Los herreños calientan tambores

San Lorenzo, San Juan y San Telmo ya están en la iglesia Matriz de la Concepción de Valverde. Llegaron este fin de semana desde Echedo, El Tamaduste y La Estaca y allí esperarán hasta el sábado a la virgen de Los Reyes. Son los únicos santos que no acuden al encuentro con la Madre Amada el día que baja desde su Santuario a Valverde para cumplir con el voto hecho en 1741.

ROSA RODRÍGUEZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Con la venia del grupo de bailarines de Sabinosa, a las cinco en punto de la madrugada del próximo sábado comienza la LXIX edición de la Bajada de la Virgen de los Reyes. Es el momento más esperado desde que el 1 de enero se izó la bandera anunciando que este es año de Bajada en El Hierro. En cuatro días, el contador se pone a cero para empezar un nuevo cronometraje, el del camino que recorrerá la virgen durante todo el día acompañada por los bailarines y tocadores de los pueblos que, raya tras raya, se le van sumando hasta alcanzar, pasadas las diez de la noche, el pueblo de Valverde.

Una semana antes, como es tradición, en la iglesia Matriz de la Concepción de Valverde ya están esperándola San Lorenzo, que llegó el viernes desde Echedo, y San Juan y San Telmo, que subieron el sábado desde El Tamaduste y La Estaca. Los tres santos son los únicos que no salen al encuentro de la Madre Amada, porque hasta San Isidro, patrón de Valverde, va a su encuentro en la raya de Tejigüete, la última de las paradas ante de concluir un camino de 28,3 kilómetros para entrar triunfal en la iglesia de la Concepción.

Los tocadores llevan meses calentando tambores para el día más esperado y para volver a cumplir con el voto de 1741. Una promesa del pueblo herreño que ni una sola vez, desde 1745, ha dejado de cumplirse. La prerrogativa marca que cada cuatro años la virgen de Los Reyes se traslade desde La Dehesa, donde está su Santuario, hasta Valverde en señal de agradecimiento por las lluvias habidas tras la grave sequía de 1740.

Este sábado, como ocurre desde hace 69 ediciones, a llegar a las rayas sonará el toque de la música y los bailarines de un pueblo que llevan a la virgen dejarán entrar al otro a cogerla. Pero si no suena, la virgen se queda: un pique simbólico que, sin embargo, enciende pasiones y hace aflorar sentimientos de fe, de orgullo de un pueblo y también de política.

Tras la Bajada, el Novenario y la Fiesta Real en Valverde, la imagen visita los pueblos de la isla antes de regresar, ya en agosto, a su santuario por el mismo camino, las mismas rayas y con los mismos descansos.