Per Pettersen, ante la escalera que le separa del resto del mundo. / Cober

Per Pettersen, a sesenta escalones del resto del mundo

Largas y altas escaleras conectan una urbanización de Arguineguín con su centro urbano, pero para este noruego y otras personas con movilidad reducida son más bien un muro infranqueable. Piden al menos una rampa

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Mogán

Le encanta Gran Canaria y, particularmente Mogán y su clima. Esa es la clave. Lleva 20 años viniendo. Si no, se lo pensaría dos veces. Per Pettersen sufre una e nfermedad que le limita la movilidad y las semanas que este noruego pasa cada año en la isla se lo recuerdan más de lo que quisiera.

Compró una casa en la urbanización Loma 2 (o Lomadós, como aparece recogido en informes municipales), en Arguineguín, que está situada en un altozano o lomo con tan buenas vistas como barreras arquitectónicas.

Altísimas escaleras como lenguas de hormigón son la conexión peatonal más rápida para sus moradores, excepto para Pettersen y para otras personas con discapacidad como él. Para ellos es lo más parecido a un muro. Y sus escalones, a los barrotes de una inmensa jaula.

«Es muy duro verme así, limitado»

«Es muy duro verme así, limitado; si quiero bajar al pueblo, porque aquí no hay nada, ni para comprarme un pan, tengo que recorrer más de dos kilómetros». Y eso que Pettersen circula en una especie de moto eléctrica para personas con discapacidad, pero ni siquiera ese auxilio móvil y motorizado le libra de la sensación de sentir que pasa sus días de descanso en Gran Canaria en un entorno inaccesible que le discrimina por su enfermedad.

Per Pettersen, en lo alto de la escalera. Es su barrera con el resto del mundo. / cober

«A los que tenemos una movilidad reducida nos queda todo más lejos». Además, se queja de otro inconveniente. No solo no puede usar los atajos peatonales, las escaleras, sino que las baldosas que componen el pavimento de las aceras le dificultan el tránsito en su pequeño vehículo, sacudido por las vibraciones, y se ve obligado a usar la calzada, con evidente riesgo para su seguridad.

Solo pide al menos una rampa

Solo pide al Ayuntamiento de Mogán que dote a la urbanización de al menos una rampa de conexión con la parte baja de Arguineguín. Hace un par de años la solicitó para la escalera más próxima a su casa, pero un informe técnico municipal la consideró inviable por su elevado coste, porque obligaría a ocupar suelo privado que habría que expropiar y por la magnitud de su prolongación.

Por eso plantea esa misma opción por otra escalera algo más lejana. Esa distancia es un mal menor frente a sus actuales 60 escalones, un obstáculo para él insalvable. Y también una pequeña tortura para muchas personas mayores, que bajan y suben a tientas y con la lengua afuera.

Escaleras como la de la imagen conectan la urbanización con la parte baja de Arguineguín. / cober

A raíz de aquella solicitud denegada de Pettersen, una iniciativa vecinal en su apoyo y de otros como él llevó este asunto ante la Diputación del Común y un arquitecto llegó a trazar hasta seis propuestas de rampas por otros puntos con menos desnivel.

Y el Ayuntamiento, según consta en un informe municipal, se comprometió a garantizar el acceso a este entorno urbano en el marco de un expediente de modificación menor del Plan Parcial de Lomadós, «así como el planteamiento de resolver mediante rampas los itinerarios personales existentes».

Desde entonces los vecinos no han vuelto a saber nada y no parece tampoco que vean atendidas sus peticiones. El edil de Obras, Ernesto Hernández, advierte de que los técnicos municipales, estudiada la zona, no ven posible ejecutar las rampas por tener que usar suelo privado y porque sostienen que tienen la accesibilidad resuelta por las aceras sin barreras junto a las vías.