La yegua galopó a por su amiga

Besay volvió por carretera y sola hasta su cuadra a reunirse con ‘La bandía’, la cordera que le da serenidad y con la que convive en una finca de El Cubillo, en San Juan

GAUMET FLORIDO | / TELDE

La yegua que este martes corrió al galope y sin jinete por la carretera general de Telde a Jinámar sabía lo que hacía. Besay se asustó y lo que buscaba simplemente era volver a casa, a su cuadra, a juntarse con La bandía, su compañera de habitación y amiga de juegos. Así lo asegura su cuidador y propietario, Victoriano González, casi todavía con el susto en el cuerpo.

Besay tiene 10 años, pero solo hace uno que está con Victoriano. Este animal es un pura sangre inglés que nació y se crió en Gran Canaria, en la que, según su actual propietario, era una de las mejores cuadras de Canarias, la de Gregorio y Antonio El Rasquín, en Aldea Blanca (San Bartolomé de Tirajana). «Es lo más noble del mundo, en el trato con uno y en la cuadra, pero tiene mucho temperamento, de hecho, cuando se le pone la silla de montar y el cabezal, se transforma, no la domina cualquier jinete, por eso se me ocurrió ponerle de compañía a otro animal y eso ha sido mano de santo», explica.

Fue así como la juntaron con una pequeña cordera, con la que convive desde que se destetó. «Es traviesa como ella sola, no para quieta, por eso le pusimos La bandía, pero a Besay la tranquiliza, juegan juntas y se hacen compañía». Mientras habla parece que quisieran demostrar lo que Victoriano dice de ellas. La bandía rodea a Besay dando brincos sin parar y esta le responde con sacudidas de cabeza.

No le gusta el lío mediático que se montó tras el galope solitario de la yegua, ni algunas inexactitudes que trascendieron. Samuel Santana, el joven jinete que la montaba ese día, cuenta en primera persona lo que realmente pasó. «Había salido a pasearla por donde solemos, hacia La Majadilla, cuando de repente nos encontramos con unos perros que nos ladraron y ella se asustó, se puso en dos patas y me tiró», apunta Samuel, que desmiente que fuera por un plástico. No se hizo nada. Solo el susto.

Besay se puso nerviosa y ¿en dónde pensó refugiarse? En su cuadra junto a La bandía. «Yo mismo, en cuanto me enteré de que salió al galope, llamé al empleado para que abriera la cuadra y dejara salir a la cordera, ella seguro que la guiaría a casa». Pero no hizo falta. La yegua regresó al galope. Ella sola. Y usó la carretera general. Atravesó tres cruces y los tres los pasó en la dirección correcta. «Sí fue importante que el coche que iba detrás de ella no la presionara ni le tocara la pita». Fue Besay la que llevó a la Policía Local y al servicio de recogida de animales hasta la cuadra, y no al revés.