La primavera no se confina, estalla

La Cumbre luce pletórica de flores, ajardinada con tonos lila, blanco, amarillo o rojo de alhelíes, magarzas, morgallanas, retamas y amapolas. Vive ajena al luto impuesto por el Covid-19

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

España, y medio mundo, se ha parado. Hiberna. Así están los humanos, pero no la naturaleza. Esta sigue sus propios ritmos, y más ahora en que parece haberse librado un poco del marcaje depredador y avaricioso del Homo sapiens. Toca primavera, y con ella vienen las flores y su intensa paleta de mil colores en el paisaje. Ya llegó a la Cumbre. Y está pletórica. Como si se supiera dueña y señora, que lo es. Sin rival. Ha pintado de amarillo morgallana, rojo amapola, lila alhelí o blanco magarza el monopolio almagre de la pinocha. Es un espectáculo del que ahora solo disfrutan, libres de intrusos, abejas, mariposas, pinzones azules y comunes o pájaros picapinos.

Eugenio Reyes, miembro del equipo de educadores ambientales que guía las visitas escolares por el Jardín Canario, advierte además de que la primavera cumbrera de este año, lejos de encerrarse, se ha adelantado. Le ha ganado unas semanas a las previsiones habituales. Águedo Marrero, biólogo e investigador del Jardín Canario que ha ayudado a identificar las especies que se citan en este reportaje, comparte su apreciación. En la Cumbre la explosión de la floración suele llegar en mayo, e incluso logra aguantar a junio.

Pero la magia de un paisaje así es que no se ve todos los años. Esta vez se aliaron las circunstancias. Hace unas semanas llovió y envalentonó a las plantas, que se han visto fuertes para florecer. Depende mucho de las horas de sol, advierte Álvaro Monzón, experto senderista, de ahí que haya zonas y especies a las que aún les falte un poco. Entre las que ya encaran la llegada de mayo vestidas con sus mejores galas hay dos que comparten paisaje y tapizan con sus dos tonos, amarillo y violeta, bien combinados, los claros entre los pinares en el entorno del Pico del Pozo de las Nieves. Son el relinchón común ( Hirschfeldia incana), de pequeñas flores amarillas, típica planta de la primavera, y el alhelí montuno ( Erysimum albescens), que con sus pétalos puntea de malva el rubio que protagoniza el paisaje.

Hay otra convivencia agradable de colores que también se abre camino allí por donde el pino da un respiro. Y por lo que se ve, al menos en las que se hallan al pie de la carretera que conduce desde la Caldera de Los Marteles al llamado cruce de Los Pechos, es una sociedad botánica algo más democrática. La forman la magarza grancanaria de cumbre ( Argyranthemun adauctum), un emblema de la flora canaria, que tiñe de nieve las primaveras cumbreras, y el alhelí montuno, que gana protagonismo en este tipo de paisajes.

Hay más amarillos, como el de la retama ( Teline microphylla), florecida en algunas zonas, pero aún dormida en otras, o el de los codesos ( Adenocarpus foliolosus), a los que les queda por explotar. Y luego está el amarillo brillante de la morgallana ( Ranunculus cortusifolius). Nativa de Canarias, pero también presente en Azores y Madeira, a veces luce sola, majestuosa, en claros del pinar y como enfrascada en un imaginario duelo de destellos con el sol; otras veces juega a alegrar el paisaje que se ve desde la carretera porque comparte las orillas con las magarzas. Orillas que, por cierto, parecen parterres ajardinados con retamas, alhelíes, magarzas y relinchones comunes. También puede disfrutarse estos días del jacinto silvestre ( Muscari Comosum), con su elegante racimo púrpura, la maravilla o botón de oro ( Calendula officinalis), muy típica en jardinería por su color anaranjado, y los campos de amapolas rojas, otro clásico de la primavera cumbrera.

No todo es tan común en el paisaje de montaña de Gran Canaria. Hay también bonitas rarezas, en peligro de extinción y algo más escondidas. Es el caso de la magarza plateada ( Gonos permum ptarmicilorum), un diamante botánico, un endemismo grancanario que solo cuenta con 5 poblaciones en la isla. Esta planta le hace pagar un precio por verla. No se ve desde la carretera. Acuérdese del nombre y rastréela. Cuando se levante el confinamiento y dejen subir a la Cumbre, será la mejor excusa para bajarse del coche. Quizás para entonces haya florecido. A las de Los Moriscos aún les queda un poco.