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Manu San Félix National Geographic
«Si queremos seguir pescando en el mar tenemos que reservar zonas donde no se pesque»

«Si queremos seguir pescando en el mar tenemos que reservar zonas donde no se pesque»

ODS 14 | Vida submarina ·

El biólogo Manu San Félix, precursor de la iniciativa 'Reserva30', advierte sobre las amenazas que se ciernen sobre el ecosistema marino por el cambio climático y la actividad humana

María G. Astorga

Martes, 23 de abril 2024, 06:08

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Los océanos conforman el 70% de la superficie de la Tierra. Albergan el mayor ecosistema del mundo y supone el soporte vital de nuestro planeta. A pesar de ello, la inconsciente sobreexplotación humana ha llevado a muchos entornos marinos al límite con una velocidad que la propia regulación natural no puede afrontar.

El mar Mediterráneo acumula solo el 1% del agua del planeta y un 7% de microplásticos, las temperaturas aumentan un 20% más rápido que en el resto de territorios y la posidonia oceánica se ha visto reducida un 40% en un periodo de cuatro años. Adoptar medidas efectivas es fundamental para preservar el correcto desarrollo de la vida marina. En este contexto surge la iniciativa 'Reserva30', nacida en Formentera de la concienciación y el compromiso por el cambio climático.

Al frente del proyecto se encuentra el biólogo marino, explorador y fotógrafo Manu san Félix, galardonado con el premio 'Iniciativa/empresa' de la Sociedad Geográfica Española 2023 por su labor protectora de la posidonia y participante en el panel de expertos que inaugura la cuarta edición del foto MadBlue.

-¿Qué le inspiró inicialmente para adentrarte en la fotografía submarina y la conservación marina?

-Me tengo que remontar muchos años. Soy de esa generación que creció viendo a Jacques Cousteau y a Félix Rodríguez de la Fuente. Era un jovencito totalmente fan de ellos y me impregnaron, me condicionaron y realmente, desde muy joven, quería hacer algo similar a lo que ellos hacían. Estudié Biología e, inspirado por lo que hacían, me convertí en un biólogo con una cámara.

-Ha trabajado en diversos lugares del mundo desde Formentera, su lugar de residencia, hasta lugares tan solitarios como la isla Flint. ¿Cómo selecciona sus destinos y proyectos fotográficos?

-Por un lado está mi actividad personal y por otro la laboral. Trabajo desde hace 15 años en un proyecto de National Geographic Society, con sede en Washington. El proyecto se llama 'Pristine Seas' y es una idea de Enric Sala, otro biólogo español. El objetivo es viajar a los lugares remotos de los océanos para inspirar a los gobiernos que tienen la soberanía para protegerlos. Dentro de ese proyecto hay un mapa de lugares a visitar, llevo 50 expediciones y prácticamente 50 sitios. Además tengo proyectos propios y en ocasiones trabajo con empresas como Discovery Channel o la BBC.

-¿Cuáles cree que han sido los detonantes del deterioro del ecosistema marino mediterráneo que hace años reunía especies como la foca monje, el delfín mular o la tortuga verde y que, actualmente, se encuentran catalogadas como vulnerables o en peligro de extinción?

-Están claramente definidos. Uno es la sobrepesca. Llevamos años sacando mucho de un mar que además está prácticamente cerrado, por lo que la regeneración de todos los recursos que se usan es mucho más lenta. Por ejemplo, hemos eliminado el 99% de los tiburones que había en el Mediterráneo. El segundo es la destrucción del hábitat, sobre todo cuando vino el 'boom' turístico, en torno a los años 60 y 70. Sabemos que la economía española depende bastante del turismo, sobre todo en el Mediterráneo. Otra de las razones son los vertidos de aguas residuales. Hemos perdido en muchísimos sitios, de costa sobre todo, la calidad del agua por los vertidos de agua insuficientemente depurada o sin depurar. No tiene nada que ver cómo era el agua hace 50 años si nos vamos a un sitio como Benidorm o incluso Baleares, a como está ahora. Esa agua cristalina, limpia y pura ha desaparecido. A todo esto se ha sumado la entrada de especies invasoras. Es el mar del planeta con más especies que llegan de fuera y eso desajusta absolutamente todos los ecosistemas y el funcionamiento normal entre las especies. Además, la pérdida de especies autóctonas supone otro factor importante, como la foca monje o las praderas de posidonia, de las que hemos perdido sobre un 35% en las útlimas décadas.

«En las últimas décadas el Mediterráneo ha perdido entorno a un 35% de las praderas de posidonia»

-¿Qué iniciativas considera que debería contener un buen plan de acción para proteger la planta posidonia oceánica?

-La posidonia oceánica está protegida por la Comunidad Europea y por la legislación española pero esa protección no llega a ejercerse del todo. Lo más importante es recuperar la calidad del agua porque la posidonia es una especie muy sensible a esta situación y a su vez, contrarrestar el impacto causado por el fondeo de los barcos sobre praderas. Si retrocedemos unas décadas, no tenía mucha importancia porque el número de barcos era bajo pero ahora hay miles. El tercero, que es el más difícil y al que se enfrentan ahora las praderas, es la subida de temperatura del Mediterráneo ya que por encima de los 28º la posidonia empieza a morir. En 30 años, las temperaturas máximas en el Mediterráneo han pasado de 25º a 30º.

