Tomás ondarra

La peligrosa moda de beber agua sin tratar

Esta tendencia surgió en Silicon Valley y supone un grave riesgo para la salud, según alertan los expertos en Seguridad Alimentaria

Carmen Barreiro
CARMEN BARREIRO

Esta moda de beber agua sin tratar surgió como tantas otras en Silicon Valley, cuna de las nuevas tecnologías y de muchas de las tendencias de estilo de vida que después copia medio mundo como ejemplo de modernidad. Precisamente una de las últimas ocurrencias de los directivos que residen en el famoso valle californiano es comprar agua obtenida directamente de un manantial –se envasa y se distribuye sin pasar ningún tipo de control sanitario– a 15 euros el litro como alternativa al agua potable o a la embotellada de toda la vida. Lo hacen porque consideran que hidratarse a base de agua cruda –'raw water', en inglés– es mucho más saludable para su organismo que beber directamente del grifo. «Y nada más lejos de la realidad», alertan los expertos en seguridad alimentaria, «preocupados» por esta peligrosa tendencia que cada vez suma más seguidores.

«Todas estas modas que se están implantando, probablemente con la idea equivocada de una vuelta a la naturaleza perdida, no tienen en cuenta que la inmunidad de la población actual frente a los patógenos ambientales que se pueden encontrar en el agua ha disminuido, por lo que la vuelta a esas costumbres ancestrales, también puede conllevar la vuelta al retrete varias veces al día y, en los casos más graves, al hospital», describe gráficamente Javier Pérez, responsable de Bioensayos del Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA).

«Diarrea megalítica»

Porque agua cristalina no significa que sea apta para el consumo humano, como defienden los directivos de Silicon Valley y sus carísimas botellas de «agua prístina». De hecho, las intoxicaciones por beber directamente de un manantial que nos parece de lo más saludable cuando nos aprieta la sed en el monte son bastante frecuentes. «Desgraciadamente, el ojo humano todavía no es capaz de ver a simple vista microorganismos de 0.5-10 micras –equivalente a 0.0005 milímetros– que nos pueden generar serios problemas sanitarios. He visto a más de un explorador intrépido sufrir una diarrea megalítica después de decir eso de '¡qué agua más cristalina, qué trago me voy a dar'», asegura el experto.

El agua sin tratar o cruda supone un importante riesgo para nuestra salud desde el punto de vista de la seguridad. «La cuestión es que ese agua que bebemos directamente de un arroyo pensando que es de lo más natural puede albergar un contaminante microbiológico (purines, por ejemplo), que nos afectará prácticamente al momento o incluso uno químico, como el cianuro, que puede darnos problemas a medio o largo plazo. En el primer caso, la contaminación puede deberse a la presencia de una explotación ganadera aguas arriba del arroyo del que hemos bebido, mientras que en el segundo caso simplemente puede ocurrir que el agua atraviese un yacimiento de algún mineral concreto», apunta Jorge Lorenzo, responsable de Análisis de Aguas y Envases del CNTA.

De hecho, todas las aguas para consumo humano deben cumplir una serie de requisitos de seguridad que garanticen la ausencia tanto de contaminantes microbiológicos como químicos (metales pesados, cianuros, plaguicidas, hidrocarburos...), un marco legal del que se escapa esta peligrosa tendencia de beber directamente de los manantiales. «La legislación de aguas envasadas exige un control analítico ambicioso, riguroso y periódico para garantizar que está libre de contaminantes. Además –añade Jorge Lorenzo–, esos acuíferos se cercan con el objetivo de proteger las áreas de influencia del manantial y que no se pueda contaminar accidental o intencionadamente el acuífero. De esta forma, se puede garantizar que el agua es segura para su consumo».

«Lógicamente hay fuentes de manantiales conocidos por la gente de la zona que tienen una cierta seguridad en base a un histórico de consumo. En principio y sin haber contrastado que cumplen todos los criterios normativos, podrían ser menos peligrosas que otro tipo de aguas crudas, pero ¡mucho cuidado! porque es posible que los lugareños estén acostumbrados a la microbiota de ese agua y el urbanita que llega al sitio de nuevas, no», advierte Javier Pérez. En resumen, beber agua sin tratar es peligroso para nuestra salud por mucho que los gurús de Silicon Valley digan lo contrario.

¿Por qué tampoco debemos tomar agua del mar?

Según los expertos en seguridad alimentaria, otra tendencia «igual de marciana» que la de beber agua cruda es atiborrarse de agua de mar por sus supuestos efectos beneficiosos para el organismo. El nutricionista Juan Revenga ya advirtió hace unos años en su página web sobre los peligros de ingerir agua marina para aplacar nuestra sed. Según explica, el agua de mar es unas tres veces más concentrada en sales que nuestro plasma sanguíneo, lo que en la práctica se traduce en continuos problemas gastrointestinales. La propia Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) alerta de que un consumo continuado de este tipo de agua puede incurrir en deshidrataciones severas por culpa de las diarreas reiteradas, además de desaconsejar su consumo por la presencia en su composición de numerosos patógenos, restos de productos cosméticos y concentraciones de materiales pesados como mercurio, boro e incluso uranio.