El perro maldito ya mueve las cadenas

La actividad estos días es frenética en la trasera del Centro Cívico de Valsequillo. Allí decenas de personas ultiman los detalles para la puesta en escena del mayor espectáculo de teatro popular y callejero de Canarias. La Suelta del Perro Maldito calienta motores.

GAUMET FLORIDO | / VALSEQUILLO

No hay tiempo que perder. La cuenta atrás está echada. Tras meses de intenso trabajo, varios días a la semana desde el mes de julio, Valsequillo se prepara para la explosión final, un derroche de teatro, luz, música y efectos que harán del casco la morada de Lucifer. Todo se desencadenará a las doce de la noche de la madrugada de mañana jueves al viernes, del 28 al 29 de septiembre. Será entonces cuando el perro maldito se suelte. Dicen estos días en Valsequillo que, si se agudiza bien el oído, se escucha cómo ya mueve sus cadenas, nervioso.

Por fortuna hace ya mucho tiempo que los amigos de la Suelta del Perro Maldito le perdieron el miedo al perro, pero también al escenario. Con esta serán ya 31 las ediciones y, por tanto, las veces en las que el pueblo toma esa noche mágica y deslumbra a los visitantes con una obra teatral cargada de fuerza.

Son las seis de la tarde y en el patio del colegio todos tienen una tarea asignada, según el papel que les toque. Mañana saldrán a escena más de 80 personas, desde niños a séniores, y todos son actores aficionados. Unos entrenan sobre sus zancos. Otros rematan detallen de los disfraces, o bien de los artilugios con los que se moverán por la plaza y su entorno. En el cuarto que tienen habilitado como set de maquillaje dibujan monstruos de carne y hueso.

Tampoco para quieto Lisandro M. Rodríguez, director artístico de la Suelta. Tiene el guion en su cabeza, pero no lo comparte. Es un secreto, el secreto mejor guardado. Contesta con reservas. Y cuando no sabe si lo que va a decir quiebra ese cerrojo, echa una mirada cómplice al presidente de la asociación, José Manuel Torres, un joven pero veterano organizador de este macroespectáculo que este año está más dedicado al papeleo, a la burocracia de la trastienda.

Torres hace números y cifra en más de un centenar las personas que colaboran con esta edición, una más en la que, por cierto, seguirá sin haber fuego. Lo que sí habrá es mucha pasión y mucha ilusión para echar toda la carne en el asador en los 40 minutos en que durará la puesta en escena. Mañana, a las 24.00, Valsequillo quedará a oscuras. Y el perro andará otra vez suelto.