-La tercera edición de la Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica confirmó que la meta de 2010 para la diversidad biológica no se alcanzó plenamente. En diciembre de 2022, 196 países, incluido España, firmaron un acuerdo en Montreal para proteger el 30% de los mares antes de 2030. ¿Cree que desde este acuerdo ha habido un progreso tangible?

-Todavía es muy reciente, solo ha pasado un año. Pero por ese motivo hemos puesto en marcha 'Reserva30', para animar a que se movilice España, empezando por el Mediterráneo, para cumplir ese compromiso de proteger de verdad. Si queremos seguir pescando en el mar, tenemos que reservar zonas donde no se pesque, donde los peces se reproduzcan y puedan crecer. Cuando se hace esto, el principal beneficiado es la pesca y sobre todo la local, que llega a crecer entre un 400% y 500%. La protección es un buen negocio y yo creo que a nivel de la sociedad, en muchos círculos, hay una mala interpretación. Se entiende que reservar zonas es algo contra la pesca y no a favor de ella. Eso es algo que queremos difundir, contar y convencer con esta campaña 'Reserva30'.

-¿Cómo cree que la fotografía submarina puede influir en la conciencia pública y la acción hacia la protección de los océanos?

-La concienciación es fundamental, por eso me convertí en un biólogo con una cámara. Mi trabajo es pasar mucho tiempo bajo el agua observando la naturaleza. Disfruto grabándola, fotografiándola y mostrando al público la belleza y la importancia que tienen los océanos en nuestras vidas. Sin ellos este planeta no tendría vida y nosotros tampoco. Por otra parte, transmitir las amenazas y soluciones a través de un lenguaje tan valioso como son las imágenes. Cuando consigo transmitir la belleza, la importancia y la manera de gestionar bien los mares y océanos, lo siento como un privilegio.

Biodiversidad

«En 30 años, las temperaturas máximas en el Mediterráneo han pasado de 25º a 30º»

-La responsabilidad e implicación institucional son fundamentales para que se produzcan mejoras en la protección de la biodiversidad, pero también lo es la concienciación individual. ¿Qué puede hacer la sociedad para contribuir a este interés común?

-La Asociación Vellmarí es una ONG fundada y con sede en Formentera que ha sacado adelante el proyecto 'Reserva30'. Animamos a las personas a firmar un documento sencillo llamado 'declaración por el Mediterráneo'. Habla sobre cómo debemos usar el Mediterráneo. Queremos que al menos lo firmen medio millón de personas y llevarlo al Gobierno para inspirarle, persuadirle y presionarle para que protejan de verdad el 30% del Mediterráneo español. A veces tenemos la tendencia a crear zonas marinas protegidas, llamadas 'de papel'. Es decir, la diferencia entre lo que se pueda hacer dentro y fuera de la reserva marina es prácticamente nula, lo que significa que no existe protección.

Pradera de posidonia mediterránea. Manu San Félix

-Desde el inicio de su carrera ha sacado adelante numerosas iniciativas y proyectos como la aplicación 'Posidonia Maps'. ¿Cómo surge la idea?

-Después de muchos años viendo el impacto de las anclas de los barcos sobre la posidonia empecé a difundir sobre lo que sucedía. Tengo numerosas noticias en prensa sobre este tema, la primera en 1993. Como no se producía ningún cambio y con el ánimo de aportar una solución, surgió esa idea de cartografiar las praderas alrededor de la isla de Formentera, lugar donde comenzamos. El teléfono te da una precisión alta sobre tu posición y lo que pretende es que cualquier persona que esté navegando pueda saber, antes de echar el ancla, si está o no sobre posidonia.

-¿Tiene algún proyecto futuro en mente con el que esté especialmente emocionado?

-Hay uno con el que llevamos dos años trabajando en silencio: la siembra de posidonia. El año pasado hemos germinado a partir de semillas unas 10.000 plantas y luego las hemos plantado. Tenemos una tasa de supervivencia muy alta y eso nos genera muchísima ilusión. Este año empezamos un proyecto muy bonito, la pradera del Mediterráneo. Vamos a restaurar zonas degradadas por la acción de las anclas en el pasado en sitios que ya no se pueden fondear. Es el momento de actuar para recuperarlas. Pretendemos sembrar entre unas diez y quince mil hectáreas y alrededor de diez mil plantas, con intención de aumentarlo cada año. Además, es un proyecto hecho todo con voluntarios y preferentemente con buceadores menores de edad a muy poca profundidad. Se van a hacer parcelas para que cada persona pueda acudir y tener un espacio de un metro y medio para que tenga referenciada la contribución que ha hecho sembrando esa planta. Por su puesto es un proyecto de recuperación, de educación y sin interés económico.

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