El párroco de Teror, junto a la Virgen, cuyo trono se está restaurando. / cober

La Basílica de Teror se pone a punto para las fiestas del Pino

Tras la impermeabilización de techos y la reparación de vidrieras, ahora se está restaurando el trono de la Virgen

Patricia Vidanes Sánchez
PATRICIA VIDANES SÁNCHEZ Teror

La Basílica de Nuestra Señora del Pino es el edificio más importante de Teror, en torno al que se ha desarrollado urbanísticamente el pueblo y su casco histórico. Basílica menor desde 1916, tras la concesión del Papa Benedicto XV, y Monumento Nacional desde 1976, el inmueble ha sufrido desde su construcción, en el siglo XVIII, sucesivos problemas de conservación que han dado lugar a posteriores obras de arreglo sufragadas por la Iglesia, diferentes gobiernos y el propio pueblo de Teror y de Gran Canaria.

El mantenimiento del edificio religioso donde se encuentra la patrona de la Diócesis de Canarias es un trabajo arduo. Hay que luchar sobre todo contra los efectos de la humedad.

Ahora mismo, y desde 2020, la Basílica de Nuestra Señora del Pino se encuentra inmersa en un nuevo plan de restauración.

Jorge Martín de La Coba, párroco de Teror, señala que del proyecto en tres fases ya han ejecutado dos, como son la impermeabilización de techos, pintura y mejora de la cúpula; y limpieza y restauración de las vidrieras.

Resta, en una tercera fase, la restauración de los cuatro retablos y del órgano, a lo que suma que está en curso la restauración del trono de la Virgen.

«No es un capricho, con el tiempo se van deteriorando las cosas materiales que necesitan un mantenimiento» y, apunta el párroco, «no es para bien de la iglesia, sino para bien de todo el pueblo».

No en vano a la Basílica de Teror acude «todo el mundo», independientemente de las motivaciones.

«Es un lugar referente» al que se llega por la fe, pero también y en gran medida desde una clave cultural y turística, como sabe Jorge Martín de La Coba. Es un monumento «del que todos disfrutamos y de ahí que todos queramos que esté en buen estado», lo que ha llevado a esta nueva restauración «con la ayuda de las instituciones».

Tres meses de trabajo de limpieza y restauración han invertido los maestros vidrieros Mikel Delika y Manuel Bernabé a las centenarias vidrieras, que han recuperado su esplendor. / cober

Y dentro de este proyecto de mejora se incluye la reparación del trono de la Virgen, que presentaba un acusado deterioro en algunas de sus piezas de plata, que incluso se estaban cayendo; el sol también requería una intervención, así como la madera de la peana.

«Hace tiempo que había necesidad de restaurarlo», y en ese cometido se está en estos momentos. Se calcula que para las próximas Fiestas del Pino esté finalizada la intervención, que el párroco de la Basílica de Nuestra Señora del Pino califica de «lenta y exquisita para que no fuera tan agresiva».

Así que «se fueron desmontando las partes del trono poco a poco», de tal manera que ahora mismo la Virgen, a la que por costumbre vemos en el baldaquino y que se desmontó en mayo, se encuentra en el trono, prestado, de la Inmaculada de la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de Jinámar, que lo hizo el mismo orfebre.

De esta forma la Virgen del Pino está en un trono parecido al suyo, «porque dejarla sola en el camarín era dejarla un poco perdida», visualmente hablando.

«A falta de algunos detalles», en septiembre, para la celebración de la festividad de la patrona de la Diócesis de Canarias, «la Virgen del Pino lucirá con su trono, por supuesto».

Siendo Bien de Interés Cultural, desde Patrimonio se puso como condición que el trono no saliera de Teror para su restauración, que la llevan a cabo los hermanos Krijer, orfebres venidos de Tenerife.

arcadio suárez

Con todo, el templo luce una de sus mejores estampas, listo para acoger a miles y miles de devotos y de turistas. Un lugar para escapar del bullicio y la vida ajetreada, apunta Jorge Martín de La Coba, que intenta «ayudar a la gente», de tal manera que puedan huir del ruido y encuentren «un lugar de descanso».

Repite mucho el párroco que hay que «educar» para «no llevarnos solo la foto», huir de la superficialidad y redescubrir el valor del silencio, de la reflexión, de la devoción. Y en esta línea invoca a la responsabilidad, «El Pino no es solo el 8 de septiembre», una fiesta religiosa que es compatible «con el baile, el compartir con otros, el divertirse. Dios nos quiere alegres y sanos».