Tres ONG arroparon a los ucranianos y la mujer rusa que quisieron plantaron un pino de La Patagonia por la paz. / C7

Ucrania y Rusia plantan a la guerra

Varias personas de ambos países del Este europeo que están viviendo en Melenara colocaron un árbol en un jardín del barrio para simbolizar la unión entre las dos comunidades

JUAN PÉREZ BENÍTEZ Telde

Cada día queda más claro que la guerra es una creación que solo apoyan unos pocos interesados. Coincide, además, que estos viven alejados de todo el peligro y se suelen esconder detrás de cargos de privilegio. El resto de mortales -la amplia mayoría de ciudadanos- tienen que huir para que no les salpique la barbarie.

El conflicto bélico ha traspasado fronteras alcanzando a Melenara, hasta donde han llegado dos familias ucranianas que se han visto forzadas a protegerse de los bombardeos y los disparos que amenazan sus casas.

Ante la aterradora situación que se vive en el Este de Europa, tres Organizaciones No Gubernamentales teldenses han cooperado para impulsar una iniciativa en la que varios ucranianos y una mujer rusa, que también se hospeda en el barrio, plantaron un árbol para simbolizar la unión entre comunidades y para abogar por la paz.

Latitud Azul, una asociación para la conservación medioambiental subvencionada por el Cabildo de Gran Canaria, fue la que dio alas a esta iniciativa junto al gran apoyo de otras dos agrupaciones de la ciudad; Violencia Cero y Barrios Verdes.

Un árbol singular

El acto se produjo hace unos días en el pequeño jardín que han recuperado los propios vecinos junto a la rotonda del barco. La planta elegida fue una araucaria (Pinopsida araucariaceae), un pino de La Patagonia que se suele utilizar en Canarias para señalar lugares emblemáticos. Se destacan porque cuando crecen son muy altos y resaltan en el paisaje. Además, se colocó en el centro del parque para representar el punto de unión del barrio.

La ceremonia tuvo como protagonistas a la familia de Olha Kondrashova, que fue apadrinada hace algo más de un mes por Beatriz López, Miguel Garzón y sus tres hijos en el barrio costero. También apoyaron la causa otras personas de su misma nacionalidad y una vecina rusa, quien también se hospeda en Melenara desde hace años.

Desde Latitud Azul aseguran que la rusa, quien no ha querido darse a conocer, lleva años en la isla y «ha servido de traductora y hada madrina a los afectados por la guerra desde que pisaron Gran Canaria». Unos gestos que apoyan la idea de que la guerra no es entre ciudadanos ucranianos y rusos, sino entre dirigentes y poderosos que no piensan en el bienestar de sus compatriotas. El acto, con tintes emotivos, lo coronaron Pablo Segura y Alexander Alvarez tocando el himno de la alegría.