Acabé de pagar el piso hace cinco años y ahora se lo ha quedado el volcán», indica Jonás, que ha llegado a plantearse junto a su mujer , cuya familia vivía en Todoque y ha perdido prácticamente todo, marcharse de la isla a otro lugar. « Nos hemos planteado si queremos seguir viviendo aquí o no porque ya no podemos estar en el lugar que elegimos», apunta Pérez.

Sin embargo, su trabajo está en la isla y además, gracias al volcán, su negocio está en fase de crecimiento. Es aquí donde surge la cara amable del volcán, la oportunidad que abre de ser un revulsivo para la isla y dar a los palmeros algo de lo que les ha quitado.

Una de cal y una de arena

Jonás tiene un negocio (Isla Bonita Tours) que, hasta que se produjo la erupción, se dedicaba a organizar rutas de senderismo por toda la isla. Desde que entró el volcán en erupción se ha especializado en rutas para verlo y la actividad es creciente.

Tomar la decisión de esa reconversión y empezar a ver el volcán como una oportunidad «no fue fácil», como reconoce el propio Jonás, ya que parte de su familia ha perdido casi todo en Todoque. «Pero era eso o morir. O cerrar y cobrar ayudas o seguir adelante», añade para explicar que, tras la dura pandemia, en el verano de 2021 cuando parecía que todo empezaba a funcionar entró el volcán en erupción y empezaron a llegar las cancelaciones turísticas. «Eran miles de euros perdidos y teníamos que hacer algo», indica.

Los ojos se los abrió una turista brasileña que contactó con él a los pocos días de la erupción empeñada en ir a La Palma a ver el volcán. «Tanto insistió que le dije que cogiera un billete que la llevaba a ver el volcán. Me acuerdo que aquellos días la lava se acercaba a Todoque. Por la mañana fui a ayudar a sacar cosas de las casas y por la tarde quedé con la señora. A la noche la llevé al mirador de El Time con una desgana total por todo lo que estaba pasando pero, de repente, la vi con una gran sonrisa viendo la lava caer con toda su fuerza, cumpliendo el sueño de su vida. Ella estaba feliz y yo, destrozado», recuerda Jonás. Fue al llegar a casa y contárselo a su mujer cuando decidieron aprovechar aquello que el volcán les daba en su beneficio, sobre todo teniendo en cuenta todo lo que les estaba quitando.

Actividad frenética durante meses

Así empezó Jonás a organizar grupos para ver la erupción con una actividad frenética que hoy continúa, aunque ya el espectáculo de la lava incandescente iluminando la noche del valle de Aridane ya no existe. «Aquellos días recuerdo que salía de casa a las 6 de la mañana con los primeros grupos y acababa a las 12 de la noche cuando no a las tres de la mañana. Un día tras otro sin cesar», indica Jonás.

Este palmero reflexiona en voz alta y apunta que el volcán ha sido «una pesadilla» para muchas personas, incluido él y su familia, pero también es «una oportunidad» que si se gestiona de forma adecuada puede ser beneficiosa para toda la isla.

«Desde que el volcán cesó estamos viviendo un sueño porque estamos a tope de turismo y de reservas. Ahora lo que hay que hacer es gestionar todo esto bien para que sea positivo para La Palma», indica este palmero, que llama a las administraciones a adelantarse para planificarlo.

Más flexibilidad con la normativa

En este sentido, se queja de que desde el Cabildo de La Palma y los ayuntamientos existen muchas limitaciones para el desarrollo de actividades. « Deben modificar la ley y dar opción a la gente de la isla. Nos acaba de arrasar un volcán y hay que dar facilidades porque de otra forma nos vamos a morir de hambre», señala. Lo mismo considera para las personas que han perdido sus viviendas y quieren edificar en otras zonas de la isla.

«Deben ser más flexibles para que la gente pueda recuperar su vida y volver a tener parte de lo perdido y no siembre apelar a la norma, la ley. Los ha aniquilado un volcán, se los ha llevado por delante», apunta Jonás, que considera que a muchos de los afectados, sobre todo las personas mayores, les va a costar recuperar su vida.

Además de su vivienda el volcán ha cerrado una de las oficinas que tenía Jonás en La Palma, en Puerto Naos, y donde recibía a los turistas y organizaba las rutas. Ahora trabaja en la otra oficina que tiene en Los Cancajos.

Armarse de paciencia

Hace tres semanas participó en una visita organizada por el dispositivo de seguridad para que los empresarios puedan ir a sus negocios y como, explica, la situación sigue siendo muy complicada y hay pocos visos de que los gases cesen a corto plazo.

«Tuvimos suerte y pudimos entrar pero para coger cuatro cosas estuvimos 20 minutos. Entrábamos un minuto, subían los gases y teníamos que salir y esperar a que bajaran. Volver a entrar corriendo, otro minuto... y así», explica Jonás. Él fue, sin embargo, uno de los afortunados puesto que hubo empresarios con locales con peor ventilación que ni siquiera pudieron acceder a sus negocios. «No tiene pinta de que esto se resuelva rápido», apunta.

En su opinión, en este momento a los evacuados de Puerto Naos y La Bombilla no les queda más remedio que «armarse de paciencia» y esperar a que los gases desaparezcan. «Igual pasan varios años pero cuanta menos paciencia tengas peor te va a ir, así que a esperar», indica.

Los turistas del Hotel Sol Meliá, hoy cerrado, siguen sin recibir sus enseres

Los turistas que se alojaban el 19 de septiembre del 2021 en el Hotel Sol La Palma, del grupo Meliá y que está en Puerto Naos, salieron a toda prisa en cuanto el volcán entró en erupción dejando atrás sus pertenencias. Un año después siguen sin recuperarlas, si bien, fuentes de la compañía apuntan a CANARIAS7 que esperan hacerlo «próximamente» y cuando sea posible entrar de nuevo. Algo que por ahora no tiene fecha. «Estamos a la espera de la evolución de la situación y apoyando al destino en lo que podemos. Mientras seguimos con los trabajos de limpieza y mantenimientoque nos son posibles».