«No pedimos dinero, solo el transporte»

La Unión de Jubilados y Pensionistas de UGT en la ciudad reclama ayuda para transportar los alimentos que le entrega Cruz Roja cada trimestre procedentes de Europa, para continuar con el reparto que realizan en su sede de Primero de Mayo entre las casi 2.000 personas que atienden, unas 1.200 más que antes de la pandemia.

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ

Cada martes y jueves la sede de la Unión de Jubilados y Pensionistas de UGT de Las Palmas, en Primero de Mayo, reparte alimentos entre las familias que tienen inscritas y también entre aquellas que no han podido acreditar su situación de vulnerabilidad pero carecen de lo básico. «Vienen desesperaditos y no se les puede decir que no», señala Pedro Calero, uno de los voluntarios que atiende la entrega de estos productos básicos y que asegura que las solicitudes de ayuda se han incrementado de forma notable. «Lo que ha subido no tiene nombre», expone.

Lucy colabora con la organización desde hace tres años y también es testigo directo del modo en que la pandemia se ha cebado con los más vulnerables. Así, cuenta que en principio repartían alimentos entre familias de toda la ciudad, pero llegó un momento en que la situación de los barrios cercanos se volvió más complicada y se limitaron a atender «al distrito Centro». Ahora la Covid-19 ha cambiado todo y por eso echan una mano no solo a personas de otros núcleos de la capital, sino incluso de fuera de ella. «Vienen de La Isleta, de Marzagán y hasta de Vecindario», explica mientras supervisa la entrega de comida entre la fila de entre 20 y 25 personas que citan dos veces en semana para el reparto mensual.

Juan Samper, que está al frente de la organización de esta tarea desde noviembre de 2019 -y que va a continuar hasta que en diciembre se celebre el congreso para elegir a la nueva junta directiva de la UPS, previsto para marzo y suspendido por la crisis sanitaria- comenta que los productos que distribuyen proceden de la donación reciben del Banco de Alimentos una vez al mes y de la UE, en la entrega que cada tres meses les hace Cruz Roja. Apunta que para llevar desde Mercalaspalmas hasta su sede los casi 7.000 kilos de productos del Banco de Alimentos ellos mismos costean el transporte. «Ponemos 10 euros cada uno hasta completar los 70 que nos cuesta el camión», indica.

Sin embargo, confiesa que no pueden costear el traslado de los 17.000 kilos que llegan de Europa cada trimestre desde la nave de Cruz Roja, en Las Torres.

«No puedo usar el dinero de los jubilados para esto porque Madrid ya me ha tirado de las orejas», dice. Tampoco puede pedir más a la docena de voluntarios que ya de manera desinteresada dan su tiempo.

Por eso se ha movido para pedir ayuda tanto a «Gustavo Santana, para que hable con Noemí Santana», como «a Carmen Luz Vargas y a la consejera del Cabildo».

«No queremos dejar el reparto, pero que no nos cueste dinero», indica Samper. Por eso insiste en que «no pedimos dinero, solo el transporte». Y llama a las instituciones a dar un paso la frente e incluso les brinda una idea: «que destinen el dinero de las fiestas que no se van a celebrar y que ya está presupuestado al transporte de alimentos». Recuerda que «este problema lo tenemos todas las asociaciones».