Coro. Está justo detrás del altar mayor. / C7

La Virgen del Pino saca a la luz su patrimonio

Arte sacro. El museo abierto en la iglesia de la patrona de la isla en Teror alberga piezas de singular valor, pero brinda también una ocasión única para conocer una parte del templo poco conocida

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Teror

¿Sabe que en Teror se conserva una cruz hecha con la madera de tea del pino en el que, según la leyenda, se apareció la patrona de Gran Canaria? ¿Le han contado que antes la talla de la Virgen del Pino no bajaba de su altar mayor en una ceremonia religiosa pública, sino que lo hacía a puerta cerrada, atravesando una trampilla ayudada por poleas? ¿Y el coro, ese que suele ver en las catedrales? ¿Sabe que la basílica mariana tiene uno justo detrás del altar mayor? Las respuestas las tiene en el recién estrenado museo de arte sacro de la iglesia de la Virgen del Pino, cuya visita supone una inmersión didáctica, resumida y bien trabajada por el rico patrimonio histórico y artístico atesorado por este templo desde el siglo XVI hasta el presente. Abre de martes a sábado, de 10.00 a 15.00 horas, y la entrada solo vale 2 euros.

Iván Arencibia, reconocido conservador-restaurador grancanario de bienes culturales que colabora con esta parroquia, asesoró en el diseño del relato museístico que se traza en sus siete salas y en la conservación de las piezas que se exponen, y él siempre cuenta que en este recinto no solo tiene interés lo que se muestra, sino dónde se muestra. «Quienes vengan disfrutarán de una parte del templo que durante años no era accesible para el público en general».

Por ejemplo, entre otras dependencias, menciona la propia sacristía, donde se conserva y se usa un mueble muy antiguo y de grandes dimensiones hecho a medida (se expone también otro que debió pertenecer a la iglesia anterior a la actual o, incluso, a la primera que tuvo Teror); el singular aguamanil arquitectónico de la sala justo anterior a la de la sacristía, a la entrada del museo, donde el cura se lavaba las manos antes de la misa y que está confeccionado en tres piedras de la isla, de tres colores distintos (de Arucas, de Teror y de Gáldar); la majestuosa escalera de caracol, obra de Diego Nicolás Eduardo, con la que se accede a la planta superior; o el coro, situado justo detrás del altar mayor, con su facistol cuádruple y giratorio incluido, donde se colocaban los cantorales. No en vano, justo frente a este lugar donde se reunían los religiosos para cantar las horas canónicas y celebrar los divinos oficios se expone un cantoral de gran formato, muy antiguo, dedicado a la Virgen del Pino, cuyas hojas, añade este experto, no son de papel, sino de pergamino de piel de cerdo tratado.

En la foto superior, soporte o base del siglo XVII que se usaba para sujetar a la Virgen al vestirla con sus ropajes. Abajo, cruz hecha con madera de tea del pino en el que, según la tradición, apareció la patrona, árbol que cayó en 1684. Al lado, singular aguamanil de piedra en la entrada del museo. / C7

Igualmente valiosos, señala Arencibia, que insiste en esta idea de destacar el edificio en sí y su mobiliario, son los trabajos en madera de los armarios, puertas y ventanas que se pueden contemplar en las distintas dependencias. Entre los más destacados, los que se hallan en los accesos al camarín de la Virgen, una obra maestra, pura filigrana. O curiosidades históricas, como la trampilla, también de madera y con forma elíptica, que antaño se usaba para bajar la talla de la patrona desde su lugar, a media altura del altar mayor, a la planta baja, cuando se hacía entre bambalinas, sin fieles ni público, a puerta cerrada.

A Arencibia le gusta aprovechar, además, las visitas guiadas que ha dirigido por el museo para invitar a los presentes a descubrir perspectivas únicas del templo, antes inaccesibles, como la que se ofrece desde el propio camarín, desde donde se observa una panorámica, en alto, de las tres naves de la iglesia; la que se logra desde la sala de los tejidos, que permite una visión lateral, desde detrás de uno de los balcones que se abren al presbiterio; o la sensación que procura situarse en el coro y saber que justo tras la pared está el extraordinario retablo rococó del altar mayor, de ahí que el guía recuerde siempre a los visitantes que deben bajar la voz. Sus palabras pueden sentirse en el otro lado del templo. Por cierto, justo aquí, en ese paramento que separa ambas partes del edificio, se conserva el único legado que queda de la superficie policromada que cubría las paredes, con telas encoladas, tanto del camarín como del coro. En este caso, el dibujo semeja una especie de mesa de altar.

Pero sí valioso es el continente, lo es tanto o más el contenido. Aparte de la pieza cumbre, la propia talla de la Virgen, del primer tercio del siglo XVI, lo que la convierte en una de las imágenes más antiguas de Canarias, Arencibia pone el acento, por ejemplo, en el patrimonio de vestidos y mantos de la Virgen o casullas y dalmáticas que guarda esta parroquia, a los que se dedica una sala específica, equipada con un sensor lumínico para que solo se encienda la luz, que daña los tejidos, cuando accede el visitante. «Estas piezas se irán variando cada tres o cuatro meses, para darle dinamismo y para reducir también su exposición a la luz». Basta observar algunos de los expuestos para advertir cuánto les afecta. Han colocado varios mantos y vestidos antiguos junto a las copias que de ellos se hicieron más recientes y la diferencia en la intensidad del color salta a la vista.

Otras piezas de especial singularidad, apunta este experto, son la cruz hecha con la tea del propio pino en el que apareció la Virgen, árbol que derribó un vendaval en 1684; otra cruz, verde, que hasta los años 20 del siglo XX estuvo en el lugar donde estaba ese ejemplar sagrado de conífera; el soporte o base, probablemente del siglo XVII, que se usó para sujetar a la Virgen cuando se la viste con los ropajes que suele lucir; los exvotos de plata que los fieles entregaban a la patrona para pedir protección (la mayoría representan las partes del cuerpo para las que le pedían curación, pero también los hay con forma de animales, como vacas); la silla de manos hecha en Sevilla y que llegó a la isla en 1752; las antiguas agujas del reloj de la iglesia; numerosas piezas de plata y doradas; un Crucificado relicario de 1740 que vino de Venezuela y donó un canónico de Tenerife; un tenebrario en madera copia del de la Catedral; un Niño Infante del siglo XVIII, donado por un particular; una casulla del obispo Padre Cueto; o varias imágenes de la sala de los tronos de Semana Santa, donde destacan dos obras de Luján, la Dolorosa y el San Juan, y un Nazareno muy antiguo sin autoría conocida. Además, lucen hábitos antiguos ya estropeados que no se podían usar pero que tienen su lugar en el museo.

Hoy domingo, la Bajada

La Virgen baja hoy domingo del altar. La ceremonia tendrá lugar después de la misa de las 19.00. Hay aforo limitado. Las entradas se venden en tureservaonline.es. A las 21.00, concierto de Los Gofiones con Caco Senante, Estíbaliz Uranga y Lucrecia. Entradas gratuitas en tureservaonline.es.