Teresa Rodríguez en su casa de la capital grancanaria. / COBER

«Un millón de gracias a esa persona»

Casablanca III. Teresa Rodríguez vuelve a tener luz en su casa gracias a la solidaridad de una persona que sin conocerla la ha ayudado a pagar los recibos que debía

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ

Ahí donde no llegan las instituciones lo hace la ciudadanía, que aún en una época de pandemia como la actual, en la que los recursos no sobran, es capaz de ponerse en los zapatos de quienes lanzan una llamada de auxilio al o ver una salida posible a la situación límite que atraviesan y le ofrece su solidaridad.

Prueba de ello es la respuesta que ha tenido la denuncia que hacía el 22 de abril en las páginas de este periódico Teresa Rodríguez, referida al problema de falta de suministro eléctrico que afrontaba desde el martes anterior por una deuda de 260 euros de recibos atrasados de los años 2017, 2018 y 2019 que decía desconocer.

Esta vecina del barrio capitalino de Casablanca III exponía entonces su imposibilidad de abonar una deuda que suponía un nuevo escollo a la ya complicada situación económica que atraviesa. Y mostraba su desesperación pues a su falta de recursos se sumaba la circunstancia de que se le había echado a perder toda la comida que tenía en la nevera para su hijo, un chico con un 94% de discapacidad reconocida que acude al CAMP San José de Las Longueras al centro de día y por las tardes regresa a su casa.

La situación límite que planteaba Teresa hizo que varias personas de Gran Canaria y Tenerife e incluso una organización sin ánimo de lucro también de la isla vecina se interesaran por su caso y se ofrecieran a prestarle algún tipo de ayuda, tanto económica como de apoyo.

Finalmente fue la aportación solidaria de una de esas personas, que se puso en la piel de quien no tenía los medios para saldar su deuda, la que ha permitido que Teresa y su hijo vuelvan a contar con electricidad en su hogar de la urbanización Mestisay, después de cinco días que la afectada reconoce que han sido un sinvivir.

«Un millón de gracias a la persona que me pagó la luz». Con estas palabras expresaba ayer su agradecimiento a alguien que no conoce, pero que la ha sacado de una situación muy complicada.

«Estoy más que agradecida», insistía una Teresa mucho más tranquila tras poder volver a tener el suministro que permite mantener los alimentos y «bañar a mi hijo, porque mi termo va con electricidad».

Además, comentaba que «Cáritas me dio una pequeña compra», que si bien reconoce no es suficiente sí que es un respiro ante la falta de alimentos que había en su hogar.

«Agradezco todo lo que hacen por mí, sobre todo mi vecina que es como mi madre», expresaba quien se define como una «madre coraje», pues asegura que todo su empeño se centra en lograr el bienestar de su hijo.

«Estoy mucho mejor», añadía ya que esta ayuda desinteresada le ha dado algo de aliento. «Yo sé que poco a poco van saliendo las cosas», apunta. Pero reconoce que lo ha pasado tan mal que tuvo que acudir al médico «porque tenía ansiedad».

Sin embargo los problemas de esta vecina de la capital grancanaria no acaban aquí, pues mantiene una deuda con Visocan por recibos atrasados de alquiler y comunidad de la vivienda que habita desde hace más de 20 años.

«El apuro mío es la casa», asegura. Pero confiesa que no tiene medios para solventar esta situación, ya que no percibe más que la paga de su hijo. «No me han dado las ayudas que he pedido y no sé cómo voy salir adelante», dice sobre la solicitud del ingreso mínimo vital que ha tramitado. Un asunto que se ha remitido al Defensor del Pueblo gracias a la mediación del Diputado del Común.

Además, Teresa sigue tratando de recuperar el respiro familiar que tuvo entre octubre de 2020 y el 5 de abril de este año y se permita a su hijo permanecer en régimen interno en Las Longueras. Dice que «él quiere estar en el centro» y ella cree que estaría mejor atendido que en casa por su precaria economía.