CSIC

Queso y almendras, las armas para acabar con el plástico en los envases

Con esta fórmula, los nuevos recipientes «serían compostables», responden los responsables del CSIC

R.A. Madrid

Acabar con la producción de plásticos es una de los objetivos de la Unión Europea para los próximos años, aunque también lo era de los ya pasados. Sin embargo, su uso y consumo no ha parado de crecer en los últimos ejercicios. Cada año se producen 500.000 millones de botellas de plástico que tardan casi medio milenio en descomponerse.

Una realidad que confronta directamente con los objetivos de la de la bioeconomía circular marcada por la Unión Europea (UE) que pone el foco en los envases tradicionales, entre otros, para buscar una fórmula más sostenible a largo plazo.

Con esta idea en mente, en 2018 nacía el proyecto europeo Ypack que, a partir de suero de queso y cáscaras de almendras, comenzaba a desarrollar tres productos compostables: una bandeja y dos películas de contacto alimentario. Tras tres años de investigación y siete millones de euros en inversión, un equipo liderado por el Instituto de Agroquímica y tecnología de los Alimentos (IATA) lograba crear un envase activo y biodegradable, capaz de desintegrarse en un plazo máximo de 90 días y de alargar la vida útil de algunos productos frescos hasta 48 días.

«Es la primera vez que se muestra la implementación industrial completa del envase, con estudios positivos de biodegradación, alergenicidad y vida útil», apunta José María Lagarón, investigador del IATA-CSIC y coordinador del proyecto.

Para producir los envases ideados se optó por los poliésteres producidos en la naturaleza por microorganismos. «Está diseñado ecológicamente, es seguro y tiene propiedades de conservación adecuadas para minimizar el desperdicio de alimentos», revela Lagarón.

Con esta fórmula, los nuevos recipientes «serían compostables», responden los responsables del CSIC. «Esto quiere decir que la degradación biológica del envase se produce en un tiempo controlado que, en este caso, es de un plazo máximo de 90 días tras desecharse», añaden.

Su fórmula secreta es «3-hidroxibutirato-co-3hidroxivalerato» o lo que es lo mismo un polímero formado a partir de suero de queso y se abarata con cáscaras de almendras.

A partir de residuos de frutos secos, un subproducto tóxico de la fabricación del queso y nanocelulosa, se empezaba a definir la composición del nuevo material. Sin embargo, la idea del proyecto no se limitaba a crear un envase pasivo que protegiera el alimento del medio exterior, sino que buscaban un recipiente activo que participara en su conservación.

Los dos ingredientes responsables son el óxido de zinc y el aceite esencial de orégano. «Su incorporación al polímero PHBV mostró efectos antimicrobianos a corto (15 días) y a medio plazo (hasta 48 días), frente a dos bacterias que pueden causar intoxicación alimentaria: Staphylococcus aureus (estafilococo dorado) y Escherichia coli», señalan los expertos.

«La fórmula para combatir los microorganismos perjudiciales puede usarse para productos en los que el paquete se abre y cierra varias veces, por ejemplo, en el caso de las rebanadas de pan o lonchas de jamón», añaden.