El Cabildo se abre a replantearse el proyecto de la vía tangencial

El presidente insular anuncia que analizará si la infraestructura va a generar un problema mayor que el que quiere resolver. Ben Magec le pide que está a tiempo de desechar esta obra

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

El Cabildo no las tiene todas consigo con la tangencial de Telde, la autovía de tres carriles por sentido que discurrirá, más hacia el interior y paralela a la GC-1, que el Gobierno canario señala como solución definitiva a los frecuentes atascos que sube la autovía actual a su paso por La Mareta, en Telde. El presidente de la corporación insular, Antonio Morales, abre la puerta a replantearse el proyecto, tal y como está concebido, al tener conocimiento del fuerte rechazo social que genera. Nada más trascender, la semana pasada, que Gobierno canario y Cabildo pactaban el impulso de esta nueva carretera como una de las prioridades de cara a la ejecución de las obras previstas en el nuevo convenio de Carreteras, varios colectivos ecologistas alzaron la voz para rechazarla.

«Cuando planteamos la necesidad de buscar alternativas a la GC-1 se planteó por parte del Gobierno que había un proyecto redactado que había pasado todos los informes, pero yo desconocía esa oposición que existía en un sector de la sociedad, así que lo analizaremos», apuntó Morales, que de esta manera aludió al encuentro de la semana pasada con el consejero de Obras Públicas del Ejecutivo regional, Sebastián Franquis, tras el que se anunció la apuesta de ambas instituciones por la tangencial y por el soterramiento del enlace de Belén María en la capital de la isla.

«Desde luego, lo que no vamos a hacer ni plantear es una obra que genere un rechazo social, no tiene sentido buscar soluciones a algo que genera un problema de tráfico para provocar un problema mayor de descontento social y de rechazo, si eso fuera así, lo analizaremos y lo valoraremos», apostilló el presidente del Cabildo, dejando así en condicional aquella voluntad expresa de impulsar ese proyecto como alternativa a la GC-1.

Quien primero saltó contra el anuncio oficial del Gobierno y del Cabildo fue el colectivo ecologista Turcón. No en vano, conoce bien el proyecto y lideró el activismo ciudadano que en la primera década de este siglo le plantó cara a esta infraestructura. Tiene que ver con el hecho de que las raíces de Turcón están en Telde, el municipio sobre el que discurre la mayor parte del trazado de los 10 kilómetros de lo que en realidad sería otra autovía de seis carriles con varios viaductos, túneles y falsos túneles entre la circunvalación a la capital, la GC-3, a la altura del Lomo del Sabinal, y las proximidades del barrio teldense de El Goro.

No tardó en respaldar su oposición la federación ecologista Ben Magec, a la que pertenece Turcón. Su portavoz, Noelia Sánchez, manifestó su repulsa al hecho de que Gobierno y Cabildo apuesten por la tangencial en detrimento de «alternativas más sostenibles, útiles y económicas». Es más, les reprocha que entren en «clara contradicción» con sus sendos planteamientos teóricos de eco-isla del Cabildo, «que está suponiendo en la práctica un mero eslogan propagandístico», y de emergencia climática del Gobierno, que puede convertirse «en otro papel mojado». Ben Magec les emplaza a desmentir estas sospechas y desechar la tangencial. «Esta infraestructura viaria no es de interés público, no es necesaria, nadie la ha pedido», afirma Sánchez.