Playa y charcón formados en la fajana, a la altura de la sepultada playa de Los Guirres. / cober/gerardo ojeda

72 horas parado: el volcán ha sepultado 1.345 casas, 41 en su último día de actividad

El cráter y los jameos emiten fumarolas de forma esporádica y en las zonas evacuadas persiste el riesgo por los gases tóxicos

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

El volcán palmero cumplió anoche 72 horas inactivo. El lunes, antes de detener su actividad, destruyó otras 41 viviendas en la zona de Las Norias, en el borde sur del campo lávico que se extiende desde Cabeza de Vaca hasta la costa, según los datos aportados ayer en rueda de prensa por el director técnico del Plan de Emergencia Volcánica de Canarias, Miguel Ángel Morcuende.

Esa noche paró su actividad de forma abrupta tras protagonizar un violento episodio explosivo, con emisión de lava y proyección de piroclastos y bombas volcánicas durante la tarde. Hasta entonces y desde el inicio de la erupción el 19 de septiembre, el volcán aún sin nombre ha destruido un total de 1.676 edificaciones, de las que 1.345 eran viviendas, según los datos contenidos en el catastro. El resto de las construcciones afectadas son 180 inmuebles de uso agrícola, 75 de carácter industrial, 44 dedicados al ocio y la hostelería y 16 de uso público, precisó Morcuende.

Dentro del destructivo saldo que deja la erupción se cuentan 369,95 hectáreas de cultivos arrasadas, de las que 228,6 eran plantaciones de plataneras, 68 de viñas y 27,4 de aguacateros, así como otras 72,7 hectáreas de plataneras y 2,2 de viñedos que no podrán recuperarse al quedar aisladas por las coladas.

Por fortuna, el volcán parece tener los días contados. En concreto, los científicos le dan de plazo otros ocho días sin actividad para certificar su extinción definitiva.

Hasta ayer la única actividad que presentaba era «la emisión visible de gases volcánicos» de forma «puntual y esporádica, concentrándose en los centros eruptivos y en los jameos de los tubos volcánicos», indicó ayer la portavoz del comité científico del Pevolca, María José Blanco. Pese a que la ausencia de registros del sistema de vigilancia volcánica y de actividad observable corrobora el aparente agotamiento del proceso eruptivo, «no es descartable un nuevo repunte de actividad estromboliana y de emisión de coladas. Para poder decir que el proceso eruptivo que dio comienzo el 19 de septiembre está finalizado, los datos registrados y observables se deben de mantener en los niveles actuales durante 9 días», subrayó ayer la directora del Instituto Geográfico Nacional en Canarias sobre un plazo que se cumplirá el próximo 24 de diciembre.

El tremor -las vibraciones causadas por los fluidos al circular en el subsuelo- ha cesado y «la sismicidad sigue en niveles muy bajos en todas las profundidades», detalló Blanco. Además, la emisión de dióxido de azufre (S02) se mantiene en un nivel bajo y «no está relacionada con un ascenso magma, sino con un proceso de solidificación del magma superficial todavía existente en los conductos del centro eruptivo», precisó Blanco que reportó pequeños derrumbes en las paredes de los cráteres del cono principal y secundario que se precipitan sobre fisuras y fallas.

Problemas persistentes

Sin embargo, aunque la actividad eruptiva es casi nula, los problemas causados por el volcán siguen siendo preocupantes, sobre todo los originados por la emisión de gases y ceniza. «Tenemos un problema claro de partículas en suspensión en Los Llanos de Aridane», precisó Morcuende sobre la calidad del aire en este municipio que el miércoles llegó a ser extremadamente desfavorable por la presencia de partículas menores de diez micras en las horas centrales del día, circunstancia que suele repetirse a diario. «Recomendamos usar mascarilla FFP2 o superior cuando circulemos por la calle y limitar las salidas», sobre todo, en el caso de personas con problemas respiratorios o cardíacos, recalcó Morcuende.

El director técnico del Pevolca insistió en que persiste el riesgo en las zonas evacuadas por la presencia de gases tóxicos, sobre todo en zonas soterradas del sur de la zona restringida. Por eso instó a quienes tengan que acceder a estos lugares para limpiar sus casas o atender sus fincas a que adopten medidas de protección: ir siempre acompañadas de personal con equipos de medición de la calidad del aire y ventilar las viviendas al menos durante un cuarto de hora para dar salida a los gases almacenados. «Es importante para la seguridad de los vecinos realizar estas mediciones, sobre todo en las zonas próximas a las coladas y que sigan al pie de la letra estas instrucciones», reiteró Morcuende.

Estas medidas preventivas deben adoptarse ante la alta emisión de dióxido de carbono (CO2) asociada a la erupción que, en algunas zonas concretas, puede representar un peligro para las personas, principalmente en áreas que no estén bien ventiladas.

La escasa presencia de dióxido de azufre en el Valle de Aridane permitió que la calidad del aire, respecto a este gas, se calificara ayer como buena en todas las estaciones de la isla.

Carreteras destruidas

En cuanto a las vías afectadas por la erupción, la lava se ha tragado 73,8 kilómetros de calles y caminos, según los datos aportados por el Cabildo palmero. En cuanto a las carreteras, la LP-2 ha perdido 2.3 kilómetros; la LP-213, unos 2,9 kilómetros; la LP-211, 1.2 kilómetros y la LP-2132, alrededor de 2,5 kilómetros. Además, las coladas han sepultado unos 10 kilómetros de calles y cerca de 50 kilómetros de caminos vecinales.

Según el servicio satelital Copernicus, las coladas han destruido un total de 2.988 construcciones, mientras que otras 138 están en riesgo o han sido dañadas parcialmente.