Los microplásticos llegan a la sangre

Un estudio halla por primera vez estos residuos en el torrente sanguíneo, por lo que podían alojarse en los órganos

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Sabemos que los microplásticos se alojan en el intestino humano, procedente de las bebidas y los alimentos que consumimos a diario. Se calcula que cada semana podemos tragar de media entre 0.1 y 0.5 gramos de estos residuos sin percatarnos de ello.

El interés de la Ciencia en investigar las consecuencias de esta realidad da frutos cada día. Uno de los más recientes, con firma español, consistió en descubrir qué efectos tiene esta acumulación de residuos plásticos en esta parte tan delimitada del organismo. Concretamente, los investigadores del CSIC autores del estudio comprobaron que esta contribuía a la proliferación de bacterias malas, lo que supone una alteración de la microbiota humana.

Pero lo que hasta ahora no se había visto es que estos milimétricos trozos de plástico hubiesen alcanzado el torrente sanguíneo humano. Un grupo de científicos holandeses dice tener evidencias de haber encontrado estos restos en la sangre, lo que significa que pueden viajar por el cuerpo y alojarse en distintos órganos vitales. Lo que está por descubrir es qué efectos tiene esto sobre la salud.

El insólito hallazgo fue publicado la pasada semana en la revista Environment International por un equipo de científicos del departamento de Medio Ambiente y Salud de la Universidad VU de Ámsterdam. En sus conclusiones, hallaron restos de cuatro polímeros (plásticos) en la sangre de 17 de los 22 voluntarios cuya sangre analizaron.

Cuatro tipo de polímeros identificados

«Se identificaron y cuantificaron por primera vez en sangre cuatro polímeros de alto volumen de producción aplicados en plástico. El tereftalato de polietileno, el polietileno y los polímeros de estireno (un parámetro de suma de poliestireno, poliestireno expandido, acetonitrilo butadieno estireno, etc.), seguidos del polimetilacrilato de metilo», concretan los investigadores.

Traducido al nivel del consumidor, la mitad de las muestras contenían plástico PET, que se usa comúnmente en botellas de bebidas, mientras que un tercio contenía poliestireno, que se usa para envasar alimentos y otros productos. Una cuarta parte de las muestras de sangre contenían polietileno, del que se fabrican las bolsas de plástico.

Al tiempo, reconocen que, una vez realizado este trabajo «pionero» resta comprender las consecuencias «de la exposición de estas sustancias en humanos y el peligro asociado de dicha exposición, para determinar si la exposición a partículas plásticas es o no un riesgo para la salud pública».

Sobre el aspecto de estas partículas, quizá no se correspondan con imágenes como la que se ilustra este artículo, sino que son del todo imperceptibles para el ojo humano. El estudio se centró en partículas que pudiese retener un filtro con un tamaño de poro de máximo de 0,0007 milímetros.

El profesor Dick Vethaak, ecotoxicólogo de la Vrije Universiteit Amsterdam en los Países Bajos, es uno de los autores de un trabajo que, aunque califica como «único», reconoce que requiere de una segunda parte de ampliación. Vethaak, que ha dirigido gran parte de su actividad investigadora a la contaminación medioambiental por plásticos, asume que la muestra de voluntarios es pequeña e insiste en la necesidad de seguir las investigaciones en este campo para determinar su alcance en la salud del organismo.

Un trabajo que requiere ampliación

«Queda por determinar si las partículas de plástico están presentes en el plasma o son transportadas por tipos de células específicas, y hasta qué punto dichas células pueden estar involucradas en la translocación de partículas de plástico a través de la mucosa hacia el torrente sanguíneo», aclara.

Por último, deja una pregunta abierta: «Si las partículas de plástico presentes en el torrente sanguíneo están siendo transportadas por las células inmunitarias... ¿Tales exposiciones pueden afectar potencialmente la regulación inmunitaria o la predisposición a enfermedades con una base inmunológica?»

La respuesta está por determinar a través de la indagación futura en este campo. Por el momento, el insólito hallazgo ha sido posible gracias a la financiación de la Organización Nacional Holandesa para la Investigación y el desarrollo de la Salud y Common Seas, una empresa social que trabaja para reducir la contaminación plástica.

Esta última, junto con más de 80 ONG, científicos y parlamentarios, piden a las autoridades británicas que dote con 15 millones de libras la investigación sobre el impacto del plástico en la salud humana.

La UE ya está financiando investigaciones sobre el impacto de los microplásticos en fetos y bebés, así como en el sistema inmunitario.