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Imagen de archivo de José Miguel Alzola. C7
José Miguel Alzola. Diez años de ausencia
Opinión

José Miguel Alzola. Diez años de ausencia

«Han pasado diez años. Pero estos esfuerzos y frutos de la actividad de José Miguel Alzola perduran hoy día para disfrute de las actuales y futuras generaciones»

Juan Antonio Martínez de La Fe

Domingo, 5 de mayo 2024, 22:00

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El día 7 de mayo de 2014, los medios de comunicación amanecían con una triste noticia: ayer murió José Miguel Alzola. Noticia que venía acompañada de elogiosos obituarios, como correspondía a la calidad del difunto.

A lo largo de su vida desempeñó diversos cargos que le granjearon el reconocimiento general por lo acertado de su dirección, a los que unía una riquísima vida interior, una asombrosa erudición y una fabulosa capacidad de exponer los resultados de sus varias tareas investigadoras.

Fue su primer trabajo retribuido la dirección del Reformatorio de Menores. Ubicado fuera de la ciudad en la tercera década del pasado siglo, era lugar de castigo para muchos jóvenes que, acuciados por muchas deficiencias sociales, caían en la delincuencia. Sometidos a castigos corporales y sobreviviendo con una muy escasa dotación para su sustento, difícilmente podrían volver a la sociedad como miembros honorables de ella.

José Miguel Alzola se preocupó, desde el primer momento, por mejorar las condiciones de aquellos jóvenes internos. En su etapa de director, se produjo el traslado de las instalaciones del reformatorio a un nuevo edificio próximo a la playa de Las Canteras, lo que propició que, junto a las enseñanzas que recibía, pudieran disfrutar de los beneficios del ejercicio al aire libre y los baños en el mar.

Especial interés mostró Alzola en procurar que los chicos recibieran una adecuada formación profesional en distintos ámbitos, haciendo las correspondientes prácticas en empresas de la zona gracias a la colaboración de los empresarios, que admitían en sus talleres a los aprendices. En ocasiones, este aprendizaje llevaba aparejada una pequeña retribución, que era ingresada en las cartillas de ahorro de los titulares, abiertas en la Caja de Ahorros.

Fue, también, José Miguel Alzola, delegado provincial de Bellas Artes, cargo que desempeñó desinteresadamente más de una década, desde su nombramiento en septiembre de 1969, movido tanto por su deseo de conservar y proteger el patrimonio cultural de la provincia de Las Palmas como por su afán de darlo a conocer, no solo a los que habitamos estas islas sino, también, a quienes nos visitan.

Extenso es el inventario de las acciones llevadas a cabo a iniciativa suya. Entre ellas destacan la recuperación y conservación de la Cueva Pintada de Gáldar; el adecentamiento y adecuación del acceso al Cenobio de Valerón y la restauración de la muy deteriorada imagen de la Virgen del Pino de Teror.

Llevó a cabo también la restauración de imágenes y esculturas, así como de pinturas, especialmente las de la catedral. De este primer templo de la Diócesis de Canarias, se preocupó particularmente por la recuperación de su coro, desmontado para dar mayor cabida a la nutrida feligresía que acudía a la celebraciones litúrgicas; a propuesta suya, las distintas partes de este coro se colocaron como cerramiento de los jardines del palacio episcopal, en la calle Obispo Codina, pudiendo ser vistas hoy día por cuantos transitan por esta vía de nuestra ciudad.

Promovió y documentó la declaración de monumentos históricos de muchas obras de nuestro patrimonio arquitectónico, como la ermita de Las Nieves, en Agaete, la Casa de los Coroneles en Fuerteventura o el casco antiguo de Teguise, en Lanzarote, por citar unos ejemplos del amplio listado de los frutos de su actividad.

El nombre de José Miguel Alzola va estrechamente unido al de El Museo Canario, institución a la que perteneció desde su temprana juventud, ocupando los diferentes cargos directivos de su Junta de Gobierno hasta la culminar en la presidencia que ostentó durante largos años.

Con independencia de las múltiples y variadas actividades que se llevaron a cabo en la centenaria institución, fue constante su dedicación a la mejora de las instalaciones, tanto las propiamente museísticas como las correspondientes al veterano edificio que las albergaba; y constituyó un eje de su tenaz empeño la búsqueda de unas nuevas y modernas instalaciones acordes con la importancia en todos los ámbitos de El Museo Canario.

Han pasado diez años. Pero estos esfuerzos y frutos de la actividad de José Miguel Alzola perduran hoy día para disfrute de las actuales y futuras generaciones.

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