Yvon Chouinard, de 83 años, ha publicado una carta donde explica su decisión. / patagonia

El dueño de Patagonia 'regala' su empresa para financiar la lucha contra la crisis climática

El excéntrico escalador estadounidense, millonario tras 50 años dedicado al negocio de la ropa deportiva, es el máximo referente en el mundo de los negocios responsables

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Patagonia nunca ha sido una compañía al uso: su activismo en la conservación del planeta y el cuidado de la comunidad tiene más peso en su imagen que sus beneficios. Y estos no tienen nada que envidiar al de otras grandes corporaciones. La única diferencia es que buena parte de ellos, desde que la empresa fue fundada hace medio siglo, han sido destinados de forma sistemática a organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan por la biodiversidad, contra el cambio climático y el cuidado de la Tierra. El lema de la empresa deja lugar a pocas dudas: «Estamos en el negocio para salvar el planeta».

Referente en el mundo de los negocios socialmente responsables, que ha aplicado el concepto de sostenibilidad en su más pura acepción, dio ayer un vuelco para ir más allá aún en su determinación. Su fundador, Yvon Chouinard, hizo pública una carta en la que 'reglaba' la empresa para destinar el dinero a la financiación de proyectos medioambientales.

Así, él mismo, su esposa y dos hijos adultos transfirieron la propiedad sobre Patagonia, valorada en unos tres mil millones de dólares, a un fideicomiso y una oenegé.

Un fideicomiso y una oenegé a medida

Ambos fueron diseñados para preservar la independencia de la empresa y garantizar que todas sus ganancias (unos 100 millones de dólares al año) se utilicen para combatir el cambio climático y proteger las tierras no urbanizadas en todo el mundo. «La Tierra es ahora nuestro único accionista», titula el texto que ha publicado publicado en el sitio web de la marca.

Tal y como explica el excéntrico montañero, empeñado desde sus inicios en ir a contracorriente para demostrar que «beneficios y activismo social están estrechamente vinculados en los negocios», han valorado varias formas de destinar todo el dinero que ha amasado Patagonia en sus cinco décadas de existencia a la causa contra la crisis climática.

Vender la compañía o hacerla pública, no eran opciones válidas, ahonda Chouinard. La primera no aseguraría ni que el dinero fuese al destino deseado ni que la compañía preservase su propósito social, que al fin y al cabo ha sido su seña de identidad.

En cuanto a hacerla pública, directamente declara: «Qué desastre sería». En su opinión, las empresas públicas reciben demasiadas presiones para obtener beneficios y no se enfocan en el largo plazo y el beneficio más allá de lo económico, tal y como hizo en su día Patagonia.

«La verdad sea dicha, no había buenas opciones disponibles. Entonces, creamos la nuestra», prosigue en su carta. De este modo, nace un fideicomiso y una organización sin ánimo de lucro.

El primero es 'Patagonia Purpose Trust', que posee ahora todas las acciones con derecho a voto de la empresa (el 2 %) y se ha creado para dar vida a una estructura legal más permanente que proteja el propósito y los valores de Patagonia.

«Ayudará a garantizar que nunca se desvíe de la intención del fundador y a facilitar lo que la empresa sigue haciendo mejor: demostrar, como empresa con ánimo de lucro, que el capitalismo puede ayudar al planeta», ha informado la organización en otro comunicado paralelo a la publicación de la carta del fundador.

100 millones de dólares en dividendos destinados a una ONG

El 'Holdfast Collective' es la oengé, que posee todas las acciones sin derecho a voto (el 98 %), y «utilizará cada dólar recibido de Patagonia para proteger la naturaleza y la biodiversidad, para apoyar a las comunidades y para luchar contra la crisis medioambiental».

Cada año, además, los beneficios que no se reinviertan en la empresa («incluida la previsión de fondos para imprevistos, como una pandemia», precisan) serán distribuidos por Patagonia como dividendo al 'Holdfast Collective' para ayudar a combatir la crisis medioambiental. La empresa prevé repartir un dividendo anual de unos 100 millones de dólares, en función de la salud del negocio.

«Esperemos que esto influya en una nueva forma de capitalismo que no termine con unos pocos ricos y un montón de pobres», dijo Chouinard, en una entrevista a New York Times, diario que dio ayer la primicia y tras la que decenas de medios en todo el mundo se han hecho eco. «Vamos a regalar la cantidad máxima de dinero a las personas que están trabajando activamente para salvar este planeta», añadió.

Este movimiento poco habitual no significa que la empresa deje de ser tal. Patagonia continuará siendo un negocio privado con fines de lucro que vende chaquetas, gorros y pantalones de esquí por valor de más de mil millones de dólares cada año. Pero los Chouinard ya no son dueños de la empresa. Eso sí, el fideicomiso creado para velar por su espíritu activista sí tendrá supervisión de algunos miembros de la familia.

En cuanto a la sombra de duda que pueda generar la operación, el citado medio estadounidense recoge unas declaraciones de Dan Mosley, socio de BDT & Co., un banco comercial que trabaja con personas ultra ricas, (como Warren Buffett), y que ayudaron a Patagonia a diseñar la nueva estructura, que la operación ha tenido su coste, que no se ha recibido ninguna deducción por ella y que «no hay beneficio fiscal alguno».

Las reacciones de colaboradores del singular empresario estadounidense no se han hecho esperar. Los medios norteamericanos como Forbes o The Washington Post recogen declaraciones de dirigentes de oenegés con las que Patagonia ha colaborado a lo largo de estos años en las que declaran «no sorprenderse» en absoluto del movimiento hecho por el fundador de la marca, al tiempo que califican el liderazgo de la familia Chouinard de único y sin precedentes.

«Podemos salvar nuestro planeta si nos comprometemos con él»

La carta en la que Yvon Chouinard explica su donación termina con unas palabras, que más que una declaración de intenciones, son una llamada de atención: «Han pasado casi 50 años desde que comenzamos nuestro experimento en negocios responsables, y apenas estamos comenzando. Si tenemos alguna esperanza de vivir en un planeta próspero [...] dentro de 50 años será necesario que todos hagamos lo que podamos con los recursos que tenemos. Esta es otra manera que hemos encontrado para hacer nuestra parte. A pesar de su inmensidad, los recursos de la Tierra no son infinitos y está claro que hemos excedido sus límites. Pero también es resistente. Podemos salvar nuestro planeta si nos comprometemos con él».