Vídeo: Fernando Gómez, pionero junto con Patricia Reina, en el movimiento 'antiplástico'. / Ó. chamorro/V. Carrasco

Consejos del mayor experto en vivir sin plásticos: «Sí es posible»

Fernando Gómez, pionero divulgar la necesidad de reducir este residuo, abre las puertas de su casa inspirar un cambio de hábitos

ROCÍO MENDOZA | VIRGINIA CARRASCO | ÓSCAR CHAMORRO Madrid

A Fernando Gómez no le gustan los radicalismos. En la sencillez de su planteamiento encuentra el éxito en su reto: reducir a la mínima expresión el plástico que sale de su casa camino de los cubos de residuos. «Sí es posible. Se trata de cambiar algunos hábitos», afirma desde su apartamento de Madrid, donde lleva décadas practicando una forma de consumir donde la presencia de este residuo tan dañino para el medio ambiente sea testimonial.

Cuando este madrileño y su entonces pareja, Patricia Reina, tuvieron la idea de intentar desterrar este material de su vida cotidiana en el año 2005, el debate sobre la necesidad de tomarse en serio la reducción del uso del plástico a nivel global no estaba tan presente en la sociedad como ahora. A ellos mismos les dio «pereza», confiesan, porque se les antojaba muy difícil. Sólo con echar un vistazo a la cesta de la compra diaria se les antojaba un mundo.

Ahora las cosas han cambiado, al menos en parte. La cesta de la compra sigue estando llena de envases y envoltorios. Los datos oficiales al respecto hablan por sí solos. En 2020 se recogieron 1,5 millones de toneladas de envases domésticos de los contenedores amarillos. Se calcula que cada hogar puede generar 2,5 kilos de plástico de media a la semana.

Pero en la actualidad la idea de reducir los plásticos no es una moda, una tendencia: es ley. Empresas y ciudadanos tienen que empezar a buscar alternativas. Más allá del reciclaje, en el que nuestro país tiene mejores cifras que muchos países de su entorno, es necesario reducir el uso.

Compra a granel, el reto

Hace apenas un mes que España aprobó la ley que marca la hoja de ruta en este país y Europa ha tomado velocidad de crucero en una lucha que comenzó por retirar utensilios de un solo uso como las pajitas o los bastoncillos.

Ni estos productos ni otros cuya necesidad real es fácilmente cuestionable no se encuentran en casa de Fernando Gómez. De hecho, una de las claves para tener éxito en este reto no es solo reducir el consumo de plástico, sino del consumo en general de cosas superfluas. «Cuando empiezas a intentar evitarlo, te das cuenta de la cantidad de cosas que antes comprabas que no necesitabas, además de comprar las cantidades que necesitas y desperdiciar menos», explica después de volver de hacer la compra a granel.

En este punto es donde más controversia puede encontrar un ciudadano de a pie. ¡¡El supermercado y la plastificación de productos por doquier!! Gómez dice que él compra en tiendas que venden a granel (utiliza siempre las mismas bolsas de tela para echar los productos y luego rellena botes de cristal en casa), pero no todo el mundo tiene este tipo de establecimientos a mano. Frente a esta afirmación contesta: «Cada día hay más, son más fáciles de encontrar y también se puede practicar esta forma de hacer la compra en el mercado», anima.

Más allá de las bolsas

Los estropajos no se reciclan, así que en casa de Góez se usan de fibra natural. / Ó. Chamorro /V. Carrasco

Lo cierto es que conviene ir tomando nota de los consejos de Gómez porque la compra a granel dejará de ser muy pronto una rareza. Con la citada nueva ley, antes de que acabe 2023, los establecimientos de alimentación cuya superficie supere los 400 metros (la gran mayoría) tendrán que ofrecer un mínimo del 20% de sus productos sin embalaje plástico. La opción estará cada vez más a mano.

