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Fachada del Museo de Historia, la parte de la antigua casona familiar de los Verdugo que ahora gestiona el Ayuntamiento por cesión del Cabildo. Arcadio Suárez
De los Verdugo, pero de la familia, no del obispo

De los Verdugo, pero de la familia, no del obispo

Error histórico. Una investigación de Tarajano divulgada por el actual cronista de Agüimes aclara que la casa donde está el museo de Historia no fue Cámara Episcopal ni residencia de verano de los prelados, sino casa familiar de los Verdugo

Gaumet Florido

Agüimes

Domingo, 7 de enero 2024, 01:00

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La casona señorial que hoy alberga el Museo de Historia de Agüimes ni fue sede de la Cámara Episcopal en Agüimes ni tampoco residencia de verano de los obispos de la Diócesis de Canarias. La confusión viene por el hecho circunstancial de que la familia propietaria, la de los Verdugo, tuvo entre sus miembros un mitrado de esta diócesis, Manuel Verdugo, en el cargo entre 1796 y 1816, y que posiblemente pudo alojarse en esa vivienda en sus posibles visitas al pueblo. Como obispo sí queda constancia de que estuvo en Agüimes en 1799.

Una investigación del que fuera cronista oficial de Agüimes, Francisco Tarajano, divulgada recientemente por su sucesor en el cargo, Fernando Romero, desmonta así un error histórico que durante décadas ha formado parte de la memoria colectiva de la villa, que siempre ha vinculado la casona, todo un referente arquitectónico para los agüimenses, con el Obispado de Canarias y, particularmente, con su pasado como señorío episcopal.

Ese error llegó a estar tan arraigado que, como destaca Romero, figura incluso en el texto del decreto mediante el que este singular edificio, situado junto al llamado Parque de los Moros, al pie de la calle principal de Juan Alvarado y Saz, fue declarado por el Gobierno de Canarias Bien de Interés Cultural, con categoría de monumento, en noviembre de 1996. Fue publicado en el Boletín Oficial de Canarias del 23 de diciembre de aquel mismo año de los 90.

Romero rescató esta investigación de su antecesor en el puesto de cronista y lo resumió en un artículo divulgativo publicado en el blog Noticias de Agüimes, que coordina Domingo Martín. El autor hace un repaso detallado del listado de propietarios que tuvo esta casona, mucho tiempo en manos de la familia del que durante siglos fue el único obispo canario que estuvo al frente de esta diócesis, una circunstancia que, por cierto, lo convirtió en un prelado referente, a lo que se sumó su contribución a la financiación de destacadas infraestructuras en la capital de la isla.

Entre ellas sobresale, por su trascendencia popular, uno de los puentes de sillería que durante décadas salvaba el barranco de Guiniguada, entre los barrios de Vegueta y Triana, y al que, en su honor, precisamente, se le puso su nombre.

Escultura obra de Paco Suárez en el llamado Parque de los Moros.
Escultura obra de Paco Suárez en el llamado Parque de los Moros. Arcadio Suárez

A la alimentación de esta leyenda desvelada por Tarajano contribuyó el hecho de que Agüimes, junto con Ingenio, fue durante siglos tierra de señorío episcopal, es decir, que estuvo bajo jurisdicción directa del Obispado de Canarias fruto de los primeros repartos tras la conquista castellana, por lo que no parecía tampoco tan extraño que contara con una sede para la Cámara Episcopal que, a su vez, sirviera de residencia de verano para los obispos, que tenían su casa oficial habitual en la capital.

Según cuenta Romero en su artículo 'La casa de la familia Verdugo, no del obispo Verdugo', esta familia procedía de Arévalo, en la provincia de Ávila, y los primeros de la estirpe que se afincaron en Canarias fueron Cristóbal Verdugo Bermúdez Martínez y María Luisa de la Trinidad de Albiturría Orbea y Salazar, que se casaron en Sevilla en 1673 y que son los bisabuelos maternos del que luego sería Obispo de Canarias.

La casona la construyó el padre del obispo Manuel Verdugo

Pero la conexión con Agüimes no llegaría hasta el propio padre del prelado, Joaquín José Pérez Verdugo de Albiturría, que ya en torno a 1740 se sabe que tenía propiedades en Agüimes y que circulaba por el pueblo para atenderlas. Señala Romero que «entre otros cargos, era coronel de milicias y juez subdelegado de Indias», y que «en 1748 accedió a ser regidor del Cabildo» y desde enero de 1756, «patrono de la capilla mayor del convento de Santo Domingo de Agüimes», por lo que su relación con la villa episcopal «se estrechó aún más». Ese convento, por cierto, ya no existe.

Fue el padre de Manuel Verdugo, que en 1746 se casó con la que a la postre sería la madre del obispo, su prima hermana Micaela María Verdugo de Albiturría, el que se construyó la casa-habitación protagonista de este artículo. Lo hizo, por cierto, en un suelo de Agüimes donado en 1754 por un predecesor de su hijo Manuel, el obispo Valentín Morán, que ejerció como tal entre 1751 y 1761, cuando renunció a su cargo.

Patio de la casona.
Patio de la casona. Arcadio Suárez

Romero apunta que José Joaquín levantó el inmueble, un molino de prensa y otros pertrechos para una fábrica de aceite, donde trataba las aceitunas que traía de una extensa hacienda que llegó a tener también en El Toscón, en Temisas. Luego esta casa la heredó su hijo primogénito, el capitán José Hipólito Verdugo de Albiturría, hermano de Manuel. «Delante de la casona había un solar que servía de amarradero de las bestias de carga para descargar el millo, el trigo o las aceitunas», que coincide con el actual Parque de los Moros.

En 1892 los descendientes de los Verdugo vendieron la casona, cuya propiedad, no obstante, siguió cambiando de manos y hasta de usos, pues una parte, porque el complejo se dividió en dos, sirvió de sede a las Escuelas Graduadas de Niñas desde 1917 hasta 1973. En los 80 del siglo XX esta parte del inmueble la compró el Cabildo, que, a su vez, la cedió al Ayuntamiento para el museo actual. La otra está vinculada a la iglesia, a la entidad Casas de Betania.

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