La violeta, una miel con estrella

Sus abejas liban las flores de una planta chata que alfombra de tonos verde y púrpura un sufrido paisaje de invernadero de Telde. Y su miel la procesa en una salita humilde, pero apañada, que habilitó en casa de sus padres. Cuando hay talento y buena materia prima, no hace falta más. Iván Santana y su Colmenar La Violeta acaban de conquistar Europa.

GAUMET FLORIDO | TELDE / MOYA

Esa planta chata es la barrilla, que aunque es típica de costa, en Telde ha colonizado el suelo de una finca, la del Paredón, en El Caracol, donde Iván, de solo 36 años, cuida de un apiario de 40 colmenas. De ellas sacó la miel que un selecto y exigente jurado de más de 130 chefs y sumilleres del Instituto Internacional de Sabor y Calidad, con sede en Bruselas, la capital de Bélgica y de Europa, acaban de distinguir con una Estrella al Sabor Superior. Es como si hubiese entrado en la Guía Michelin de los alimentos.

Iván Santana, que recogerá el premio este miércoles en Bruselas, bebe ahora los frutos de una trabajada dedicación en la que se inició por casualidad, porque un buen día su padre se encontró un enjambre al lado de casa y, en lugar de eliminarlo, decidió mantenerlo. Iván era entonces un crío, pero las abejas le picaron para siempre. Siendo adolescente se compró su primer traje de apicultor y ya no paró, salvo cuando se fue a estudiar a la Península, que aparcó la afición.

Vídeo.

A la vuelta, su novia le animó a montar un colmenar en Mogán, donde conoció a Orosmán Burgueño, un maestro de la apicultura que le introdujo en el arte de la crianza de las reinas y que le puso en el camino del que es ahora su próximo reto profesional, la inseminación instrumental para la selección genética de sus colmenas. «Estoy dando mis primeros pasos, ya me compré un microscopio y ahorro para hacerme con el equipo de inseminación», que ronda los 1.800 euros. Parte de la maquinaria que ya tiene fue subvencionada por el Cabildo.

Este año no ha sido bueno. Llovió poco, pero Iván ha llegado a producir entre 700 y 1.000 kilos. No le preocupa. Si no hay miel, criará abejas. Vende enjambres. Y seguirá dando cursos. Y yendo a ferias. Pero antes toca Bruselas.