Enric Sala lidera desde 2008 el programa global de conservación marina de National Geographic. / Óscar Chamorro

Enric Sala, el protector del océano más salvaje

El biólogo español ha impulsado la creación de 6 millones de kilómetros cuadrados de reservas marinas en todo el mundo

Jacob Petrus
JACOB PETRUS

Él mismo define su vida como esquizofrénica, en la que no todo es glamour, porque se ve obligado a alternar constantemente el traje y la corbata con el traje de buceo. Es Enric Sala, una especie de Clark Kent medioambiental, que no combina el periodismo y las heroicidades, sino el proteccionismo ambiental y el 'coaching' a políticos y administradores para que entiendan la importancia de proteger nuestros mares.

Desde el año 2008, este doctor en Biología y ecólogo español, encabeza el programa global de conservación marina Pristine Seas de National Geographic, que busca, encuentra, estudia y protege los últimos lugares salvajes del océano. Un espacio que proporciona educación, turismo y ocio, alimenta a millones de personas, da empleo a 180 millones de personas en todo el mundo, suministra la mitad del oxígeno del planeta, en el que ocupa un 70% de su superficie.

Este argumentario caló en National Geographic, la casa que le ha permitido realizar su sueño al grito de 'Yes, we can', y que canalizó «el carácter emprendedor y filantrópico» que encontró en Estados Unidos.

Desde entonces, ejerce como explorador en residencia, una exclusiva categoría reservada para aquellos que exploran, educan, investigan o conservan. En 24 años, él y su equipo interdisciplinar, formado ahora por más de veinte personas, han conseguido crear 25 reservas marinas repartidas por todo el mundo, que ocupan una superficie de 6 millones de kilómetros cuadrados, equivalente a 12 veces el tamaño de nuestro país.

Desde su campamento base establecido en Washington, viaja por todo el mundo. Su última aventura se ha desarrollado, junto a otros veinte científicos, en Colombia, donde «utilizando ciencia y tecnología de vanguardia para evaluar los ecosistemas marinos, nuestra investigación científica se centra en llenar los vacíos de conocimiento y abordar las necesidades de las comunidades locales».

Una expedición que tiene como objetivo ayudar a cumplir la promesa realizada por el presidente del país, Iván Duque, de proteger el 30% de sus áreas marinas y terrestres, antes de que finalice su mandato y mantener así a Colombia como uno de los líderes mundiales en biodiversidad y preservación de la naturaleza.

Enric Sala bucea en aguas de Costa Rica. / National geographic

Un objetivo que también cumple su próximo destino, la visita este verano a un grupo de comunidades inuit del Océano Glaciar Ártico, para ayudarlas en la creación de 6 reservas marinas, propuestas y gestionadas por ellos mismos, para conservar un territorio que ha definido una forma de vida para estos grupos indígenas a lo largo de su historia, pero que se ven amenazados en la actualidad por el cambio climático. Un calentamiento que provoca una reducción a pasos agigantados del hielo marino que, según algunas proyecciones climáticas, podría desaparecer por completo en verano del año 2040.

Precisamente para concienciar acerca de este problema, produjo el año pasado el documental 'The Last Ice: Salvar el Ártico'. Para proteger nuestro planeta no sólo vale tener toda la información científica y elaborar informes, sino también aprender de producción audiovisual de comunicación, economía, finanzas, negociación, persuasión.

Esto supone un cambio respecto al modelo de científico tradicional, que comenzó a forjarse en el año 2007, cuando decidió abandonar su trabajo en la Universidad de California. «Me di cuenta que estaba escribiendo el obituario del mar, la esquela mortuoria, con los estudios que publicaba acerca del impacto de la contaminación, de la sobrepesca, la acidificación, las especies invasoras o el calentamiento global», recuerda.

Ahora trabaja por el bien de la sociedad, y ha convertido la crónica de una muerte anunciada por el certificado de renacimiento de nuestros océanos, capaces de recuperarse a un ritmo asombroso e incrementar la biomasa de peces en una reserva marina en un 600% en apenas 10 años.

Capacidad para regenerarse solo

Este hecho se hizo constatable en la Reserva Marina de las Islas de la Línea del Sur, en Kiribati, un archipiélago del Pacífico Central, donde Enric Salas y su equipo encontraron en 2009 un ecosistema repleto de peces y tiburones, con los arrecifes de coral más prístinos de este océano, completamente intactos y que motivaron la creación de un área protegida de 7.700 kilómetros cuadrados en 2015.

Un año después, un histórico episodio de El Niño provocó un calentamiento de las aguas que mató la mitad de los corales, pero la resiliencia de este espacio intacto, sin pesca ni agresiones externas, permitió que en sólo 6 años estuviese recuperado.

Esta capacidad de recuperación basada en la biodiversidad, un equilibrio apoyado en la riqueza que aportan desde los grandes depredadores a los peces loro que mantienen limpios los arrecifes, al alimentarse de las algas que intentan colonizar los espacios dominados por los corales.

Este mecanismo natural, por ejemplo, es hoy inexistente en el Caribe, donde la sobrepesca ha eliminado muchos de estos actores fundamentales, y la posibilidad de regeneración de un espacio natural ante una agresión, como puede ser un huracán, se reduce enormemente.

Los peces grandes también importan

Un problema común en el Mediterráneo, donde hay más presas que depredadores porque hemos eliminado los tiburones, las focas monje o las cabras de mar, ante una pesca descontrolada que debe entender que «proteger zonas no es sacarlas del mar, es ayudar a repoblar el mar. Los pescadores pescan más alrededor de esas reservas marinas.»

Un cambio de paradigma que también debe hacernos entender la importancia de no pescar pezqueñines, pero sobretodo los ejemplares más grandes, los que proporcionan la mayor cantidad de huevos, porque crecen exponencialmente. «En un tercio más de crecimiento, una hembra adulta de mero pasa de 200.000 huevos a producir 20 millones de futuros peces», apunta Sala.

Hasta ahora, la gestión de la pesca, opina este experto, ha sido «patética, contraproducente». Y sentencia: «No hay futuro sin la mejora del manejo, más inteligentemente, con esas áreas protegidas que actúen de reserva de peces». Aun así, Sala es posibilista y optimista porque sencillamente ha visto lo que sucede.

Naturaleza en vena

Para conocer el universo de Enric Sala nada como sumergirse en su último libro 'La naturaleza de la Naturaleza' (ed. Ariel). En él, este ecologista explia las razones por las que preservar la biodiversidad de la Tierra es fundamental, tanto desde la lógica como desde las emociones y la economía. Partiendo de su experiencia, el autor enseña por qué nuestra supervivencia depende de todas las especies. De los microbios a los mamíferos, de las algas a los tiburones, todo lo que vive tiene una labor crucial en el tejido interdependiente de la biosfera, y esta obra explora cómo funciona exactamente ese engranaje, cuáles son las consecuencias de las actividades humanas que están destruyendo el mundo natural y qué soluciones prácticas debemos asumir.