Frutas y verduras no varían mucho el precio. / Europa Press

¿Sale cara la compra de productos ecológicos?

Consumidores y partidos políticos piden la reducción del IVA en los artículos y alimentos más sostenibles

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

Un paquete de lentejas, una docena de huevos, dos bricks de leche, una bolsa de patatas, una escarola y unos tomates para ensalada. Estos son algunos de los ingredientes de la cesta de la compra de los españoles. A ella se le pueden sumar refrescos, snacks, bollería industrial y también productos con apellidos como 'eco' y 'bio'. De hecho, en 2020, último ejercicio con datos registrados, el gasto por persona y año llegó a los 53,41 euros, un 6,10% más que en 2019.

La cesta de la compra cada vez es más ecológica: frutas y hortalizas frescas, pan, galletas, bollería, aceite y vino. Son algunos de los productos 'eco' en los tickets de los españoles cuando van al supermercado, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Pero, ¿la bollería es 'eco' o 'bio'?

En la actualidad, no hay ninguna normativa que categorice y haga una clara distinción entre productos orgánicos, bio y ecológicos. «Son lo mismo», responde Álvaro Barrera, presidente de Ecovalia, la asociación profesional española de la producción ecológica. La última normativa data de 2018, concretamente el Reglamento 2018/848 del Parlamento Europeo y del Consejo comunitario que solo define la producción ecológica como tal y viene a concretarse en aquellos productos agrícolas, ganaderos, pesqueros y procesados en los que un 95% de sus ingredientes hayan respetado en todo su proceso de crecimiento y producción su desarrollo natural y sin intervención artificial. «Es una normativa que certifica toda la cadena de producción, es decir, eso del campo a la mesa, pues de los pocos sistemas agroalimentario que certifica toda la cadena de producción», comenta Barrera.

La Organización Mundial de la Salud va más allá y los define como «productos que han sido producidos de forma tradicional y sostenible, sin utilizar productos químicos ni ser modificados genéticamente».

Compra más cara

A principios de mes, el grupo parlamentario Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) presentó una proposición no de ley en el Congreso de los Diputados con la que busca instar al Gobierno a reducir el IVA de los productos ecológicos «para incentivar su consumo y a promocionar e impulsar el conocimiento de estos».

Una iniciativa también apoyada por los representantes de los consumidores, «este tipo de productos impulsa la biodiversidad, limita la contaminación de los ríos y acuíferos con fertilizantes y pesticidas aditivos químicos, al tiempo que promueve el empleo local, entre otros muchos beneficios», apunta la OCU.

En uno de sus últimos informes reveló que los productos certificados como ecológicos o con la denominación 'eco' o 'bio' cuestan, de media, un 216% más que sus equivalentes de marca blanca; y casi el doble (un 77% más) que los de marca líder. «Hay que tener en cuenta que el coste de producción es mayor», revela Barrera. «Empleamos un 30% más de maniobra de media, porque, por ejemplo, no podemos usar herbicidas químicos en nuestras cosechas y hay que estar muy pendiente del producto», añade.

Un kilo de tomates de ensalada ronda en una gran superficie los 1,89 euros, mientras que la versión ecológica se dispara hasta los 3,58 euros. «Un tomate convencional está listo en 40 días frente a 60 días de uno ecológico», explica el presidente de Ecovalia. «El primero tiene un 30% de agua mayor que el ecológico porque su fertilización hace que capte más, de ahí que se diga que este tomate no sabe a nada».

La composición de la compra es clave para disparar el total a pagar. Una cesta centrada en la alimentación es más cara, aunque «las mayores diferencias de precio se dan en productos de higiene y cuidado personal, como los geles de ducha y los jabones en pastilla», explica la OCU. «Obviamente hay productos en donde la diferencia es muy grande», apostilla Barrera.

Por tipo de producto, las frutas frescas, con un 15,5% del total de la cesta 'bio', encabezan los productos vegetales ecológicos más consumidos en España, seguidos por las hortalizas frescas, con un 13,9%; el pan, galletas y bollería, que suman en conjunto un 6,6%; y el aceite y el vino que suponen el 4,4% y el 2,2%, respectivamente.

En el apartado de productos 'eco' de origen animal, las carnes y derivados cárnicos son los preferidos por los consumidores con el 15% de la cesta ecológica. «Es aquí donde hay más diferencias», destaca. «Por ejemplo, la pechuga de pollo», focaliza.

En una gran superficie, en su canal online, un kilo de pechuga de pollo fileteada ronda los ocho euros, la versión ecológica, 20,95 euros. «Cuesta más de producir», explica Barrera. «Un pollo convencional lo matamos con 21-25 días y uno ecológico, por normativa, no puede sacrificarse con menos de 81. Obviamente cuidar y alimentar ese pollo 81 días es mucho más costoso que el otro», destaca.

«Puede haber más precio, pero hay que diferenciarlo del valor que es lo que nos caracteriza», defiende. «Hay tomates cuando tiene que haberlos y cortamos las naranjas cuando toca en su verdadero grado de madurez», sentencia.

¿Cómo saber si es ecológico?

A pesar de ser productos más caros, la sostenibilidad se ha asentado en los lineales de los supermercados y también se ha instalado la trampa entre los fabricantes y productores. Un auténtico galimatías de más de 450 'ecotiquetas' que confunden al consumidor.

En el año 1992 la Unión Europea aprobó el sistema de Etiquetas Ecológicas (EEE) para que empresas y consumidores pudieran mejorar su actuación ambiental. De hecho, el interés por lo ecológico y sostenible ha crecido hasta tal punto que hay sellos sobre reciclabilidad, eficiencia energética, ahorro de agua, cultivos ecológicos o respeto animal.

Logo comunitario producto ecológico. / Comisión Europea

Por encima de todos ellos, la Comisión Europea ha establecido un logo sencillo que «facilita que los consumidores identifiquen los productos ecológicos y que los agricultores puedan comercializarlos en todos los países de la Unión Europea», explica en su página web.

Un producto solo puede llevar este logotipo si contiene al menos un 95 % de ingredientes ecológicos y si el 5 % restante cumple unas condiciones estrictas. «La certificación confirma que cumplen condiciones estrictas de producción, transformación, transporte y almacenamiento», justifica la Comisión.