Ana María Vicedo-Cabrera, investigadora española en la Universidad de Berna (Suiza) especializada en cambio climático y salud, en su tierra natal, Valencia. / Txema Rodríguez

«El calor es como la contaminación, otro asesino silencioso»

Ana María Vicedo-Cabrera investiga el efecto del cambio climático en la salud; sostiene que cada año las altas temperaturas matan a medio millón de personas en el mundo

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Ana María Vicedo-Cabrera dedica su carrera científica a indagar en los efectos del cambio climático sobre la salud de la población mundial. Los llamados eventos extremos son su especialidad: lluvias torrenciales, inundaciones, sequías prolongadas y, cómo no, el incremento de las temperaturas y las olas de calor como la que toca lidiar estos días en buena parte del país.

Los trabajos que ha realizado en este campo junto al equipo que lidera en la Universidad de Berna (Suiza) le han valido un reconocimiento internacional que se ha visto plasmado recientemente con su participación en el próximo libro que publicará en otoño Greta Thunberg.

Ella es la única española que ha sido elegida por la activista sueca para participar en una obra sobre el cambio climático que recopila textos de personalidades de todo el mundo, tanto del ámbito científico como ajenas a él como Thomas Picketty o Margaret Atwood.

Entre los datos publicados por esta doctora valenciana destacan los relativos a las muertes que provocan las altas temperaturas. Una realidad de la que la población no es del todo consciente. Cerca de medio millón de fallecimientos anuales en todo el mundo se deben al calor y un tercio de los que se registran en verano están causados por las actividades del hombre que impulsan el cambio climático. En España, la cifra es de unas 700 víctimas anuales. Si las previsiones de incremento de 2 o 3 grados con respecto a la era preindustrial se cumplen, «estos índices de mortalidad se multiplicarán por diez».

Con la vista puesta en el futuro que vivirá la generación de su hijo, esta científica dedica su esfuerzo a cuantificar las consecuencias de estos eventos extremos para concienciar a los gobiernos de la necesidad de diseñar y aplicar medidas para proteger a la población ahora y a largo plazo.

-¿Qué relevancia tienen las olas de calor en el conjunto de efectos sobre la salud que puede provocar el cambio climático?

-La OMS trata el cambio climático como una de las principales amenazas para la salud pública en este siglo y, con respecto al calor, está considerado como una de las principales, especialmente en los países desarrollados. Hablamos de Europa, América del Norte, entre otras zonas. Según las estimaciones que publicamos el año pasado, la tasa anual de muertes por calor es de 7 por cada 100.000 habitantes. En el caso de Europa la cifra aumenta a 20 por cada 100.000 habitantes. Es un porcentaje muy alto, que se da especialmente en la zona del Mediterráneo, donde las poblaciones son más vulnerables a los extremos de calor.

-¿Por qué los datos son peores en el Mediterráneo?

-No se ha podido esclarecer la causa exacta de esta realidad. La vulnerabilidad vinculada al calor es algo muy específico de cada población. Es decir, dentro de los mismos países hay algunas regiones que se muestran más vulnerables que otras. Lo que sí sabemos es que existen ciertos mecanismos de adaptación que influyen como pueden ser las infraestructuras de protección de las casas, la calidad de las construcciones, la penetración del aire acondicionado en los hogares, además de hábitos y la propia estructura de la población.

-¿Con qué colectivos se ceban más las altas temperaturas?

-Con las personas mayores. Hemos visto que la mayoría de las muertes causadas por el calor se dan por encima de los 70-75 años. Es muy importante tener en cuenta que cuando se habla de muertes por calor no se trata solo de los casos que se han notificado en el hospital con el calor como causa. Estos últimos suelen referirse a personas que han estado muy expuestas a las altas temperaturas (por su trabajo, porque hacían ejercicio, etc.), que han sufrido una deshidratación severa y finalmente fallecen. La proporción de este tipo de casos en comparación con el total de muertes reales derivadas del calor es mínima.

«Ahora investigamos los picos que se dan de hospitalizaciones de enfermos mentales y suicidios durante las olas de calor»

-¿Cómo mata el calor entonces? ¿Tenemos que reformular nuestra percepción sobre el particular?

-Hoy en día el calor es otro 'silent killer' (asesino silencioso), como sucede con la contaminación. Por detrás de la incidencia de ésta, pero con la misma forma de ser percibida por la población. Básicamente, lo que hace el calor es un efecto barrido: empeora sustancialmente el estado de salud de las personas que ya están muy frágiles porque tienen comorbilidades (problemas cardiovasculares, diabetes, dolencias respiratorios, etc.). Las altas temperaturas aceleran el proceso de deterioro de esa persona, que finalmente fallece. Pero esto no está notificado como víctima del calor, sino de otras enfermedades. Esto es un problema a nivel de comunicación porque la población está muy equivocada sobre el impacto de las olas de calor sobre la salud. Puedes decirle a una persona que su diabetes se descontrolará, pero no te va a hacer caso porque creerá que las advertencias son solo para personas que están expuestas al sol en mitad de un pico de temperaturas, no para ellos.

