Mary Carmen siente que la Virgen y su madre, que ya no está, siempre la acompañan y velan por ella. / COBER

Tres décadas mimando una devoción

Mary Carmen Pérez Bonilla cumple 30 años como camarera de la Virgen del Carmen en La Isleta, una labor «que me sigue emocionando»

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ Las Palmas de Gran Canaria

En 1991 la parroquia del Carmen en La Isleta vivió un momento convulso que se saldó con la marcha de las personas que se venían encargando de las tareas de preparar a la Virgen para sus salidas procesionales y controlaban sus pertenencias. Esa transición no fue sencilla, como explica Mary Carmen Pérez Bonilla, que ese año recibió el encargo más complejo al que hasta entonces había hecho frente en la parroquia a la que está vinculada desde la niñez, pues «mi madre era sacristana», el de ser camarera de la imagen que le hizo el entonces párroco de Benartemi, Juan Marrero Hernández.

«Él fue el que me nombró», dice sobre el cura que depositó en ella una confianza que los que vinieron después mantuvieron, lo que le ha permitido cumplir estas tres décadas con una labor que resume en «cuidar sus pertenencias y tenerla atendida todo el año».

Apunta que ese primer año fue muy complejo, porque la salida de unas personas que, entiende, «se quisieron hacer con la iglesia», fue difícil y la Virgen se quedó «con el traje y el manto más viejitos» de los que tenía, pues «se llevaron mantos, coronas, trono y todas las joyas» que eran ofrendas de sus fieles. Por eso la parroquia ya no las acepta y pide que mejor se donen alimentos.

Arriba, con los trajes de la Virgen del Carmen. Abajo a la izquierda, muestra el vestido más antiguo del niño. A la dereecha, en su estreno como camarera de la imagen en 1991. / Cober

Pero las dificultades no están hechas para quienes se mueven por devoción, por eso explica que «las catequistas y otras compañeras le trajimos una gargantilla, anillos, mi tía me dio un cordón y mi madre le compró un medallón. Y ya el siguiente año, entre todas, compramos el traje».

Con esos elementos Mary Carmen preparó a la Virgen con mucha voluntad y nervios, pues no tenía experiencia, ya que solo había ayudado a sus predecesores.

Añade que a nte la falta de trono también se buscó una solución de la mano de una préstamo de la parroquia de Santo Domingo. «Y no la dejamos de sacar», indica.

Comenta que fue todo un reto vestirla por primera vez. «Me guié por mi intuición», reconoce. Y explica que ya al año siguiente se sumaron Mingo Nieves, «que es el vestidor», y Juansi Rodríguez, «que se encarga de la ornamentación», con los que desde entonces forma equipo para desarrollar un trabajo que ella supervisa pero en el que también «me ayudan dos compañeras, Mary y Rosmary». Además, «los costaleros colaboran mucho».

Dice que ahora la Virgen del Carmen tiene varios mantos «que ha comprado la iglesia con la ayuda del pueblo», además de trajes de donaciones hechas tanto a ella como al niño por devotos, el último este año.

Afirma que no le resulta sencillo destacar un hecho de estas tres décadas de camarera de la imagen pues todos los años tienen algo especial. Pero señala como un día «muy emocionante» el de la procesión del centenario de la llegada de la Virgen al barrio, que se celebró en 2013.

Otro que tampoco olvida, pero «porque no me gustó nada», fue cuando en 2016 se decidió pasar la procesión marítima, que se celebra el domingo siguiente al 16 de julio, al mediodía en lugar de mantener su tradicional horario de tarde. Un cambio que tampoco gustó a los fieles y se descartó.

Confiesa que este mes de julio es una locura por las fiestas y que su tarea la sigue «emocionando» aunque pasa «muchos nervios», sobre todo cuando se viste la imagen para su salida en el día de su festividad. Pero su momento preferido es cuando se baja del trono la imagen, una vez acaban los festejos tras la procesión terrestre, y se queda a solas con ella para desvestirla y prepararla para su regreso al camarín. «Ahí es cuando le rezo y le hablo y estoy pendiente de que está bien», dice al recordar que hace unos años la imagen se sometió a un tratamiento antipolillas, una de las tres intervenciones de restauración de las que ha sido testigo.

Pero Mary Carmen afirma que l a labor más importante que desarrolla en la parroquia es la de voluntaria de Cáritas. «La Virgen y su hijo han guiado mis pasos para esto», dice convencida.