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¿Almacenar bajo tierra el CO2? La alternativa para alcanzar las cero emisiones

¿Almacenar bajo tierra el CO2? La alternativa para alcanzar las cero emisiones

Dinamarca recibe el dióxido de carbono de otros países para atraparlo «para siempre» en el lecho marino del Mar del Norte

Lunes, 13 de marzo 2023, 08:03

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Compensar, reducir y eliminar. Estos, de momento, son los tres verbos más usados en la lucha contra las emisiones de CO2 emitidas a la atmósfera y que son uno de los grandes obstáculos para cumplir con los 1,5º marcados en los Acuerdos de París. Pero ¿y si añadimos un verbo más? Almacenar. «Es una herramienta más para ayudar», explica Víctor Vilarrasa, científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA). «A veces se critica esto, porque dice que se perpetúa el modelo actual de emisiones», añade.

El pasado 2022, España emitió un total de 305 millones de toneladas equivalente de CO2 a la atmósfera. Por su parte, a nivel mundial las emisiones alcanzaron también una cifra récord: 40.600 millones de toneladas de CO2, un total del que tan solo el 0,1% es capturado. Porcentaje que se espera que se multiplique por seis para finales de esta década, a medida que la tecnología avanza.

Actualmente, la técnica más eficaz y efectiva es la plantación de árboles, pero es imposible reforestar todo el planeta porque la capacidad de absorción de estos no es suficiente y, además, expertos en biodiversidad argumentan que «pueden alterar el ecosistema». Los números son claros: «La Unión Europea necesitará almacenar al menos 300 millones de toneladas de CO2 cada año para 2050 para alcanzar su objetivo climático neto cero», según proyecciones de la Comisión Europea. «Hay emisiones que por su proceso de manufactura no se van a poder eliminar», asegura Vilarrasa. «No es la solución total, sino una herramienta más en la lucha contra las emisiones».

Su propuesta, presentada y publicada en la revista Geophysical Research Letters, es simple: capturar y almacenar. No es una técnica novedosa, «los noruegos la llevan haciendo desde 1995», apunta el investigador del CSIC. «Aunque quedan muchos retos por resolver», apostilla.

Uno de ellos consiste en separar el dióxido de carbono presente en los gases emitidos por ciertas industrias. Tras esa 'captura', el CO2 es transportado hasta su lugar de destino. «Esta zona tiene que tener unas características especiales», explica Vilarrasa. Es por ello que nunca suelen estar en los lugares dónde se genera esa contaminación, sino que tienen que viajar kilómetros para llegar al almacén.

800 metros bajo tierra

«El CO2 estará almacenado de por vida», responde el investigador del CSIC, y, por lo tanto, las características geológicas del almacén han de ser concretas. «Se buscan, sobre todo, rocas porosas y permeables», apunta, y «además tienen que estar por debajo de los 800 metros».

Estas son dos claves esenciales para que el dióxido de carbono inyectado quede confinado durante largos periodos de tiempo sin que se produzcan fugas que devuelvan el CO2 a la atmósfera. La distancia a la superficie no es elegida al azar «así se consigue una densidad elevada para el CO2 y no escape y también esté por debajo de las aguas subterráneas», apostilla Vilarrasa.

Para evitar su vuelta a la superficie se buscan formaciones en las que las capas porosas estén situadas bajo capas impermeables. El conjunto formado así es parecido al que almacena las bolsas de hidrocarburos que se suelen perforar para obtener los combustibles fósiles.

Una actividad que no está exenta de riesgos «de fugas y también de temblores», especifica Vilarrasa, «pero es bajo», añade. Esta maniobra puede provocar pequeños terremotos durante la inyección, porque se produce una acumulación de presión.

Proyectos transfronterizos

En España, este tipo de proyectos no se ha desarrollado, porque «hubo mucho rechazo popular por el tema de Castor y por el fracking, pero no es nada de eso», destaca el investigador del CSIC.

A principios de los 2000, las cavidades subterráneas bajo la ciudad de Hontomín en Burgos recibieron las primeras inyecciones de CO2 en un antiguo yacimiento de petróleo. «Fue algo muy local», recuerda Vilarrasa. Ahora, ese proyecto, bautizado como Ciuden, está paralizado.

Sin embargo, esta técnica no ha quedado en el olvido y «es muy usada en el Mar del Norte». De hecho se ha convertido en una herramienta transfronteriza, ya que hasta las profundidades saladas de este enclave al norte de Europa han llegado las primeras toneladas de CO2 generadas en Bélgica. «De esto se trata la sostenibilidad competitiva de Europa», afirmó Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en la inauguración del Proyecto Greensand con sede en Dinamarca.

El dióxido de carbono ya descansa a 2 kilómetros de profundidad debajo del lecho marino, en un antiguo yacimiento petrolífero, a 250 kilómetros de la costa, y llegó en barco tras ser 'capturado' en Amberes. La primera inyección hasta alcanzar 1,5 millones de toneladas anuales de CO2 a finales de 2026 y hasta 8 millones en 2030, el equivalente al 40 % de la reducción de emisiones de gases contaminantes a la que se ha comprometido Dinamarca para entonces. «Es un gran avance», señaló Brian Gilvary de INEOS Energy, una de las 23 organizaciones que ejecutan el proyecto junto con otras empresas, instituciones académicas, gobiernos y empresas emergentes.

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