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Vecinas de la urbanización Albercón del Mirón, en el mismo casco de Arucas. Juan Carlos Alonso
Gran Canaria

«Van a venir cuando las casas nos maten»

Vivienda ·

En el Albercón del Mirón, Arucas, viven «familias pobres», explican las vecinas que se han unido para reclamar ayuda institucional

Martes, 6 de febrero 2024, 22:32

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Hace 40 años se construyeron cinco bloques de viviendas sociales localizadas en el lugar llamado como Albercón del Mirón (conocidas como viviendas de El Matadero).

En aquel momento era el extrarradio de Arucas, pero ahora forma parte del mismo casco. Así pues, las 50 viviendas constituidas por bloques de dos plantas están a un paso de la zona más comercial y transitada del municipio norteño.

Sin embargo, es como entrar en otro mundo. Un grupo de vecinas comanda una particular lucha: que alguien les haga caso.

Gema Ojeda Segura lo explica a la perfección. «Las casas donde vivimos, propiedad del Gobierno de Canarias, se están cayendo abajo. Se asientan sobre terreno de plataneras, no cuentan con cimientos y hay filtraciones de agua sucia. Se sienten crujir las paredes. La estructura está al aire».

Junto a Gema están, entre otras, María del Pino Almeida, Juan Rosa Mateos, Inmaculada Quintana...

«Somos mujeres, en su mayoría viudas y pensionistas. Somos pobres. Pero somos personas. Vivimos con el miedo a morir aquí dentro. Que las casas se nos caigan. ¿Y luego es cuando van a venir? ¿A qué? ¿A dar el pésame cuando estemos muertos todos?», dice Gema y corrobora el resto.

Los edificios se asientan sobre un vano lleno de agua y residuos. Las viviendas se caen a trozos. Juan Carlos Alonso
Imagen principal - Los edificios se asientan sobre un vano lleno de agua y residuos. Las viviendas se caen a trozos.
Imagen secundaria 1 - Los edificios se asientan sobre un vano lleno de agua y residuos. Las viviendas se caen a trozos.
Imagen secundaria 2 - Los edificios se asientan sobre un vano lleno de agua y residuos. Las viviendas se caen a trozos.

El problema de estas viviendas sociales no es nuevo. «Hace unos veinte años ya se dieron cuenta de que las casas se estaban hundiendo e inyectaron durante meses hormigón en la base».

Porque en realidad la cimentación es escasa y el agua lo inunda todo. El olor es nauseabundo, a cloaca; y los mosquitos, las cucarachas y las ratas forman parte del paisaje.

«Aquí es difícil respirar, las enfermedades y los catarros son diarios», señala Gema. La humedad impregna el interior de las viviendas, que se caen a trozos.

«Solo pedimos que nos escuchen, que nos hagan caso. Que miren dónde vivimos y que se hagan responsables. Porque las casas son del Gobierno. Yo pago una mensualidad de 82 euros a 15 años. Otras vecinas pagan 58 euros, según. Y tenemos miedo. Las casas se están cayendo con nosotros dentro».

Del Ayuntamiento de Arucas «no sabemos nada, mira cómo están las zonas comunes, la cancha, los parterres. Antes de las elecciones sacaron 80.000 litros del subsuelo. Nada más».

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