Los agentes del Cabildo Juan Carlos Santana, con Tufia (izquierda), y Jesús Navarro, con Tirma. / Arcadio Suárez

El olfato de las perras Tufia y Tirma desenvenena Gran Canaria

Inteligentes e hiperactivas, dos pastoras belgas malinois limpian el medio rural de los venenos que todavía se emplean contra la fauna

Jesús Quesada
JESÚS QUESADA Las Palmas de Gran Canaria

Dos pastoras belgas malinois, Tufia y Tirma, son las encargadas desde el año 2016 de detectar los venenos que todavía se emplean en el medio rural de la isla para matar a animales molestos para quienes recurren a este método indiscriminado, ilegal y que constituye un delito.

Hiperactivas, ágiles, obedientes, fuertes, rápidas y con un olfato privilegiado, recorren los montes, siempre de una en una, junto los agentes de Medio Ambiente Juan Carlos Santana y Jesús Navarro, y allá donde detectan un cebo con veneno o un animal envenenado se detienen y ladran para que sus cuidadores se acerquen a retirar la trampa mortal o el cadáver.

Tufia y Tirma detectan más de seis sustancias prohibidas (fitosanitarios, raticidas, insecticidas...), ya estén mezcladas con millo para matar palomas, con carne para eliminar perros o con sardinas para asesinar gatos, entre otros ejemplos posibles, y jamás comen nada que se encuentre en el suelo o que les ofrezca un tercero.

Tufia y Tirma, de izquierda a derecha, con sus respectivos cuidadores y entre pinares. / Arcadio suárez

El premio por su trabajo es un mordedor o una pelota, juguetes con los que vuelven a ser cachorros felices. Fueron seleccionadas y sometidas a un entrenamiento básico por La Sombra del Cervero y sus cuidadores se formaron en adiestramiento y siguen practicando con ellas la obediencia básica, el rechazo a alimentos y la detección de cebos y de cadáveres.

De pelo corto, que mudan con frecuencia, y entre 22 y 24 kilos de peso, Tufia y Tirma miden 50 centímetros en la cruz y un metro de largo y son literalmente incansables (es la raza de perro más abandonada debido a su hiperactividad). Sus cuidadores reconocen que resultan agotadoras y al mismo tiempo adorables por la afectividad que acompaña al binomio guía-perro.

Memoria olfativa

Cuando trabajan en la naturaleza lo hacen en contra del viento, trazando círculos y zigzags a la velocidad de un Ferrari hasta que su olfato detecta algún veneno o cadáver envenenado, lo que logran a 50 metros de distancia del objeto. Tal es su memoria olfativa que encuentran ese rastro días después de retirarse del lugar. Tal es su intensidad que ejercen su trabajo durante 15 o 20 minutos y luego descansan para evitarles golpes de calor.

Tufia buscando cebos envenenados o animales muertos por este motivo en una zona rural. / Arcadio suárez

Un perro tiene 150 millones de células olfativas, frente a los 5 del humano, y detecta olores a concentraciones casi 100 millones inferiores.

Santana y Navarro visitan regularmente con ellas las zonas en que más casos se registran y acuden allá donde son requeridos. El mayor punto de envenenamiento histórico eran las cumbres, explican, pero ahora se producen más en la corona forestal, partes altas del suroeste y medianías y no siempre vinculados a la agricultura, la ganadería y la cinegética. También hay casos de malas relaciones de vecindad y de presencia molesta de animales sueltos.

Donde hallan venenos y cadáveres cogen pruebas e investigan en busca del autor del delito. Si dan con esa persona elevan denuncia a Fiscalía y si el caso es grave lo ponen en su conocimiento aunque no la identifiquen.

El adiestramiento y la obediencia de las perras que desenvenenan la isla es notable. / Arcadio suárez

Actualmente la principal sustancia activa usada en la isla para envenenamiento de fauna es el aldicarb, fitosanitario cuya comercialización y utilización se prohibió en 2007 y que muchas personas siguen guardando. En las intoxicaciones (accidente o negligencia en el uso de sustancia tóxicas) preocupa la bioacumulación que se constata en la avifauna silvestre, tanto rapaces diurnas (aguilillas y cernícalos) como nocturnas (buhos y lechuzas), sobre todo por el uso no selectivo e incontrolado de rodenticidas anticoagulantes, utilizados en el control de roedores.

Aerogeneradores y cables

Aunque la detección de venenos es su principal actividad, Tufia y Tirma también visitan regularmente, de oficio, los parques eólicos terrestres en busca de los restos de las aves que chocan con las aspas de los aerogeneradores, así como las líneas eléctricas en los que se producen más muertes por electrocución.