Borrar
Adobe Stock
Lo que nos enseñan los mayores del calor: menos restricciones y más bajar las persianas

Cómo hacer frente a la ola de calor

Lo que nos enseñan los mayores del calor: menos restricciones y más bajar las persianas

Un estudio internacional sostiene que los protocolos contra las altas temperaturas no tienen en cuenta a este colectivo «terriblemente heterogéneo» No seamos «paternalistas» ni «restrictivos», dicen los expertos

Julia Fernández

Jueves, 4 de julio 2024, 17:59

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

Petra vive en Zamora y cuando se acerca el verano prepara la casa para que esté fresquita «como se ha hecho siempre». Retira las mantas, pone sábanas de algodón, que transpiran mejor, y, sobre todo, baja las persianas pronto por la mañana para que no entre «la solana». No tiene aire acondicionado, pero sí un buen ventilador «y el abanico». Tiene 70 años y cuando hay aviso de ola de calor no se asusta.

Esta situación cotidiana nos enseña varias cosas y es que pese a que los mayores son población de riesgo cuando las temperaturas suben, también saben cómo actuar, sobre todo si mantienen su independencia física y mental. Así que en la próxima ola de calor extremo, quizá más que hacerles recomendaciones habrá que preguntarles cómo afrontarla. O al menos, adaptar los protocolos a ellos.

Una investigación desarrollada por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) en colaboración con dos expertos de otras dos universidades polacas y dos centros de investigación noruegos, sostiene que hay que atender a más cosas que el termómetro a la hora de hacer recomendaciones a esta población.

«No se trata tanto de estimar una temperatura en grados, sino de ver qué hace la gente con esa temperatura», señala Paloma Yáñez, primera autora del artículo e investigadora postodoctoral del Laboratorio de Transformación Urbana y Cambio Global de la UOC. «El calor es una experiencia individual», añade.

La cifra

21 días

pasó España en ola de calor el pasado verano, el tercero más cálido desde qeu se tienen registros.

Y tal es así que este año el Ministerio de Sanidad ha actualizado el pan nacional contra los excesos de temperatura en función de esta sensación. Ahora hay 182 áreas diferentes –las llaman zona de meteosalud– y la alerta salta a temperatura diferentes en cada una de ellas: en Asturias lo hace a partir de 26 grados y en Córdoba, a partir de los 41,5. Este fenómeno se llama termocepción. «Y es básico tenerlo en cuenta para establecer cualquier protocolo de acción ante las olas de calor», sostiene Yáñez.

Los mayores son más sensibles al calor por una cuestión fisiólógica. «La termorregulación es una función que tenemos en el hipotálamo que nos permite adaptarnos a diferentes temperaturas. En el caso de una persona mayor, la capacidad de hacerlo es más lenta, lo que le hace más vulnerable a padecer un golpe de calor», explica Naiara Fernández, médica geriatra y directora Asistencial de IMQ Igurco. Por otro lado, con la edad bebemos menos: «Hay una pérdida del mecanismo de la sed, lo que aumenta el riesgo de deshidratación».

Pero aparte de esto, en realidad, cuando hablamos de mayores estamos ante «un colectivo terriblemente heterogéneo» que tendemos a igualar. «Es verdad que se habla de recomendaciones a personas mayores como si todos estuvieran en la misma situación: como si los de 65 fuera como los 90, o los autonómos como los dependientes, o los que sufren demencia como los que no tienen esta afección. Y es un error. Además, hay que huir del paternalismo», añade Fernández.

Al alcance de todos

En la investigación liderada por Yañez –que incorpora por primera vez la visión antropológica a la física– se dieron cuenta de que muchas veces estos protocolos chocan con la propia vida de los mayores. Fue un proyecto que se basó también en el contacto estrecho («cualitativa y cuantitativa», porque se instalaron sensores en sus viviendas) con un grupo de jubilados, en total diez, que vivían en Madrid y Varsovia, dos ciudades expuestas al calor y «donde las temperaturas son significativamente más altas que en sus entornos rurales como consecuencia de la acción humana».

Esto es importante, porque lo que está ocurriendo es que las urbes resultan más hostiles en situaciones de calor extremo, que cada vez son más frecuentes. El verano pasado fue el tercero más cálido desde que se tienen registros. La temperatura media de la península fue de 23,4 grados, 1,3 puntos por encima de la normal. Y experimentamos cuatro olas de calor que sumaron 21 días en total.

«No hay que tener miedo al calor. Lo que hay que hacer es estar preparados»

Naiara Fernández

Médica geriatra y directora Asistencial de IMQ Igurco

Las medidas más habituales para hacer frente al calor de los sujetos de estudio pasaron por «activar el aire acondicionado si lo tenían, bajar persianas, mojar toallas para refrescarse y rociarse con agua». Todas ellas son recomendaciones que deberíamos aplicar todos. Pero dejaron claras dos cosas. La primera, las carencias de las ciudades:«Es como si no estuvieran pensadas para el calor y la gente y las soluciones tuvieran que estar en tu casa», opinó un participante. La segunda, que hay que hacer menos «recomendaciones restrictivas».

«No hay que tenerle miedo al calor. Lo que tenemos que hacer es estar preparados para los riesgos. Por ejemplo, en vez de pedirles que se queden en casa, si son independientes y tienen todas sus facultades, es mejor pedirles «que busquen las horas en las que caiga el sol aprovechando que hay más horas de luz», ejemplifica la geriatra. Para establecer un protocolo de actuación hay que tener en cuentas «sus creencias, su estado emocional, su historia de vida, su situación económica o los materiales de los edificios», concluye el estudio internacional.

«Mójate la nuca y las muñecas si sufres un golpe de calor»

Nadie está libre de sufrir un golpe de calor. Por eso, es conveniente saber qué hacer en estos casos. «Si empezamos a sentir malestar, lo primero es retirarse del calor y refrescanos la nuca y las muñecas», aconseja la geriatra Naiara Frnández. Si estamos solos, y ante el riesgo de sufrir un mareo, «pidamos ayuda, bien a una persona que pase por la calle o a los servicios de emergencia». Y no salgamos sin esta preparados: llevar una banico, una gorra o sombrero para la cabeza y una botella de agua es fundamental.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios