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«En un mundo globalizado no tiene sentido que para unos aguacates nos chupemos medio Guadalquivir»
Antropólogo y escritor

«En un mundo globalizado no tiene sentido que para unos aguacates nos chupemos medio Guadalquivir»

Cerca de la mitad de los ríos españoles está en mal estado por las presas, la sobreexplotación y el cambio climático

José A. González

Martes, 14 de marzo 2023, 05:59

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Miño, Ebro, Duero, Tajo, Guadiana, Júcar, Segura y Guadalquivir. Una cantinela que la mayoría de alumnos españoles han repetido en las aulas de los colegios y han escrito decenas de veces en exámenes. A ellos hay que sumarles los afluentes como el Sil, el Pisuerga, el Jarama, el Genil o el Segre y así una lista de nombres que «hacen más de 35.000», responde Ramón J. Soria, antropólogo y autor del libro 'España no es país para ríos'. Soria, extremeño de nacimiento, en su último ensayo viaja por la hidrografía española a través de 40 ríos, aunque si tiene que elegir uno el escogido sería el Tajo. «Representa los mayores problemas de los torrentes ibéricos», explica. Contaminación, sobreexplotación y barreras que se pueden observar en la mayoría de ríos repartidos por la península ibérica. En abril de 2022, la Universidad de York, en Reino Unido, analizó el agua de 258 ríos de todo el mundo donde uno de los tres más contaminados tenía nombre español: el Manzanares. «Tenemos que volver a comportarnos como ciudadanos y limpiar y cuidarlos para evitar que el cambio climático convierta a la mitad de España en un desierto», responde el antropólogo.

-Titula su libro 'España no es país para ríos', ¿por qué?

- Porque en los últimos 50 años los estamos maltratando. Se piensa que España es seca, árida, donde hay poca agua y es posible que haya poca agua, pero es uno de los países de Europa que tiene más ríos. A veces, la gente no sabe el número de ríos que tenemos y son más de 35.000. Hay ríos pequeños, grandes, medianos o temporales que se secan y solo llevan agua en primavera. Pero tenemos ríos que han estado muy vivos, llenos de vida y con usos muy diversos hasta hace muy poco tiempo. Hace 50 o 60 años, teníamos una relación de amor muy intensa con ellos, ahora los tenemos totalmente olvidados y los vemos como un canal de riego para regar la huerta murciana o alicantina, o como una alcantarilla porque a través de ellos lanzamos todas las aguas residuales que producimos, ya sean industriales o mineras. Nadie piensa en un río como un ecosistema donde hay peces, ranas e insectos… o un lugar donde antes estábamos nosotros conviviendo y había un cierto respeto, no como ahora que los ensuciamos y enmierdamos.

-¿Ha encontrado la respuesta de ese paso de amor al olvido?

-Me ha sorprendido que haya un olvido por parte de los periodistas, de los intelectuales y de los escritores que no se produce en otros países. En el S.XX, los ríos eran protagonistas en sus historias, incluso, muchas veces lo eran de forma principal en sus historias o de sus ensayos o poemas y en España no. Aquí se trataban a los ríos con la tópica metáfora de que «nuestra vida son los ríos que van a la mar a morir» o como un paisaje bonito para pasear. Más allá de eso, los tenemos totalmente olvidados. España es un país muy montañoso donde no es fácil pasear por muchos ríos y hasta hace nada estábamos fascinados por la civilización, por la ciudad o por la modernidad y, por contra, los ríos eran sinónimo de la España rural y lo primitivo. Creo que esa es una de las razones. Antes el río te definía de un lugar, ahora a nadie se le llama ya ribereño, porque se ve anticuado, obsoleto, e, incluso, paleto.

 

-¿Tenemos una asignatura pendiente que es salvar los ríos?

-La asignatura sería sacarlos del olvido, que la gente los recupere, los recuerde y los visite. Antes me parecía un horror que fueran a los ríos que están intactos, pero ahora prefiero que los vean y los conozcan, porque así es la única forma de que no los destruyan porque saben de su valor. La avidez de agua es insaciable y cada vez más se planifican más presas para tomarla y para regar más hectáreas. Me gustaría que los ríos salieran más en los periódicos y no solamente para decir los problemas del Tajo entre los de Guadalajara y Murcia; el Tajo es un río bello y lleno de vida. Tienen que estar salvajes y limpios, porque si no nos vamos a morir de sed y esto lo dice la Unión Europea y va a pasar en 30, 40 o 50 años y eso es en nada de tiempo. El 40% de los ríos en España van a estar secos y va a haber un 30% menos de lluvias, por lo tanto vamos a tener menos agua y el 60% de las tierras de cultivo en España van a tener un valor económico de cero, porque va a ser prácticamente un desierto. Desde un punto de vista egoísta, tenemos que salvar los ríos para salvarnos a nosotros.

-¿Y se enseñan bien los ríos en España? Me refiero en cuanto a educación…

-Los contenidos no están mal, porque se enseña el ciclo del agua, la formación del medioambiente, su cercanía… pero no se visitan. Los estudiantes de mi comarca estudian los ríos, pero no los visitan y así no se puede ver la gravedad de lo que ocurre y, además, ir es valioso para entender lo importantes que fueron en el S.XIX. Es lo que comentaba antes, si seguimos gestionando el agua como un simple recurso hídrico para regar, lo vamos a pasar muy mal, incluso, en el mejor de los casos. De hecho, ya lo estamos pasando mal y hay tensiones con los agricultores. Tampoco se explica muy bien los beneficios climáticos de los ríos. España es un país con una orografía muy rara con un montón de valles y con muchas montañas, los ríos fluyen por la superficie y también llenan los acuíferos que generan pequeños microclimas que pueden hacer que donde haya una ola de calor, ésta sea más suave; pero si los secamos nos achicharraremos a 50º. Muchas zonas de España se van a convertir en eso que vemos en el norte de África. En Libia hay un montón de ríos, pero están secos, son ríos fósiles donde solo queda el cauce. En esos lugares hace 3.000 años había agua, peces, hipopótamos y gente en sus riberas y por un cambio en el clima dejó de llover y ya no hay agua. Es posible que en España, en una parte importante del país, ocurra eso dentro de poco y cuando digo dentro de poco son 30 o 50 años y eso va a ser un problema.

-¿Este olvido es una cuestión ibérica o generalizada en Europa?

-En España, salvo excepciones, se construía lejos de los ríos porque eran muy tumultuosos y si venían crecidas inundaban los barrios. En los años 50 se olvida y las ciudades empiezan a crecer de forma desaforada y se comen el terreno de los ríos. Entonces llegaron las crecidas y las inundaciones, pero para evitarlas se canalizaron y eso en Europa no fue así por muchos factores. En algunos casos, porque no son tan tumultuosos como los españoles y en otros porque había una cultura de defender y protegerlos. Últimamente, es cierto, hay varios intentos de recuperar esa parte de los ríos, por ejemplo, en Soria, Burgos o Madrid. Se está tratando de recuperar esas riberas para que no vaya tan sucio y que el río corra bien, pero en Madrid, aunque el proyecto de renaturalización está bien, nos hemos comido las riberas del Manzanares y es imposible recuperarlas porque habría que demoler medio Madrid.

-Si tuviese que definir a España como un río, ¿cuál sería?

-Todos. En mi libro he cogido 40 ríos para hablar de los problemas que tienen los 35.000 y los he cogido pequeños, grandes, afluentes, algunos que han desaparecido pero no porque se hayan secado, incluso los hemos sepultado. Creo que cada uno tiene su río, el de su infancia, el de sus padres o de sus abuelos…

-¿Y cuál sería el suyo?

-Soy extremeño y viví allí hasta los 20 años, luego me fui a Madrid y soy madrileño. Mi río sería el Tajo, porque tiene mil y pico kilómetros y es de los más largos de España. Es uno de los más interesantes de la península ibérica, porque si vas al Alto Tajo parece que estás en Suecia con un río de agua azul, fría con cascadas alucinantes y la gente no lo conoce. Luego desciendes, ves su parte media y baja con todo los problemas más terribles que puede tener un río hoy en día. Aquí te encuentras con centrales hidroeléctricas, con el famosísimo trasvase Tajo-Segura que se merienda más de la mitad del Tajo y le deja sin agua... Y, ahora, se le añade el problema del reparto del agua, porque la Ley Marco del Agua obliga que se dé al río un número exacto de metros cúbicos de agua. Todo el mundo se ha echado las manos a la cabeza, sobre todo agricultores diciendo que no se puede quitar agua de sus huertas para el río. A la gente esta idea le parece exótica, porque pensamos que el agua del río es nuestra, pero si se la quitamos toda, el Tajo se muere. A esto hay que añadir que es uno de los más contaminados, es un río que dan ganas de llorar. Solemos pensar que un río que pasa por mi tierra es mío y no es así, es de todos los españoles y, por supuesto, no es de regantes ni agricultores; es de todos. Además, en el caso del Tajo también es de los portugueses que tienen derecho a este agua.

-¿Queda algún mensaje de optimismo?

-Sí. Nos queda pendiente de la segunda revolución agrícola y que no sea usar sistemas de riego diferentes, sino, a lo mejor, cultivar cosas diferentes. En un mundo globalizado no tiene sentido que para unos aguacates nos chupemos medio Guadalquivir, a lo mejor hay que usar otro cultivo. Tampoco tiene sentido que estemos regando olivos, cuando llevamos 10.000 años cultivando olivos en secano y tampoco tiene sentido que estemos regando cultivos de secano. Hace unas semanas salí con la bicicleta por Cuenca y vi cómo estaban regando cereal con aspersores chupando un pequeño río que había al lado. No tiene sentido que utilicemos el agua como si no hubiera mañana, porque sí habrá mañana. Pero soy optimista, porque hay un cambio de sensibilidad en los jóvenes y si hacemos un uso racional del agua y volvemos a utilizar los ríos como ciudadanos; España sufrirá el cambio climático, pero la mitad no se convertirá en un desierto y el valor de la tierra de cultivo no será cero.

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