-¿A qué escala, si hablamos de importancia, se encuentra el calor?

-Hoy en día se puede decir que es, junto con la contaminación, uno de los principales factores de riesgo ambientales. El efecto de la contaminación se da a corto plazo (episodios puntuales) y a largo plazo (enfermedades asociadas desarrolladas con el tiempo). Pero en el caso del calor la incidencia se da en forma de olas. Vemos picos de hospitalizaciones y de mortalidad cuando hay incrementos de calor como se ha visto con el covid. Aunque el calor ocurre unos pocos días durante el año (aunque el cambio climático cambiará esto a eventos más frecuentes y más intensos), esos pocos días del verano se traducen en picos muy importantes de mortalidad y hospitalizaciones. A la larga podría suceder como con el covid, que si se producen de forma prolongada pueden llegar a saturar el sistema sanitario.

-¿Estamos realmente en una emergencia?

-El cambio climático hará que estos eventos se vuelvan cada vez más frecuentes. Pero realmente lo que está haciendo es llevarnos hacia un territorio inexplorado. Por ahora lo que vemos es que poco a poco estamos rompiendo los récords de temperatura, llegando a extremos nunca registrados. Esto supone una amenaza muy importante en la salud pública. Por ello hay una clara urgencia en la aplicación de medidas de adaptación. Esto es, una serie de intervenciones que ayuden a la población a protegerse mejor de estos eventos extremos a largo plazo. La comunidad científica intenta impulsar que los gobiernos utilicen una estrategia más ambiciosa, que no sean solo parches para solucionar solo verano a verano lo que está pasando.

«Si los días de calor extremo se prolongasen en el tiempo podría pasar como con el covid y llegar a saturarse el sistema sanitario»

-Cuando habla de protección, ¿en qué tipo de medidas piensa?

-Debe haber una estrategia clara que ayude a las poblaciones a desarrollarse de forma más sostenible y a la vez que proteja a las personas. No podemos apoyarnos solo, por ejemplo, en poner aires acondicionados en todas las casas. No es sostenible tanto por su gasto energético y sus consecuencias medioambientales, como por el coste económico, que no todo el mundo puede costearse. Lo que se está intentando es impulsar una estrategia a nivel global pero también local. Los ayuntamientos tienen que entender la vulnerabilidad de sus poblaciones, cuáles son las prioridades y cómo pueden desarrollar las ciudades en los siguientes años. Esas inversiones se tienen que hacer teniendo en cuenta que en el futuro vamos a estar expuestos a temperaturas más altas.

-Entiendo se refiere al nuevo urbanismo que tiene como objetivo enfriar las ciudades.

-Efectivamente, hay ciudades en las que se están haciendo grandes inversiones para evitar el efecto 'isla térmica', como puede ser el uso de materiales de construcción que ayuden a reflejar el calor, infraestructuras verdes; uso de sistemas de refrigeración eficientes, etc. También a nivel gubernamental creo que es importante sobre todo la cultura de comunicar de forma adecuada del fenómeno.

-¿Cree que la gente de la calle es consciente de que el cambio climático ya está impactando en su salud?

-Ese es el mensaje clave del estudio que publicamos: el cambio climático es algo que está ocurriendo ya, que van a tener que afrontar las generaciones futuras y que ya tiene un impacto muy importante en la salud de las personas. Nosotros calculamos que alrededor del 37% de las muertes por calor son debidas al cambio climático. Esto significa que 1 de cada 3 podrían haberse prevenido a nivel global. Es muy importante porque son vidas que se podrían haber salvado con una serie de políticas sostenibles y que ayuden a las personas a protegerse.

«Hay picos de hospitalizaciones y de mortalidad cuando hay picos de calor; es un fenómeno que se da en oleadas, como el covid»

-Si el panorama es tal, ¿por qué no se actúa con más celeridad?

-Los humanos somos muy cortoplacistas y digamos que cualquier cosa en la que invirtamos necesitamos ver un retorno a corto plazo. Y en el caso del cambio climático todo esto se tiene que ver a través de las generaciones. Por desgracia es la complejidad de este fenómeno. Pero es importante recalcar que cualquier medida que se tome hoy puede tener beneficios indirectos para la salud inmediatos.