Para quienes empiecen a probar, este madrileño y su pareja, ahora afincada en Málaga, ciudad donde continúa con su activismo 'antiplástico', escribieron un libro donde plasman su experiencia y sus consejos. A partir de 2020 se constituyeron como asociación para prestar asesoramiento a quienes e ir más allá en su cambio de vida.

Este no pasa solo por elegir las bolsas de tela o dejar de comprar agua embotellada e ir a todas partes con la botella reutilizable. También invita a echar un vistazo crítico alrededor. Al abrir las puertas de su casa a este medio, Gómez descubre a quienes quieren verlo que existe alternativa igualmente válida para decenas de utensilios domésticos: desde el cepillo de dientes o del pelo (el suyo es de bambú), hasta la pasta de dientes (usa sólida en lata), la cosmética (sólida también) o los estropajos de la cocina (de esponjas naturales).

Detergentes, aseo... más allá de las bolsas

Champú y gel sólidos para evitar envases en el aseo. / Ó. chamorro/V. carrasco

¿Y el detergente? En su caso lo compra a granel y va rellenado una botella que conserva desde hace una década. Más allá, en la actualidad empiezan a surgir empresas de emprendedores que comercializan también el detergente en formato sólido para luego rellenar botellas en casa al mezclarlos con agua o directamente en pastillas que se venden en cajas.

Este material, que ha demostrado ser tan eficaces y tan útiles para la industria alimentaria, se puede reciclar. Pero no todo el plástico que se encuentra en los productos de consumo cotidiano tienen la suerte de ser transformados y devueltos a la economía en un círculo saludable.

Sólo unos productos concretos, entre todos los que se desechan, son susceptibles de ser reciclados (envases, latas, films, bolsas, botellas, aerosoles, tarrinas de yogur, bandejas de corcho blanco...). Y, además, como reconocen desde Ecoembes, «un tercio de la población sigue sin saber con exactitud dónde va cada tipo de residuo«.

Junto a esta falta de conocimiento (o conciencia) sin corregir, hay que añadir que no todos los tipos de plástico pueden ser reciclados y que en muchos productos se encuentra mezclado, aunque aparentemente no. El ejemplo más claro se encuentra en los vasos de cartón de cafetería: lo contienen y no se puede reciclar.

La lista es bastante más larga. La citada entidad cita: papel plastificado usado en carnicerías y pescaderías, tupperwares, botes tipo Pringles, cápsulas de aluminio de café, moldes de silicona para cocinar, termos, cajas de CD's y DVD's, carcasas de vídeos de VHS y cintas de casete, monederos y carteras, bolígrafos, sacapuntas, mecheros, materiales de plástico de cuadros o fotografías, envases de los medicamentos o neceseres...

¿Resultado? Llega más plástico al vertedero de lo deseable, y por lo tanto, al medioambiente. En términos globales, y según los últimos datos hechos públicos por el informe Cotec, cerca de la mitad de los residuos aún acaban en el vertedero sin reciclar.

Un pequeño gesto, una gran aportación

El total de residuos plásticos generados por Gómez en dos años. / Ó. chamrro/v. carrasco

Las consecuencias de esta realidad, que obliga a combinar el reciclaje con la reducción del uso, son de sobra conocidas: desde las islas de plásticos en océanos que resisten las décadas sin degradarse hasta los microplásticos que no llegan a desaparecer de las aguas y acaban de vuelta mezclados con los alimentos en el interior del cuerpo de animales y humanos.

Frente a quienes defienden que nunca se podrá prescindir del plástico, que lo importante es reciclar, el movimiento que impulsan Fernando y Patricia con su asociación y activismo personal se basa en una premisa muy sencilla que no va en en contra de otros planteamientos macroeconómicos, sino que apela a la conciencia, y la consciencia individual, sin llevar nada al extremo.

«Vale, si no encuentro la leche en cristal porque es realmente difícil y uso tetrabrik, se usa y no pasa nada. Pero si con gestos pequeños de todos podemos conseguir algo grande para cuidar un poco al planeta, ¿por qué no hacerlo». Sólo hay que empezar y aprender cómo.