Doñana se seca por los regadíos ilegales. / Héctor Garrido

Doñana se seca por la acción humana

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

En 1914, las marismas de Doñana estaban «risueñas, ceñidas de oro con el sol en sus espejos rotos», así las describía el poeta Juan Ramón Jiménez. Años antes, Vicente Blasco Ibáñez novelaba su Albufera valenciana como «una calle de Venecia, con las márgenes cubiertas de barracas y viveros». Cien años después, ese paisaje es difícil de ver y «no va a volver», asegura Roberto González, responsable del programa de Aguas de SEO/BirdLife.

Ver Doñana con los ojos de la Generación del 27, ya es solo posible hacerlo a través de la literatura, porque en las últimas décadas «se han destruido más del 60% de los humedales en España», alerta Amanda del Río, directora técnica de Fundación Global Natura.

Hablar de humedales en España es hablar de Doñana, de las Tablas de Daimiel, del La Albufera valenciana o del Mar Menor o también hablar «del verdor de un delta inmenso (...) en el que se fundían el agua dulce y la mar amarga», que escribía Gerard Vergés mientras miraba al Delta del Ebro.

Estos son los más conocidos de los 734 registrados en el Inventario Español de Zonas Húmedas del Ministerio para la Transición Ecológica. De hecho, España es el tercer país con más humedales incluidos en el Convenio Ramsar (75), un tratado ambiental intergubernamental establecido en 1971 por la Unesco, que entró en vigor en 1975 y busca la protección y cuidado de estos parajes naturales.

Desde comienzos del siglo XX, el 64% de los humedales en todo el mundo han desaparecido

Los humedales conforman el ecosistema más frágil del mundo, varios estudios científicos revelan que el 64% ha desaparecido del planeta desde 1900, mientras que el porcentaje sube al 87% si la pérdida se calcula desde 1700. «Las investigaciones señalan que el Delta del Ebro será el primer lugar en España que traerá la aparición de refugiados climáticos en nuestro país y no hablo de aves, sino de personas», advierte González. «Eso no es culpa del cambio climático, sino que los responsables somos nosotros», añade.

El agotamiento de Doñana

La desembocadura del río más largo de España es solo un ejemplo. El agua de Doñana es la otra gran preocupación de ecologistas, agricultores y vecinos. Los más de 2.400 kilómetros cuadrados del acuífero andaluz cada vez son menos por el secado de los acuíferos y que se suma a la falta de lluvias de los últimos, un cóctel perfecto que deja agrietado un suelo que hace varias décadas era un un gran ecosistema acuático.

«Los cultivos ilegales están extrayendo agua ilegalmente del acuífero actualmente», denuncia la oenegé WWF en un comunicado. El agua de Doñana vuelve a ser objeto de disputa.

El Parlamento andaluz ha dado luz verde a dos proposiciones de ley para legalizar los campos de fresas en el entorno del Parque Nacional. «Esta propuesta de ley pone en grave peligro a Doñana y el futuro de la agricultura legal», advierte Felipe Fuentelsaz, coordinador de proyectos de agua y agricultura de WWF.

Fincas en el Parque Nacional de Doñana. / WWf

La propuesta del gobierno de la Junta asegura que la calificación de 1.605 hectáreas como agrícolas regables «estará condicionada en todo momento a la obtención de los correspondientes derechos de agua». Medida que ha despertado el rechazo fuera de las fronteras nacionales. Tanto la Unesco como la Comisión Europea han pedido guardar en el cajón este proyecto.

«Más de 105 hectómetros cúbicos de agua salen del acuífero anualmente para el mantenimiento del regadío en el entorno natural», según datos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. ««La legalización de estos cultivos ilegales supondrá un incremento del consumo hídrico de entre 7 y 9 hm3 anuales», añade WWF.

Futuro poco halagüeño

Con un patrimonio húmedo de 2.000 humedales, España trabaja en la recuperación de 20.000 hectáreas de estos ecosistemas acuáticos para 2030, pero la previsión no es la misma para la oenegé WWF. «Se prevé que la disponibilidad de agua dulce disminuya un 15% durante los próximos 20 años a causa del cambio climático», plasman en sus informes. «Pero el problema básico es el modelo de producción agrícola que nos hemos montado», añade el responsable del programa de Aguas de SEO/BirdLife.

«Se prevé que la disponibilidad de agua dulce disminuya un 15% durante los próximos 20 años a causa del cambio climático»

WWF

En junio de 2021, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) condenó a España «por no proteger Doñana», recuerda WWF. La sentencia era clara con el motivo de la sanción: «extracciones desmesuradas de agua subterránea». «A nadie se le ocurre hacer un graffiti en la Catedral de Burgos ni quitar piedras a los pilares, porque se caen», compara González, «pues eso estamos haciendo en Doñana y ambos son Patrimonio de la Humanidad», añade.

Pero la amenaza no solo es Doñana, la excesiva extracción de agua y la falta de precipitación en Las Tablas de Daimiel han secado sus lagunas. Pero, «no es el único problema», señala del Río.

«Cada vez hay más químicos y contaminantes en el agua», detalla. Es el caso del Mar Menor, amenazado por los vertidos tóxicos de sus fertilizantes que rompen el equilibrio de sus aguas y el fondo marino.

 

«Hemos generado un impacto muy grande en poco tiempo», denuncia Amanda del Río. Los humedales son una parte fundamental en la vida de la Tierra, «son sus riñones y están en estado crítico», alerta. «Filtran el agua y captan el CO2, si los destruyes emites más», alerta.

Los humedales son los sumideros de carbono más eficaces de la Tierra. La turba que nace en las profundidades de estos ecosistemas acuáticos «almacena aproximadamente el 30% de todo el carbono terrestre, el doble de la cantidad que todos los bosques del mundo juntos», señala la Convención de Ramsar. «Tenemos que tener una mirada más amplia de lo que está pasando en los humedales y explicarlo bien, porque la gente no sabe qué está pasando y no hay vuelta atrás», comenta González.