Última parada, objetos perdidos

Durante el curso mucho material escolar se olvida en las líneas de Guaguas Municipales. Al llegar el verano, lo que se extravían son sombrillas y neveras de playa. Las llaves, los móviles y las gafas aparecen todo el año, pero al departamento de objetos perdidos de la compañía también llegan curiosidades como dentaduras postizas o una caja con 3.000 euros.

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ

Un carrito de bebé lleva casi un mes esperando a que su dueña acuda a recogerlo al departamento de objetos perdidos que Guaguas Municipales tiene en sus instalaciones del Sebadal. «Al día siguiente de encontrarlo su propietaria llamó y se le informó de que estaba aquí, pero no ha venido a retirarlo», explica Iván Trujillo, una de las tres personas que presta este servicio en la compañía municipal.

Cuenta, como anécdota, que en una ocasión fue el niño y no el carrito el que se perdió. «Antes del cambio de la red teníamos las líneas 0A y 0B, que eran circulares», explica, y en el parque de Santa Catalina un abuelo extravió a su nieto, que se subió a uno de estos vehículos en un despiste. Sin embargo, la historia tuvo un final feliz porque el chófer de la línea fue alertado de la incidencia y, tras cubrir su itinerario, regresó al punto de partida con el pequeño sano y salvo, para regocijo de su familiar.

Apunta que los objetos que con más frecuencia se dejan olvidados los usuarios son carteras, llaves y gafas, tanto de vista como de sol, que aparecen «todo el año». Pero también mochilas, prendas de ropa, paraguas en tiempo de lluvia y todo tipo de documentos, incluidos carnés de identidad y títulos de viaje que utilizan en sus trayectos.

Pero asegura que según las épocas del año encuentran unos artículos u otros. Así, durante el curso escolar son mochilas o papeles y «ahora que llega el verano empezaremos a recoger sombrillas y neveras de la playa». Añade que el carnaval es un periodo en el que los viajeros pierden muchos artículos.

Añade que en ocasiones los objetos localizados son algo más singulares. «Hemos encontrado dentaduras postizas y sonotones y hasta una vez apareció un vibrador, pero pensamos que fue una broma», dice entre risas.

También efectos de valor, como portátiles. Y relata el caso concreto de un extranjero que se dejó en la guagua hace unos meses una mochila que portaba en su interior varios dispositivos de la marca Apple. «Aquella mochila valía 6.000 o 7.000 euros, por lo bajo. Pero la recuperó», explica.

Recuerda otro caso, «hace un año y medio», en el que «nos apareció una caja de cartón, como de zapatos, con unos 3.000 euros dentro».

Añade que normalmente las cosas que se extravían son localizadas por otros viajeros que se percatan y las entregan al chófer. Luego éste lo hacer llegar al jefe de zona que, a su vez, lo remite al departamento que tiene la compañía. Sin embargo, muchas veces el proceso se simplifica.

Así, en el caso de las líneas de barrios la intervención de los conductores es determinante, «porque conocen a los vecinos y se los hacen llegar», comenta Estrella Afonso, otra de las componentes del departamento de objetos perdidos de la compañía. También los jefes de zona entregan parte de las cosas olvidadas.

Si los objetos no reclamados llevan algún tipo de identificación o documento identificativo, se trata de localizar a su propietario. En caso contrario, se remite a la Policía Local, que cuenta con un departamento de objetos perdidos muy eficiente, aseguran su colegas de Guaguas.

Aquellos efectos que nunca son solicitados por sus dueños, la compañía municipal de transporte los hace llegar a Cáritas.