A los plásticos en el mar, se suma una nueva fuente de contaminación. / Fotolia

Cafeína y nicotina, los ingredientes invisibles de las aguas españolas

El Proyecto Libera recogió 135,5 toneladas de basura presentes en la naturaleza nacional

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

Pino, perdiz, lata de refresco, otro pino, bolsa del supermercado, una mascarilla, una ardilla, hormigas, una colilla, un gorrión, una pajita de plástico… Este es el inventario que un senderista puede encontrar en una mañana en su actividad física por la naturaleza española.

«Los campos están contaminados», alerta Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife. Las campañas de recogida de basura del Proyecto Libera, promovidas por esta oenegé y Ecoembes, recopilaron en 135,5 toneladas de residuos en 2021, una cifra similar a la que genera cada español al año.

Miles de kilos de restos visibles, pero hay un veneno silencioso que acecha el entorno. «La ‘basuraleza’ (basura en la naturaleza, según el Proyecto Libera) invisible está poniendo en grave peligro nuestros campos», apunta Ruiz. «Estamos ante un problema ambiental y de salud pública generalizada», añade.

En uno de sus recientes informes, la alianza liderada por SEO/BirdLife y Ecoembes ha analizado la presencia de contaminantes en el suelo y las aguas españolas. La conclusión es alarmante: «Nuestros campos están llenos de fármacos y cafeína», detalla la directora ejecutiva de SEO/BirdLife. Un destino final de estas sustancias, ya que «las depuradoras son incapaces de eliminarlos por su carácter polar y, en zonas ganaderas, por las escorrentías y aguas residuales de granjas», revela el informe ‘Ciencia Libera’.

En las más de 400 muestras tomadas durante el pasado ejercicio en colaboración con el CSIC, el Proyecto Libera ha detectado en 3 de cada 4 pruebas la presencia de cafeína y nicotina, seguida del valsartán, un medicamento empleado para controlar la presión arterial.

Otros fármacos de uso más extendido, como el paracetamol (23%) también son habituales, al igual que la nicotina (23%). «Los datos son consistentes con el consumo de fármacos de uso sanitario en España», explican en la memoria anual.

El mar, un nuevo vertedero

«Es urgente cambiar el modelo de producción y consumo para minimizar los residuos que generamos, el mejor residuo es el que no se produce», advierte Ruiz. En este ejercicio, los responsables del proyecto han puesto el foco en las ramblas, torrentes y barrancos. «Son grandes ‘puntos negros’ de concentración de residuos», señalan. «La gestión de residuos agrícolas es deficiente», critica Enrique Montero, representante del proyecto Ecopuertos.

Recogida de plásticos en el mar. / Proyecto libera

En estos lugares, por donde el agua pasa de manera intermitente, los residuos abandonados se van descomponiendo poco a poco, afectando a la flora y la fauna, y, en muchas ocasiones, acaban llegando al mar, especialmente tras los episodios de lluvias torrenciales. «Los fondos marinos nos dicen desde dónde están llegando estos residuos», explica Montero.

En los doce meses del pasado ejercicio, cuatro arrastreros navegaron durante 180 días el litoral granadino. «Hemos sacado redes llenas de láminas plásticas», denuncia. «Las ramblas son una fuente de contaminación importante en el Mediterráneo», apostilla. «Hemos llegado a sacar 800 neumáticos de un barranco».

Educación, el eje vertebrador

A pesar de los malos datos en cuanto a contaminación, «sentimos orgullo por la sociedad española», destaca Ruiz. La participación de la ciudadanía en los proyectos de limpieza en la naturaleza ha vuelto a niveles anteriores a la llegada de la Covid-19 con casi 26.000 voluntarios. «Es un auténtico poder de la colaboración a pesar de haber sido un año tremendamente complejo por la pandemia», detalla Óscar Martín, consejero delegado de Ecoembes.

A pesar del crecimiento, la iniciativa ecológica quiere hacer hincapié en la educación. A través de su proyecto educativo, cerca de 7.750 alumnos de 310 nuevas aulas se han acercado a la naturaleza y han visto de primera mano la problemática de los residuos abandonados en el entorno que les rodea. «Queremos seguir agitando conciencias para que nadie mire hacia otro lado», advierte Martín.