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Las olas de calor extremo de este verano son «la nueva normalidad»

Las olas de calor extremo de este verano son «la nueva normalidad»

ods | vida de ecosistemas terrestres ·

Incendios, pérdida de biodiversidad, sequías, contaminación, empeoramiento de enfermedades y muertes son algunas de las consecuencias de los picos de temperaturas

Rocío Mendoza

Viernes, 22 de julio 2022, 12:16

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El panel de expertos de Naciones Unidas que evalúa el cambio climático (IPCC) lo advirtió en su último informe: El Mediterráneo se iba a convertir en la zona cero de este fenómeno y Europa iba a sufrir las consecuencias de que el clima tienda al extremo más que otras regiones.

Las pruebas no se han hecho esperar y las olas de calor castigan a todo el continente este verano. Pero no será el último. Por si a algún ciudadano le quedara la duda de si superar los 40 grados tantos días es una circunstancia excepcional en 2022, el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Petteri Taalas, ha hecho unas declaraciones que dejan poco lugar a las incógnitas: «Las olas de calor que asolan Europa este verano serán la nueva normalidad», dijo. «Ocurrirán con más frecuencia debido al cambio climático. La conexión ha sido claramente demostrada por el IPCC».

Con esta frase, acuñada hace dos años cuando la pandemia de covid introdujo hábitos que aún permanecen como el uso de mascarillas, la autoridad mundial en materia de meteorología lanza un toque de atención a la sociedad, con el fin de que se tome conciencia y tenga «consecuencias en las urnas», pidió Taalas.

Un fenómeno en curso

Esta tendencia negativa continuará en el clima hasta al menos 2060. Una trayectoria que ya es irremediable y que no depende de que los objetivos de emisiones para mitigar el efecto invernadero y el calentamiento global se cumplan. La OMM añadió en su advertencia que esta situación se producirá «independientemente de nuestro éxito en la mitigación del cambio climático», aseguró rotundo el secretario general de la citada organización.

La OMM recopila todos los años en un informe los récord de los distintos fenómenos climatológicos y el calor, de seguro, copará los titulares del próximo informe. Por ahora, recuerdan estos expertos que la temperatura más alta jamás registrada en Europa fue de 48°C (Grecia, 1977). Es posible que se haya producido un nuevo récord sospechoso en 2021 de 48,8 °C en Sicilia), aunque aún se está revisando.

De cualquier modo, más que los picos, los meteorólogos alertan del incremento en el tiempo de los días excepcionales. Esto tiene consecuencias globales, tanto para el propio clima como para las personas y los ecosistemas.

Las consecuencias, devastadoras

Taalas, en este sentido, recordó que podría ser demasiado tarde para salvar, por ejemplo, los glaciares. La OMM espera que sigan derritiéndose durante cientos o miles de años, a medida que aumenta el nivel del mar.

En cuanto a los entornos naturales, uno de los peores efectos sobre estos últimos son los grandes incendios forestales a cuya voracidad contribuye la mayor sequedad de los terrenos.

Estos, que este verano de 2022 asolan España y media Europa, corren el riesgo de incrementarse en la cuenca mediterránea debido al calentamiento global. El CSIC ha podido comprobar a través de la medición de datos que el calor ha duplicado en cuatro décadas el riesgo de fuegos en la citada región.

«Si no actuamos ahora para reducir el calentamiento global por debajo de los 2°C, el riesgo de incendio aumentará en solo un par de décadas a niveles nunca vistos», advierte la investigadora del CSIC autora del citado estudio Cristina Santín.

Cómo proteger la salud de la población

Sobre la población, el calor tiene efectos directos e indirectos. Los primeros tienen que ver con el incremento de las muertes derivadas de los efectos que tienen las altas temperaturas en personas con enfermedades previas. No solo se cuentan los fallecimientos por los golpes de calor propiamente dichos, sino aquellos provocados por un empeoramiento de un cuadro médico. De ahí que, como recuerda la investigadora especializada en salud y calor, Ana María Vicedo-Cabrera, la subida de las temperaturas afecten más a las personas mayores y enfermos crónicos puedan considerarse un 'silen killer' (asesino silencioso), como puede serlo la contaminación.

Curiosamente, sobre la mala calidad del aire y su perjuicio para la salud también tiene mucho que decir el incremento de las temperaturas.

El jefe de la división Agrícola de la OMM, Bob Stefanski, explicó en el mismo comunicado que una atmósfera estanca y estable atrapa los contaminantes atmosféricos, incluidas las partículas, lo que resulta en una degradación de la calidad del aire.

«Los rayos del sol conducen a la formación de ozono. Este y las partículas impactan en la salud, particularmente entre las personas vulnerables, y también en la vida vegetal», explicó Stefanski, al tiempo que añadía que los sistemas de atención sanitaria de las distintas poblaciones se ven desafiados por estas olas de calor, con lo que también deberían ser adaptados en el futuro.

Calor y polución, una combinación letal

Sin ir más lejos, Ecologistas en Acción reclamó hace unos días una de estas medidas de adaptación: las restricciones de tráfico para reducir los niveles registrados de ozono contaminante en varias ciudades españolas.

«En la tercera parte de las 500 estaciones que miden ozono en España se está superando el objetivo establecido por la normativa para proteger la salud. Y en Andalucía, Castilla-La Mancha, Cataluña, Extremadura y Comunidad de Madrid llevamos ya casi una semana por encima del límite legal», denunció la organización.

El origen del ozono se encuentra en las emisiones de otros contaminantes llamados 'precursores', producidas por el tráfico, las industrias y las calefacciones. Estos contaminantes precursores se transforman en ozono, en presencia de radiación solar. De ahí que se pida reducir el tráfico.

En cuanto a las consecuencias que provoca su inhalación se encuentra un incremento del riesgo de enfermedades respiratorias agudas y reducción de la función pulmonar, así como el agravamiento de patologías cardiovasculares.

La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) estima entre 1.500 y 1.800 las muertes prematuras anuales en España producidas como consecuencia de la exposición a niveles de ozono como los registrados durante la ola de calor.

María Neira, directora de Medio Ambiente y Salud de la Organización Mundial de la Salud, por su parte, se pronunció en este mismo sentido sobre la combinación calor y polución: «Cuando una ola de calor va acompañada de altos niveles de contaminación, exacerba las enfermedades y afecciones respiratorias y cardiovasculares, especialmente en los grandes espacios urbanos que no están adaptados para hacer frente a estas altas temperaturas».

No solo olas de calor

Este escenario de altas temperaturas al que toca acostumbrarse irá acompañado de otros no menos extremos. Según el citado informe del IPCC, en el Mediterráneo se espera una combinación preocupante de cambios en los factores climáticos (calentamiento, temperaturas extremas, aumento de las sequías y la aridez, disminución de las precipitaciones, aumento de los incendios forestales, subida del nivel del mar, disminución de la cubierta de nieve y disminución de la velocidad del viento) a mediados de siglo si el calentamiento global supera los 2°C.

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