Mauricio Cerpa en uno de sus invernaderos para orquideas. / CARRASCO

25 años, y lo que queda, de entusiasmo por las orquídeas

En Costa Teguise tiene Mauricio Cerpa una de los muestrarios privados más relevantes de España. Dispone de invernaderos de frío y de calor

JOSÉ R. SÁNCHEZ Costa Teguise

Aficionado a los cactus desde muy joven, fue en 1997 , en una viaje a México, con Araceli Suárez como paciente compañera, cuando Mauricio Cerpa dio un giro a su pasión por el mundo vegetal. «Fuimos a dar un paseo a caballo por la selva», quedando maravillado con una orquídea que vio. Fue un flechazo. Se agenció con un ejemplar y se lo trajo a Lanzarote. Supuso el arranque de una pasión cotidiana que aún conserva en su amplia casa de Costa Teguise, con dos invernaderos, uno de frío y otro de calor, y un amplio espacio para plantas dispuestas a cielo abierto.

Empezó de forma modesta. «Mi primer invernadero tenía 2 metros cuadrados; de 2 metros pasé a 6, luego a 30; y ahora tengo dos de 30 metros cuadrados y orquídeas en la calle». De unas 30.000 especies existentes en el planeta, dejando al margen hibridaciones, que equivalen a una ampliación del catálogo en varias decenas de miles de variedades, Mauricio Cerpa cuenta en su colección actual «con unas 1.200 especies», de todos los continentes donde existe constancia de su presencia. Y llegó a tener una suma mayor, cuando las condiciones resultaban más propicias.

Ejemplar florecido. / CARRASCO

Muy probablemente posee Mauricio Cerpa la colección privada de mayor dimensión en Canarias y de una de las más importantes en España. Y con 62 años de edad recién cumplidos, todavía se siente con ganas de mantener durante largo tiempo tan valioso muestrario.

Para el cuidado de las orquídeas ha estudiado y también investigado. Con el bagaje adquirido en un cuarto de siglo, suele ser muy preciso sobre qué hacer y cómo para que sus ejemplares sean dignos de admiración. «Son delicadas pero fuertes, si encuentras su sitio, aunque las maltrates, viven», expone este apasionado por el mundo vegetal, quien se ruboriza si se le comenta que en los círculos de entendidos figura como el pionero en España en haber logrado que floreciera la vainilla de un jardín.

Retos pendientes

Mirando al futuro, todavía restan logros personales por concretar. «Me ilusiona que me florezca el 'grammatophillum speciosum'», un ejemplar de gran tamaño que puede desarrollar varas de varios metros de largo, con capacidad para dar cabida a un par de centenares de flores. Y también espera que su orquídea fantasma haga lo propio. Cuando así acontezca, será entonces cuando quizás se podría plantear un nuevo destino para la colección.

Posibles opciones, la cesión al Jardín Botánico de Madrid, aprovechando las buenas relación con Gerardo Torres, estudioso de relevancia mundial; o el traspaso al futuro centro botánico en Asturias.

Con agua de lluvia

Primero, no obstante, está el presente, con mucho esmero, luz a raudales y abundante humedad. Consiste en seguir con el día a día, aprovechando el agua de lluvia que guarda en dos depósitos, uno por invernadero.

El destinado a las plantas de calor, con 4.000 litros, «da para ocho o nueve meses». El reservado para el espacio de plantas de ambientes fríos, a más de 1.500 de altura, con 3.000 litros de capacidad, «dura más o menos lo mismo».