Imagen de un grupo de turistas montando en uno de los paseos por las dunas de Maspalomas. / Cober Servicios Audiovisuales

«Sacar a los camellos de aquí me va a costar la vida»

El propietario del negocio que organiza paseos por las dunas para los turistas se queja de la intransigencia de Costas, que tramita desalojarlos

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Maspalomas

El tiempo corre en su contra y se teme lo peor. Francisco Jiménez, socio-propietario de la empresa Caballerizas Maspalomas SL, que organiza paseos en camellos por las dunas de Maspalomas, hace un llamamiento para que la Demarcación de Costas de Canarias reconsidere su decisión de sacar a esta actividad de lo s 3.273 metros cuadrados que hoy ocupa.

El organismo dependiente del Ministerio de Transición Ecológica alega que la actividad está ubicada en suelo de dominio público marítimo-terrestre y que como no tiene título concesional que la autorice, ha de desalojar el lugar, según consta en una resolución que data del 2 de mayo de 2022.

Tendría que sacrificar 150 camellos

«Hay noches que no duermo pensando en cómo lo voy a hacer; estoy haciendo cuentas a ver si seré capaz de asumir el gasto, sacar los camellos de las dunas me va a costar la vida», se lamenta Jiménez. De entrada, le duele siquiera imaginar que tendría que sacrificar a los 150 camellos (en realidad son dromedarios) de su cabaña. Asegura que si no tienen esta función que ahora hacen no podría mantenerlos. Y luego le preocupa el futuro de los 15 trabajadores de la empresa, la mayoría saharauis, a los que tendría también que indemnizar.

Además, Costas le exige el derribo de las instalaciones pese a que, se queja Jiménez, cuando él asumió el negocio, en 1977, ya estaban construidas. Solo para la demolición calcula que el coste superará los 300.000 euros.

Cober

Jiménez organizó este martes una visita a las instalaciones con los medios de comunicación para hacer pública la difícil situación que atraviesa la actividad. No sabe por cuánto tiempo podrán seguir en las dunas, pero reconoce que la presión a la que se ve sometido le está desgastando. «Nos sentimos amenazados».

Los camellos llegaron a Canarias hace 600 años

Para colmo de males, confiesa que tampoco se siente respaldado por las instituciones canarias, y no lo entiende dado que reivindica que los camellos forman parte de la historia de Canarias, a las que, recuerda, llegaron en 1405, hace 600 años, y que durante siglos fueron usados como animales de carga para labores en el campo y hasta para transportar material de obra.

Pasada esa etapa, se reciclaron en el sector turístico. No en vano, dice que han estado ligados a esta industria desde sus orígenes, desde el concurso que se convocó para crear lo que hoy es Maspalomas Costa Canaria, en 1961. Por eso le cuesta creer que se condene a la extinción a un animal que, según recordó también, está considerado ya autóctono de Canarias.

Un proyecto para producir leche de camella

En su intento de darles otra salida informa de que trabaja en un proyecto para producir leche de camella y que busca asociarse con un laboratorio para desarrollar un compuesto con sangre y orina de camella que se está investigando para combatir el cáncer. «Pero si me cierran esto y me descapitalizan, no podré emprender nada», apostilla.

Lamenta la intransigencia de Costas, máxime cuando, según precisa, la orilla del mar está a un kilómetro de donde están los camellos, de ahí que advierta de que defenderá sus derechos hasta donde haga falta.

Por lo pronto, ya presentó un recurso de alzada contra la resolución de Costas en la que le insta al desalojo, último paso posible antes de que se agote la vía administrativa. Después recurrirá a los tribunales. «En Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) dejan que se organicen carreras de caballos en la orilla de la playa y aquí no nos permiten hacer paseos a camello a un kilómetro de distancia del mar».

Costas denegó el traslado de las instalaciones

Jiménez subraya que la actividad, que se encuentra dentro de la Reserva Natural Especial de las Dunas de Maspalomas,no genera «impacto alguno sobre el medio ambiente» y que las rutas, acotadas, no llegan a tres kilómetros. Los camellos no suben ni bajan dunas y los usuarios no pueden bajarse de los animales.

En todo caso, se les desaloja no por estar dentro de la reserva, sino por ocupar suelo de dominio público según la Ley de Costas y hacerlo, además, sin título habilitante. La empresa pidió trasladar las instalaciones unos 200 metros más hacia el interior, pero dentro también del dominio público, pero Costas se lo denegó en 2021 porque ese uso no está contemplado en un suelo de esas características.