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josé Antonio Samper y Clara Eugenia Hernández, en 2011, en la lectura del pregón de las fiestas de la capital grancanaria. c7
A José Antonio Samper, luz de tantos caminos
IN MEMORIAM

A José Antonio Samper, luz de tantos caminos

Aquí seguimos y seguiremos, honrando tu memoria y creyendo en la palabra y en las palabras. Aprendiendo todos los días para poder seguir enseñando

JOSÉ YERAY RODRÍGUEZ QUINTANA PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Y ACADÉMICO DE NÚMERO DE LA ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 26 de diciembre 2020

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Mi padre también se llamaba José Antonio y como tú también se fue muy pronto. Porque siempre es pronto. Y hace unos días volvió a ser pronto. Sabíamos que la vida te había puesto en jaque pero que le habías plantado cara con el convencimiento sereno y firme con el que siempre viviste, con el que ibas ganando una partida que al final perdimos todos, José Antonio. Y cuántos somos todos. Muchísimos. Hasta el teléfono parece saber cuándo trae malas noticias, caramba. Y hace un par de domingos llegó la que nunca queremos oír. Tocaba decirte adiós, para más desdicha, en este tiempo de mascarillas y distancias que hace durísima una despedida sin abrazos y que nos condena a buscar con nuestros ojos tristes otros que lo están más todavía, como los de Clara, los de Marta, los de Emma. Nos asombró la emocionada resignación de los tuyos, contagiados sin duda por tu amor sereno, tu espíritu noble y tu inacabable ternura. No podía ser de otra manera. Era tu forma de hacerte presente. Allí estabas.

Clara y tú crearon una familia hermosa, sustentada por el amor inmenso, el pilar que nos sostiene siempre, prolongada en tus dos hijas, continuadoras de la luz de ustedes y coronada por los nietos que hicieron que te creciera todavía más el corazón. Pero de esa familia quisieron que formáramos parte muchos que no les damos parentesco, que sentimos la sencilla pero enorme admiración por quienes, como ustedes, asumen la filología con la rigurosa pasión que sigue siendo ejemplo y camino. Yo acabé sucumbiendo a la literatura, que fue la que me hizo filólogo, pero muchos colegas, guiados por tu sabia mano, hicieron y hacen que tus huellas pisen veredas más anchas y siguen tus pasos con el convencimiento de que ese es el rumbo y hace unos días lloraban tu partida como se llora la de un padre. Creaste escuela, querido profesor, y con ella unos lazos de afecto con los que no podrá tu ausencia y que amarrarán a la vida con más fuerza todavía a las otras dos filólogas de casa, orgullosas compañeras de un camino que coloca a nuestras Islas y a nuestra Universidad como una referencia ineludible cuando haya que hablar de sociolingüística o de dialectología, cuando haya que hablar de filología.

Tuve la inmensa suerte de ser tu alumno, de integrar como becario de investigación el Departamento que por entonces dirigías, de compartir Facultad y de formar parte del Patronato de la querida y necesaria Academia Canaria de la Lengua por la que tanto batallaste y en la que dejaste, desde donde te tocó estar en cada momento, señas de tu impronta y sabiduría. En todos esos pasos, querido José Antonio, estuviste siempre presente, como esa luz que alumbra tanto como para que no tropecemos y lo justo para que una buena parte de oscuridad la descifremos nosotros.

Clara y tú crearon una familia hermosa, sustentada por el amor inmenso, prolongada en tus dos hijasTiene que venir la ausencia a recordarnos lo importantes que son algunas vidas en la nuestra

Uno siente que siempre llega tarde y que no habría que escribir estas palabras desde la tristeza que siento ahora sino desde la alegría de tantos momentos compartidos en los que quizá había tanto que aprender que nadie se detuvo a dejarlo por escrito. Pero así suele pasar. Tiene que venir la ausencia a recordarnos lo importantes que son algunas vidas en la nuestra y en la mía, querido José Antonio, lo fuiste más que lo que seguramente yo fui capaz de demostrarte. Pero aquí seguimos y seguiremos, honrando tu memoria y creyendo en la palabra y en las palabras. Aprendiendo todos los días para poder seguir enseñando.

Mi hijo también se llama José Antonio, como su abuelo. Cuando decidimos que así fuera, no fui capaz de pensar, como pienso ahora, que hay otros que se llamaban como mi padre por los que también me enorgullezco de su nombre. Descansa en paz, José Antonio.

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