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La casa de tus sueños se construye con una impresora 3D

Las nuevas casas baratas

La casa de tus sueños se construye con una impresora 3D

Esta tecnología llega al sector para revolucionar la manera de trabajar. Promete reducir costes y desperdicio sin repercutir en la seguridad: «Son igual de resistentes que las tradicionales»

Julia Fernández

Martes, 26 de marzo 2024, 18:04

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Las impresoras 3D han supuesto una auténtica revolución para muchos sectores. Se puede hacer casi de todo con ellas: desde unos simples auriculares hasta instrumentos quirúrgicos. Esta tecnología se usa, incluso, para crear calzado deportivo de alto rendimiento. Y ahora también para hacer casas. O mejor dicho, para construirlas. Se trata de una tendencia que nació hace años casi como si fuera el cuento de la lechera, pero a la que la pandemia le sirvió de impulso.

La técnica para construir casas en 3D no dista mucho de la que se emplea, por ejemplo, para hacer un par de pendientes. Lo que sí varía, claro, es el tamaño de las impresoras. «Obviamente son más grandes y el material que utilizan es mortero con aditivos para hacerlo más fluido en vez de policarbonato o nailon», explica Fidel Carrasco, arquitecto y profesor de la Universidad Pontificia Comillas.

Los aparatos son de dos tipos: un brazo articular de grandes dimensiones o un arco muy similar a los que encontramos en las autopistas. Ambos tienen una boquilla móvil por la que sale el material. Y construye las paredes como quien decora una tarta con la nata montada en una manga pastelera. «Cuando te acercas, ves el típico estriado de las cosas impresas en 3D», señala el docente. .

– ¿Y eso es resistente?

– Claro, como las casas que se construyen al modo tradicional.

– ¿Cómo son sus cimientos?

– La base es convencional. Se podría hacer en 3D, pero es más complicado. Esta tecnología se usa de cota cero hacia arriba.

La manera es sencilla. Si se opta por construir todo en el lugar donde se va a asentar el edificio, la complicación está en llevar las impresoras a la zona. Una vez allí, se instalan unos rieles por los que se mueven y van haciendo su trabajo. También está la opción de construir los paneles en una nave mediante esta tecnología y luego transportarlos al lugar, donde se monta todo el puzle. En todo caso, todas las construcciones tienen que cumplir con los estándares de seguridad y calidad que regula el código técnico. Y siempre bajo supervisión de un arquitecto.

En California está la primera urbanización hecha con esta tecnología. Cada chalet cuesta 500.000 euros

Los paneles que se crean tienen dentro una especie de celdillas que se refuerzan con armaduras y en ellos también se debe introducir la canalización necesaria: tuberías, cableado eléctrico, etc. El interior del inmueble se hace y se decora a la manera tradicional. «De momento, no se puede emplear para casas de más de 600 metros cuadrados y dos plantas porque no hay impresoras de ese tamaño», destaca Carrasco.

En California, en el valle de Coachella, se está levantando la primera urbanización del mundo de chalets de este tipo. Se venden por más de 500.000 euros. Pero hay varios ejemplos más repartidos por el mundo. El primero de Europa es una vivienda situada en Amsterdam de 94 metros cuadrados. Recibió sus primeros inquilinos en 2021. Luego, llegó House 1.0, una minicasa hecha por la empresa danesa 3DCP Group que ocupa 37 metros cuadrados.

En Reims (Francia) hay otras cinco familias viviendo en sus chalets desde hace año y medio. Y en República Checa está Prvok, una casa más parecida a una obra de arte que a una vivienda. Se ha hecho gracias a la colaboración entre la empresa Burinka y el escultor Michael Trpak. La vivienda piloto se levantó en solo 22 horas, aunque su tamaño es mini: en total ocupa 43 metros cuadrados.

La urbanización de Rancho Mirage en una recreación de Mighty Buildings.
La casa holandesa de Saint-Gobain Weber Beamix, fabricada en hormigón y que se inspira en una roca.
La casa de Hostelbro, en Dinamarca, que tiene 37 metros cuadrados
Las casas de Reims recibieron a sus inquilinos a mediados de 2022.
El prototipo de Burinka con Michael Trpak en la República Checa.

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En expansión

En España, la construcción en 3D también lleva tiempo haciéndose un hueco en el mercado. La empresa valenciana Be More 3D hizo en 2015 su primer prototipo y el centro de investigación y desarrollo tecnológico Tecnalia ofrece soluciones de este tipo a todo el que las quiera implementar. «Llevamos trabajando en esto unos siete años», explica Iñigo Vegas, director de materiales y productos de construcción del laboratorio vasco.

Según el Cluster de Construcción de Euskadi, el más grande del sur de Europa, esta tecnología desafía «los métodos de construcción convencionales y está impulsando una mayor automatización e industrialización». Además, , está permitiendo a las empresas constructoras ser más eficientes, competitivas y sostenibles en un mercado cada vez más exigente.

Aunque, de momento, «se está aplicando de manera embrionaria», detalla Vegas. La cifra de negocio en Europa ronda solo los 4 millones de dólares y en EE UU no pasa de los 30. Aunque se espera que «la eclosión» llegue «en la próxima década».

– ¿Cualquier casa será hecha en 3D entonces?

– Este sistema optimiza la construcción de piezas singulares. Ahí es donde se vuelve más competitiva.

La vivienda construida en 3D por la empresa valenciana Be More 3d EN 2015.

Más limpio y más barato

La construcción 3D tiene tres ventajas que la hacen ideal. La primera es la reducción de los residuos «hasta en un 60%», precisa el arquitecto Fidel Carrasco. Que unido a su capacidad para reducir la huella de carbono entre «un 40 y un 60%» la convierten en una tecnología verde, añaden en Tecnalia. También permite ahorrar tiempo en la construcción: «Se tarda un 70% menos en levantar uno de estos edificios». Y, por último, también reduce costes porque se requiere menos mano de obra: «Aquí el ahorro es significativo y soluciona también la crisis de profesionales que existe», detalla Iñigo Vegas (Tecnalia). ¿Solucionaría esto el problema del precio de la vivienda? «Lo caro de una casa es el suelo. Donde sea barato, sí», responde Carrasco.

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