¿Y si aprendemos lengua de signos?

Las agrupaciones de personas sordas piden a la sociedad un esfuerzo para que se conozca y ya entrará en las aulas como asignatura optativa

MARTA FDEZ. VALLEJO

La lengua de signos va a entrar por primera vez en los colegios como asignatura optativa. Es una de las medidas que incluye la nueva ley educativa, la Lomloe. Las agrupaciones de afectados abogan por que el aprendizaje se extienda en la sociedad, como una forma de «respetar» el derecho de este colectivo a comunicarse. «Enseñar nuestra lengua a las futuras generaciones es fantástico, pero se descarga la responsabilidad en el sistema educativo; cualquier persona de cualquier edad que se preocupe por nuestra calidad de vida puede empezar a aprenderla hoy mismo», animan los responsables de la Federación de Personas Sordas.

Como cualquier idioma que no lo habla un número suficiente de personas, está en peligro. «Es una lengua minoritaria y minorizada, en riesgo, y además es fundamental para la integración de las personas sordas como ciudadanas de pleno derecho», advierte Naiara Larrakoetxea, portavoz de la agrupación en el País Vasco. Que más personas conozcan la lengua de signos es, resalta, «un paso fundamental hacia la normalización lingüística».

Su origen es tan antiguo como el de las lenguas orales, o incluso más pero existen referencias documentales antes del siglo XVII. En el año 1620 Juan de Pablo Bonet publicó su 'Reducción de las letras y arte para enseñar a hablar los mudos', considerado como el primer tratado moderno de fonética y logopedia, en el que se proponía un método de enseñanza para los sordos mediante signos con las manos. En España 100.000 personas utilizan este código.

«Son lenguas naturales de carácter visual, espacial, gestual y manual, en cuya conformación intervienen factores históricos, culturales, lingüísticos y sociales», recoge la ley en la que se reconoce legal y oficialmente la lengua de signos española (LSE, en su acrónimo).

Las lenguas de signos difieren entre sí en el léxico (conjunto de señas o signos gestuales) y en la gramática tanto como las orales. De modo que hay una única que recoja todas las variables que pueden darse dependiendo del lugar y el momento en el que se utilice. Actualmente, en España, están reconocidas dos: la catalana y la española (LSE), detallan desde la federación estatal. Pero también hay otras variantes en Asturias, Aragón, Murcia, áreas de Andalucía, Canarias, Galicia, País Vasco o Burgos.

«Es un idioma como cualquier otro, hace falta tiempo y, sobre todo, práctica real. Si no se tiene contacto con personas sordas, se olvida. Por ello, el espacio ideal para hacerlo es el movimiento asociativo de personas sordas, donde los beneficios se traducen en servicios para todo el colectivo», añade la portavoz de la agrupación vasca. Las asociaciones piden tener en cuenta sus especiales características para el aprendizaje. «La lengua de signos debe ser impartida solamente por personas sordas, especialistas en este código. Que además de ser profesionales y proporcionar un referente lingüístico e identitario, saben cómo trasladar los valores de la cultura y la comunidad sorda», resalta Larrakoetxea.

Según la OMS, un 5,3% de la población mundial tienen pérdida auditiva. Es decir, aproximadamente 466 millones de personas en todo el mundo. Alemania, Francia y España son los países de la Unión Europea donde más personas sordas son usuarias de la lengua de signos. Unos 72 millones de afectados por sordera en todo el mundo utilizan alguna de las más de 300 lenguas de signos que existen.

A pesar de que no hay una única internacionalmente reconocida y común a todas las personas que la utilizan, la necesidad de comunicarse ha permitido desarrollar un diccionario de palabras para facilitar una comunicación básica en la lengua de signos. Hay también un alfabeto dactilológico con el signo que se hace por cada letra. Puedes encontrarlos en esta web: https://www.cnse.es/

Es un «pilar» para el desarrollo de los niños

«Lo fundamental es que allí donde haya un niño o una niña sordos, haya lengua de signos, que es su lengua natural», advierten los portavoces de las agrupaciones de personas sordas. Alertan de que hay familias, entidades y profesionales que no fomentan el uso de lengua de signos con menores. «Es un derecho humano que se les está arrebatando, es un pilar fundamental para su desarrollo integral y la única opción de tener una accesibilidad plena», subrayan.