La laurisilva se deja conocer

De la laurisilva se habla mucho y raro es quien no sepa cómo es este bosque. Sin embargo, hasta ahora apenas hay publicaciones que a nivel divulgativo aborden cómo estos bosques del Terciario lograron, en las islas de la Macaronesia, sobrevivir a las glaciaciones, cómo se han enriquecido con especies endémicas o cuáles son sus amenazas.

ROSA RODRÍGUEZ y SANTA CRUZ DE TENERIFE

La laurisilva macaronésica es «una versión empobrecida de la laurisilva continental», sin embargo, conforma un ecosistema con una gran capacidad de supervivencia. Y eso es así, asegura el catedrático de Ecología de la Universidad de La Laguna (ULL), José María Fernández-Palacios, porque «sus requerimientos para sobrevivir son mucho menores que los bosques de la laurisilva del continente». Su versatilidad para moverse más hacia la cumbre o hacia la costa en busca de las condiciones más óptimas tropieza ahora con la grave amenaza del cambio climático.

En la Macaronesia (Canarias, Madeira y Azores) esta formación forestal pudo sobrevivir a los grandes cambios de las épocas glaciales básicamente porque en el medio oceánico no fueron tan bestiales como en el continente, pero también, incide Fernández-Palacios, por su capacidad de adaptación a un territorio insular favorecido por el mar de nubes.

En condiciones idénticas a las actuales, estos ecosistema, que a lo largo de los milenios se enriquecieron con especies endémicas del sotobosque y, sobre todo, con animales invertebrados, no tendrían problemas para sobrevivir, es más, se están recuperando de manera espontánea en todas las islas, salvo en Gran Canaria y en el archipiélago de Azores.

Estos y muchos otros aspectos de la laurisilva atlántica, profusamente investigados y publicados en revistas científicas, no habían tenido hasta ahora apenas reflejo en la literatura divulgativa. Después de cuatro años de trabajo, Fernández-Palacios y otra docena de investigadores de universidades de los tres archipiélagos y de Sevilla y expertos de renombre han logrado concentrar en las 400 páginas de La laurisilva: Canarias, Madeira y Azores dos décadas de investigaciones y cubrir sí ese «clamosoro vacío». El libro, editado por de Macaronesia Editorial, se presentó este viernes en El Museo Canario.

Con las condiciones actuales, el futuro de los bosques de laurisilva está garantizado en Canarias y en Madeira, porque en todas las islas quedan importantes reductos de estos ecosistemas que se está recuperando de manera espontánea y creciendo hacia las medianías, donde se ha abandonado la agricultura.

La excepción, sin embargo, está en Gran Canaria -y también en Azores-, donde el umbral de deterioro es tal que su recuperación requiere de ayuda, explica el ecólogo José María Ferández-Palacios.

Esa «ayuda» son los planes de recuperación que hay en marcha desde hace años y que ya están empezando a dar resultados. Sin embargo, Fernández-Palacios asegura que esos planes «son el remedio para que dentro de tres o cuatro siglos el bosque recupere el esplendor de antaño».

Cambio climático

Ningún escenario que se pudiera dar en la Macaronesia por los efectos del cambio climático sería bueno para la laurisilva. José María Fernández-Palacios apunta directamente los cambios que podría haber en el mar de nubes, que ahora se sitúa entre 750 y 1.500 metros (gráfico de abajo). Y, aunque no hay consenso científico sobre qué ocurría, si el mar de nubes baja, el bosque se toparía con las medianías construidas y correría el riesgo de desaparecer. El escenario menos preocupante, dice, sería que el mar de nubes suba en altitud, «pero si desaparece, el bosque también desaparecería».