-¿Cuál es el límite humano del calor?

-Según los modelos fisiológicos experimentales, se ha determinado como un valor límite de calor sostenible para las personas 35º 'well path temperature', que es un indicador en el que se tiene en cuenta la mezcla de temperatura y humedad. Por encima de ese valor las personas pueden empezar a tener problemas muy severos. A nivel poblacional, se ha visto que por encima de ese umbral hay un incremento de mortalidad o riesgo de mortalidad, aunque por zonas es muy variable en función de los parámetros que antes citaba. También hay que tener en cuenta que estos valores cambian a lo largo del tiempo porque las personas somos capaces de adaptarnos y hacer frente a temperaturas extremas cada vez más altas porque contamos con recursos que nos ayudan a sobrellevarlas.

«Una de cada tres muertes en el mundo por calor se podrían haber prevenido con políticas que ayuden a la población a protegerse de las altas temperaturas»

-Las consecuencias inmediatas de estar expuestos al calor extremo son conocidas. Además del empeoramiento de estados de salud frágiles, ¿hay efectos más sutiles?

-Actualmente hay un mayor interés en el campo de la salud mental. Con el covid ha aflorado la necesidad de ahondar más en este tema, porque tiene muchas implicaciones a nivel poblacional. Nosotros ahora estamos desarrollando una vía de investigación donde se observa que la subida de temperaturas supone un incremento de ingresos por enfermedades mentales. Vemos que afecta sobre todo a personas con esquizofrenia o trastornos del desarrollo, entre otros problemas. También aumenta el riesgo de suicidios.

-¿Qué mecanismo físico explicaría esto?

-Aunque parezca un poco extraño, las personas con trastornos mentales son especialmente sensibles al ambiente. Por eso, pequeñas alteraciones, como pueda ser en este caso el aumento de temperatura, cambian una serie de patrones a nivel fisiológico y de hábitos que pueden hacer que tengan una pérdida de control de su estado mental o incluso dar lugar a una serie de procesos que puede llevar al suicidio o algún tipo de evento violento. A nivel fisiológico, el calor está ligado con la adrenalina y esto puede desencadenar esos mecanismos de la impulsividad. Esto es muy importante, y es una área que ahora tiene gran relevancia, porque hoy en día no se consideran a estas personas con enfermedades mentales como población de riesgo en los planes de protección por olas de calor.

-Estas políticas de las que habla, ¿nos podría llevar como el covid a quedarnos en casa y, por ejemplo, tener que teletrabajar?

-El cambio climático ya está sucediendo, sus efectos son visibles y ya estamos viendo cómo las poblaciones nos estamos amoldando, ya sea de forma consciente o inconsciente. Estamos en mayo y hay picos de temperaturas muy altas. Seguramente en algunas zonas los colegios tendrán que tomar medidas para que los niños no se vean afectados. Y cualquier medida que se pueda hacer... ¡Bienvenida sea! Lo que sí nos ha enseñado el covid es que deben ser sostenibles en el tiempo. No podemos implementar medidas como un 'lockdown' (confinamiento en casa), pero sí es verdad que hoy en día hay medios y hay evidencias científicas de la necesidad de adaptarse y tomar medidas de protección y si hay que teletrabajar, sinceramente, no lo veo tan mal. Pero por desgracia la adaptación debe ser sostenible con el desarrollo de la sociedad. Esto no es cuestión de dos años, como puede ser el covid, esto es algo que vamos a tener que hacer frente en los próximos años. Por eso hablo de la necesidad de desarrollar políticas de ciudades que a largo plazo protejan a sus habitantes teniendo en cuenta los escenarios de futuro.  

«Para mí es un honor que Greta Thunberg me haya elegido para escribir en su libro»

«Me siento muy honrada. No he hablado directamente con Greta Thunberg, pero sí a través de la editorial supe que me había incluido dentro de un grupo de investigadores de alto nivel, junto a los que nunca habría pensado estar, por lo que para mí es un honor contribuir con mi conocimiento de esta manera». Así expresa Ana María Vicedo-Cabrera cómo ha vivido su colaboración con la activista sueca. Sobre la obra, que ya ha leído y sale en otoño editada por Penguin Random House, cree que es una potente herramienta de comunicación sobre el cambio climático por la claridad y la concisión con la que está planteada. «Personalmente, soy muy fan de Greta Thunberg por todo lo que está moviendo; necesitamos actores en esta lucha y es una herramienta clave para acercar el cambio climático a la población y dejar claro a la gente que no es cuestión de altas esferas, que afecta sobre todo a las generaciones futuras, nuestros hijos y familiares, y que ahora nos estamos jugando su futuro».