Perspectiva de los atascos que se forman en la GC-1 y que llegan a alcanzar los 20 kilómetros. / Cober

«Es insufrible, me paso la vida en atascos»

La borrasca no se ha ido. Dejó de regalo un vía crucis de colas diarias. Tiró un muro en la GC-1 a su paso por Telde que obligó a cerrar un carril. El Cabildo ya encargó la obra y trabajan a destajo, pero a los que lo sufren se les hace largo

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

Colgaba un tuitero estos días que Gran Canaria es esa isla en la que uno nace, se mete en un atasco, envejece y muere. No detallaba cuál le toca sufrir del listado de puntos negros que amargan el viaje a los grancanarios, pero pocos dudan de que hoy por hoy no hay mayor tortura que la de caer en el sumidero del colapso que se forma a diario en la GC-1, de Telde hacia abajo, en el sentido sur-norte.

«Es insufrible, estos días me paso la vida en un atasco». Es el testimonio de un residente en la capital grancanaria que trabaja en una entidad financiera de Vecindario, en Santa Lucía de Tirajana, y que, para su desgracia, lleva una semana soportando, de media, hora u hora y media de carretera para regresar a casa.

La borrasca Hermine descargó tanta agua el domingo y el lunes pasado que abombó y acabó provocando la caída del muro de contención que sostiene la plataforma de la autovía a su paso por Telde, justo en el punto donde la GC-1 salva el desnivel del barranco del Negro, el cauce al sur del barrio de Casas Nuevas.

En cuanto se deja atrás el carril cerrado, el tráfico en la carretera se alivia. / Cober

Solo tiró 12 metros, pero dejó en riesgo la estabilidad de la vía y, con ella, la seguridad de los usuarios de la carretera, de ahí que los técnicos del Cabildo, institución encargada del mantenimiento de la GC-1, optaron por cerrar el tramo más próximo al muro del carril derecho de la autovía.

Colas de hasta 20 kilómetros

La medida previene riesgos y busca garantizar la seguridad de las personas, pero obliga al pago de un duro peaje para sus miles de usuarios diarios: la reducción de tres carriles a dos provoca un efecto embudo que da lugar a colas de hasta 20 kilómetros en sentido sur-norte en horario, sobre todo, de tarde, que es justo el que sufren conductores como el trabajador de la oficina bancaria.

«Ya estoy cansado, cuando no es una cosa es la otra, y es desquiciante», se queja. «Me mata las tardes, no puedes planificarte bien ni quedar a comer con nadie, porque no sabes bien a la hora que vas a llegar». Las retenciones han llegado a la altura del Centro Comercial Atlántico, en Vecindario. Pero no solo hay colas colas por las tardes. También se forman por las mañanas, que son las que más afectan a empresas dedicadas al transporte.

Francisco Ortiz, gerente de Orthidal, radicada en el polígono industrial de Arinaga y dedicada al transporte de alimentos, asegura que ya le han devuelto algunos envíos por llegar más tarde de lo previsto a entregar la mercancía. «Trabajamos, entre otros, con restaurantes y yo lo entiendo, es muy feo que entremos con la carga en medio de los comensales».

Llueve sobre mojado: La Mareta también atasca

En su caso, el atasco no solo le descuadra la logística diaria de sus transportes y le hace gastar más combustible, entre otros males, sino que afecta a terceros, a los clientes, por lo que la rueda del perjuicio es más larga. Recuerda, además, que este problema no es tan puntual, que cuando no es por este muro lo es por el colapso que se origina a la altura de La Mareta en cuando se acerca la temporada navideña y la gente se tira a la calle a ir de compras.

Carril cerrado. A la derecha se observa la maquinaria en el lugar de las obras. / Cober

Otro ejemplo de estas afecciones a terceros es aún más lacerante, la que sufren los pacientes que usan las ambulancias para casos de traslados sanitarios no urgentes. Un conductor, que pide mantener su anonimato, recuerda que no pueden usar las sirenas ni las las luces, lo que les obliga tanto a ellos como a sus pacientes, a menudo personas mayores o enfermos, a pasar por el trance desesperante de las colas.

«Estamos llegando tarde a las consultas»

«Estamos llegando tarde a las consultas y eso hace que también causemos un problema a los servicios de atención». Las ambulancias salen en varios turnos y a varios destinos, desde rehabilitación o diálisis, unas veces a la capital y otras a Telde, pero coincide que las que peor lo pasan son las que viajan a media mañana y las que tienen que ir a recoger pacientes a primera hora de la tarde. «A los usuarios les toca esperar a que lleguemos».

El trabajador de la entidad financiera, que también prefiere no revelar su identidad, está tan aburrido de estas situaciones que ni se cree que hayan comenzado las obras. «Pusieron un camión por allí para callarnos la boca, a los políticos les importa poco lo que pase fuera de la capital».

La maquinaria en la obra ya está colocando la tercera hilera de bloques del muro de contención. / C7

Cuando este periódico preguntó a este vecino aún no se veía demasiado movimiento en las obras de reparación del muro, de ahí su desconfianza, pero desde finales de esta semana es notoria la presencia de brazos de grúa y camiones junto al carril cerrado.

Comienza la instalación de la tercera hilera de bloques

El Cabildo adjudicó las obras por la vía de emergencia a Satocan, que en menos de dos días inició los trabajos. El consejero del área, Miguel Ángel Pérez, consciente del caos de atascos que se genera a diario, hace un seguimiento de las obras, presupuestadas en 1,25 millones, y da cuenta de su avance vía tuit a los ciudadanos.

El último, de este sábado al mediodía, informaba de que se ha comenzado a instalar la tercera hilera de bloques que conformarán el muro para continuar así el hormigonado de la segunda hilera instalada previamente. Al menos oficialmente, desde la consejería que preside Miguel Ángel Pérez se mantiene la previsión de plazos anunciada. Cinco meses de obra, pero solo tres semanas con el carril cerrado. Al paso que van, puede que este plazo se acorte.