Ivan bravo

El ruido y olor de los pedos pueden alertar de problemas digestivos y de intolerancias alimentarias

No es una cuestión de educación sino de salud

Marta Fdez. Vallejo
MARTA FDEZ. VALLEJO

Las flatulencias no son una cuestión de risa ni de mala educación, sino de salud. Echarse un pedo en público está considerado como uno de los actos más rechazados socialmente. Pero es una reacción natural, sana... ¡y necesaria del organismo! En algunos casos, los gases revelan problemas digestivos, intolerancias alimentarias o malos hábitos en la mesa (como comer rápido) y evitar expulsarlos puede causar dolores abdominales y derivar en trastornos más graves. Marta Romero, nutricionista y titulada superior en dietética, nos da las claves y nos advierte de los síntomas de alerta.

Entre 12 y 20 al día, lo normal

Es un proceso natural derivado de la digestión. Las flatulencias pueden generarse por el tipo de alimentos que se ingiere, el aire que se introduce al comer o por las bacterias que se generan en el proceso de la digestión. Es normal que tengamos gases todos los días –entre 12 y 20–. De hecho, expulsamos entre 0,5 y 1,5 litros de gas a diario, un volumen como para llenar un globo mediano. Los hombres suelen generar más que las mujeres y el tabaco incrementa las flatulencias. En personas mayores son más frecuentes, ya que los procesos digestivos se ralentizan por los cambios que sufren con el paso de los años.

Cuándo preocuparse

Deberíamos prestar atención cuando los gases van acompañados de otros síntomas como un olor desagradable, hinchazón, dolor de abdomen, ardor de estómago, reflujo... Podrían responder a un desequilibrio de la microbiota –microorganismos vivos o bacterias que se encuentran en el intestino o tubo digestivo–, intolerancias alimentarias, comer muy rápido, estreñimiento o poca variedad de alimentos, entre otros. Las señales de alarma saltan cuando estos gases impiden llevar una vida normal –una elevada cantidad de flatulencias cada vez que comemos– y van acompañados de cambios de consistencia en las deposiciones.

¿Por qué son diferentes? Ruidosos, olorosos...

Los gases más ruidosos son aquellos provocados por el aire que 'tragamos' al comer. Salen empujados por ese mismo aire, a mayor velocidad. Y suenan más. Este tipo de pedo suele estar relacionado con el estreñimiento y puede acompañarse de sobrepeso, alteración de lípidos en sangre, diabetes de tipo 2, colón irritable y niveles bajos de serotonina: origen de dolores de cabeza, insomnio, irritabilidad y depresión.

Las flatulencias derivadas de la fermentación de los alimentos gracias a las bacterias del intestino tienden a ser más olorosas pero silenciosas. Cuando huelen a huevo podrido están provocados por el ácido sulfhídrico, y suele ser habitual que aparezcan también heces pastosas y diarreícas. Es frecuente que se acompañen de colon irritable, tensión arterial baja, sangrado de encías y dolor crónico. El olor también puede provenir de la fermentación de las heces si tenemos estreñimiento.

¿Qué alimentos los favorecen?

Hay alimentos que no podemos digerir. De ese proceso se encargan las bacterias del intestino, pero cada una 'come' una cosa –generan sustancias como el butirato, indispensable para las células del intestino–. Como consecuencia de este proceso, surgen los gases, pero si no tenemos bacterias que coman el alimento que acabamos de ingerir se multiplican las flatulencias.

Entre los alimentos que provocan más pedos están: coles, brócoli, puerro, alcachofa, legumbres, cereales integrales, fruta en almíbar y edulcorantes. Las flatulencias más olorosas las causan los alimentos más ricos en azufre como la coliflor, la soja, la proteína animal, las coles, el pepino, el pimiento, la cebolla, los anacardos, el ajo, el trigo y el maíz.

El peligro de aguantar

Nunca se deben aguantar los pedos. El gas tiene que salir por algún sitio y aguantárselo puede derivar en dolor abdominal y de pecho e inflamación y desencadenar diverticulitis –rotura de bolsas en la pared interna del intestino por un aumento de la presión por heces o gas– e, incluso, peritonitis. Una investigación de la Universidad de Newcastle mostró que si los gases no se expulsan «pueden atravesar la pared intestinal y son absorbidos por la sangre y se liberan al exhalar con la respiración».

Relación con la ansiedad

Las flatulencias pueden ser consecuencia también de un estado de ansiedad y estrés. «Ingerimos una buena cantidad de aire cuando comemos, y aumenta de manera importante si masticamos alimentos estando ansiosos. Igualmente, actos tan habituales como fumar o masticar chicle también hacen que traguemos más aire», señala Reme Navarro Escrivá, licenciada en farmacia y en nutrición y dietética. Por ello, «comer más despacio, asegurarse de que se está masticando la comida correctamente y evitar bebidas que contienen gas, así como no fumar y no mascar chicle» pueden reducir la incidencia de este trastorno tan molesto, apunta Navarro.