El hambre no sabe de fronteras

Las peticiones de ayuda que llegan a la Casa del Migrante, en la capital grancanaria, se disparan por diez. Les hace falta azúcar, leche, pasta, arroz y granos. Piden que se incluya a sus beneficiarios en los cheques para que puedan hacer compra

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA

Una familia italiana que trabajaba en la hostelería, todos parados y sin nada para comer. Personas que llegan de países tan distantes como EE UU o Filipinas. Inmigrantes que estaban trabajando el plátano y la papa y que se quedan sin labor de un día para otro. Jóvenes trabajadoras del hogar que ya no son requeridas ni al amparo de la economía sumergida... El número de personas que pide auxilio a la Casa del Migrante se ha multiplicado por diez en las últimas semanas. Y con ellos, se ha ampliado el perfil de los necesitados.

«En la actualidad tratamos a unas 424 familias que están en situación de vulnerabilidad, lo que vendría a ser un total de 1.008 personas», explica la presidenta de la Casa del Migrante, Isabel Alfaro, «antes de la crisis del coronavirus atendíamos a alrededor de 130 familias».

En un día llaman a las puertas de su sede, en la subida del Barranquillo de Don Zoilo, unas veinte familias, con todo tipo de requerimientos, desde petición de alimentos hasta asesoramiento sobre procesos de regularización o petición de mediación para no ser desahuciados. A este número se suman otras diez que entran en contacto por correo electrónico.

La distribución de alimentos es, en estos momentos, lo más importante. Aparte de aportaciones privadas de empresarios, su principal fuente de recursos es el Banco de Alimentos. La última entrega, de unos 5.800 kilos, se produjo hace ya unos diez días, pero aún así la necesidad parece desbordar la capacidad de respuesta oficial.

«Agradeceríamos que las instituciones se hicieran cargo de estas mil personas pero mientras no sea así, deberían reducir la burocracia en estos momentos», propone Alfaro. En su opinión, habría que articular dos vías de ayuda para los colectivos más vulnerables: por un lado, que las entregas de alimentos a las organizaciones humanitarias se hagan periódicamente cada dos semanas como mucho; y, en el caso concreto de los migrantes, y de manera especial aquéllos que se encuentran en situación administrativa irregular, que se les permita acceder a los cheques que reparten las instituciones con el fin de que los ciudadanos puedan hacer una compra en el supermercado. «Aunque sean cincuenta euros para que puedan comprar carne, pescado y productos de limpieza», expone, «estas familias no pueden estar solo alimentándose con pasta y arroz».

En estos momentos, la Casa del Migrante atiende a personas procedentes de casi todos los países de Sudamérica, de Guatemala, Honduras, República Dominicana, Haití, Filipinas, EE UU, algunos estados africanos y hasta ciudadanos italianos.

Agradecen todas las muestras de solidaridad que reciben pero insisten en que lo que necesitan en estos momentos sería arroz, aceite, huevos, pasta, lentejas y leche. «A veces nos dan chucherías, como una persona que nos donó treinta kilos de caramelos, pero preferimos tomates para hacer la comida», señala Alfaro.

La presidenta de la Casa del Migrante también relata las gestiones que se están haciendo para evitar desahucios. «Estamos llamando a los propietarios de las viviendas de alquiler para que tengan paciencia y les den tiempo a estas familias para que se puedan poner al día en el pago», relata, «se trata de un colectivo muy vulnerable en condiciones normales y ahora más en esta situación».

El área de Urbanismo y Vivienda del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha colaborado en la creación de una red solidaria publico-privada para facilitar la entrega de alimentos a familias en situación de vulnerabilidad social que se han visto afectadas por la crisis del coronavirus. Esta red solidaria, con la que colabora el Consistorio, se puso en marcha hace tres semanas y está formada por las empresas Orthidal, Canarias Sea, Power 4 Control, y Power7 Seguridad Hispania Canarias. Hasta el momento han repartido ocho toneladas de alimentos a alrededor de 400 familias en situación de vulnerabilidad social en la capital grancanaria, Telde y Gáldar. El concejal de Urbanismo, Javier Doreste, explicó que «una vez tuvimos conocimiento de esta iniciativa empresarial solidaria, nos coordinamos para colaborar en el reparto de alimentos tanto en centros sociales municipales como en diversos barrios de la ciudad para ayudar a las familias a las que más está golpeando la crisis del coronavirus». El Ayuntamiento también colaboró en el traslado de productos desde el Banco de Alimentos a la Casa del Migrante, si bien la presidenta de esta asociación, Isabel Alfaro, dijo desconocer esta ayuda. De hecho, echó en falta una mayor asistencia del Ayuntamiento y del Cabildo.