Mujer durmiendo sobre un colchón. / Kike Taberner

El cambio climático «nos hará cambiar el dormitorio para poder dormir»

Las noches por encima de los 20ºC se han disparado este 2022 lo que dificulta el descanso nocturno y deteriora la salud a largo plazo

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

Este verano, calor extremo y noches tropicales son dos conceptos que acaparan titulares y minutos de televisión y radio. Las olas de calor de las últimas semanas y meses están dejando temperaturas diurnas y nocturnas que marcan nuevos hitos en la historia meteorológica del país. Registros que hacen complicada la vida de día y el descanso de noche.

Por su definición, las noches tropicales son aquellas en las que «el mercurio no baja de los 20ºC», recuerda José Antonio Maldonado, director de meteorología de Meteored. «No queda ahí, con el paso del tiempo se está volviendo habitual hablar de las noches tórridas, aquellas que no bajan de los 25ºC, algo impensable hasta hace poco tiempo», añade Samuel Biener, geógrafo.

Cifras que hacen especialmente difícil conciliar el sueño. «La temperatura es fundamental para dormir», explica Carlos Egea, miembro de la Sociedad Española de Sueño. «La franja idónea es entre 19 y 22ºC», detalla. «Por encima y por debajo es complicado conciliar el sueño», advierte.

La literatura científica y médica hasta no hace mucho tiempo veía a la luz como uno de los grandes factores para poder descansar. «Siempre hemos pensado que el inicio del sueño tenía que ver con la oscuridad y ausencia de luz», señala Egea. «Y no es del todo cierto», contrapone.

«La temperatura es fundamental para dormir y la franja idónea es entre 19ºC y 22ºC»

Carlos Egea

miembro de la Sociedad Española de Sueño

A pesar de «que somos animales circadianos», recuerda Egea, es decir, la luz influye en el descanso humano. «Varios estudios han demostrado que no es el único factor», advierte. Investigadores del UT Southwestern Medical Center de Estados Unidos apuntan a la temperatura como otro protagonista clave. «Por eso no puede dormir en sitios donde lhace mucho calor», responde el doctor.

Para iniciar el ciclo del sueño, «tenemos que bajar la temperatura corporal periférica medio grado», señala Egea. «Por eso, por ejemplo, no se recomienda hacer ejercicio antes de ir a dormir, porque se calienta el cuerpo y no se descansa. Si no pierdes calor, no duermes».

La media de días al año con temperaturas por encima de los 20ºC se están batiendo este ejercicio. En Segovia ya se han registrado 19 noches tropicales, cuando la media era 0; en Palma de Mallorca 63 frente a 40 que marcan los registros; en Málaga 54 frente a las 45 habituales o en San Sebastián 17 frente a 5. «En los núcleos urbanos de ciudades como Valencia o Alicante, por ejemplo, el número de noches que no bajan de los 20 ºC ya está en torno a 90 por año», apunta el geógrafo Biener.

Una anomalía cada vez más frecuente que «nos va a obligar a repensar nuestros dormitorios», explica Egea. «Pero esto ya es algo que pasó con el primer homínido», recuerda. «Se metió en una cueva, porque estaba más fresco, cerró la cueva para protegerse y mantener la temperatura. Es evolución», señala.

«No significa que volvamos a las cuevas», responde entre risas Egea. Sino que los dormitorios tendrán que prestar más atención a los sistemas que controlen la temperatura en los dormitorios y «no sean solo un colchón con luz encima como hasta ahora», advierte.

El calor provoca mala salud

En la pasada cumbre de Naciones Unidas de Estocolmo+50, la Organización Mundial de la Salud advirtió de los «graves riesgos» que el cambio climático entraña para la salud de las personas, tanto a «nivel mental como de bienestar». «Sabemos que si uno no duerme las horas suficientes, conocida como ventana terapéutica (7 o 9 horas), vivirá menos y su envejecimiento será menos saludable», destaca el doctor Egea.

«A finales de siglo, se podrían perder 50 horas al año si las emisiones de carbono siguen más o menos su curso actual»

Un sueño deficiente provoca desánimo, apatía, irritabilidad, mal humor y aturdimiento. «De hecho, una noche sin dormir eleva dos proteínas en el cerebro que sabemos que tiene mucha relación con la muerte de neuronas», advierte.

A ello, recuerda el miembro de la Sociedad Española del Sueño, hay que añadir que «las altas temperaturas empeoran la calidad del aire» y eso, asegura, «disparará las enfermedades respiratorias».

Los costes del sueño, advierten investigadores daneses en One Earth, aumentarán a medida que lo hagan las temperaturas, lo que podría costar a los durmientes entre 13 y 15 días más de mal sueño cada año. «A finales de siglo, se podrían perder 50 horas al año si las emisiones de carbono siguen más o menos su curso actual», señalan en su investigación.