S. I. B.

Hacer deporte a la hora de comer, una moda muy saludable

El subidón de endorfinas que genera el ejercicio al mediodía mejora el rendimiento laboral por la tarde

MARTA FDEZ. VALLEJO

Resulta complicado sacar tiempo para hacer deporte con el trabajo, las tareas de casa, los hijos, el cuidado de padres mayores, las compras del súper... Antes de entrar andamos muy justos y después ya es tarde para encajar la clase de pilates, el yoga, la piscina o el footing. Atrapados en la telaraña de obligaciones familiares y laborales no encontramos hueco para este hábito que tanto beneficia a la salud física y mental. Pero hay un tramo del día para acomodar el rato de ejercicio: el tiempo de la comida, esa hora larga del menú en el bar o el tupper en la oficina. Habrá a quien le resulte una hora rara, pero cada vez lo es menos. Tanto que a la moda de ir al gimnasio al mediodía le han puesto ya nombre: 'fitness break'. Pero, ¿es una buena opción? Preparadores físicos y especialistas en medicina deportiva dan el visto bueno. Favorece el bienestar físico, y también mejora el rendimiento laboral por la tarde.

Lo primero que hay que puntualizar es que estamos hablando de ejercicio de acondicionamiento físico para cuidar nuestra salud, no de prepararnos para la maratón de Nueva York. Y antes de entrar a valorar cuál es la mejor hora del día para hacer deporte, el presidente de la Sociedad Española de Medicina Deportiva, Miguel del Valle Soto, aclara que «lo más importante es encontrar la hora que se ajuste a nuestras circunstancias, que favorezca la adherencia a la práctica de ejercicio. Que sea una rutina a una misma hora, para facilitar que se mantenga el hábito en el tiempo».

Del Valle destaca que nada más levantarnos de la cama estamos descansados pero «rindes menos porque no disfrutas de tu punto óptimo de elasticidad y resistencia». A su juicio la rutina más adecuada es desayunar, que pasen una o dos horas y hacer deporte. «Además, encaras el día con mejor estado de ánimo», apunta. Sobre la moda del mediodía –entre la una y las dos o tres de la tarde– el experto lo considera una buena opción, pero advierte de que hacer deporte sin comer «no nos va a adelgazar más porque perder paso depende solo de que gastemos más calorías de las que ingerimos». Tampoco es necesario dejar de comer, se puede tomar algo ligero antes o algo más fuerte a la vuelta.

OMS

  • 150 minutos a la semana –mejor 300– es el mínimo de actividad aeróbica moderada a la semana que recomienda la OMS, o el equivalente en ejercicio más vigorosos para todos los adultos. Y una media de 60 minutos al día para niños y adolescentes.

A lo que este especialista en medicina deportiva sí pone pegas es a dejar el ejercicio físico para la última hora de la tarde porque podría dificultarnos el sueño. Por ello, aconseja «dejar pasar al menos una hora desde la finalización de la actividad deportiva hasta el momento de acostarse».

Para Jorge Fernández, director deportivo de Beper Sports en Madrid, el tramo horario de la comida «es perfecto porque por nuestros ciclos circadianos logramos un alto rendimiento físico». Y lo explica: «Recién levantado de la cama cuesta más porque no estás despejado y por la tarde, cuando vuelves del trabajo, ya estás cansado. A esas horas del mediodía tenemos más energía para gastar», confirma Jorge Fernández. Entre la una y las tres los niveles energéticos del organismo están muy elevados, así que es un momento muy bueno para realizar entrenamiento cardiovascular de larga duración.

Pico de adrenalina

Cambiar comida por deporte nos ofrece otra ventaja. «Durante las dos horas posteriores a hacer ejercicio se activa el sistema nervioso. Es como si tuviéramos un pico de adrenalina que nos facilita mejorar el rendimiento en el trabajo», apunta el preparador físico madrileño. El cuerpo, cuando realiza actividad física, segrega las llamadas 'hormonas de la felicidad': dopamina, serotonina y endorfinas, que levantan el ánimo, reducen el estrés y la ansiedad y producen una sensación de bienestar.

El cofundador de Twitter, Evan Willams, uno de los empresarios de mayor éxito en el mundo, práctica el 'fitness break'. Explica que dedica las primeras horas del día a trabajar, «por ser las más productivas», desconecta a mitad de la jornada para hacer deporte y vuelve a la oficina con las pilas cargadas. Así disfruta de más energía en un tramo horario en el que disminuye el tirón laboral por el sopor tras la comida.

Aure Medina, profesor de Educación Física en un centro de enseñanza del País Vasco, ha comprobado este efecto 'postdeporte' con sus alumnos. «En las clases que se imparten tras la de educación física, los chavales rinden más y están más concentrados. Además vuelven al aula calmados», comenta. A nivel general, «hacer ejercicio a mitad de la jornada te despeja. El metabolismo basal baja a la tarde y dejar el entrenamiento para última hora te puede pillar ya cansado», argumenta.

Miguel del Valle apuesta por una rutina de una hora al día, que se repita tres, cuatro o cinco veces por semana. ¿Qué tipo de deporte? «El que más nos guste y se adapte a nuestro estado físico porque así es más fácil que no lo abandonemos con el tiempo».

Plátano y frutos secos una hora antes

Hacer deporte en ese tramo de la una a las tres de la tarde nos plantea el problema de cuándo y qué comer. «Tenemos energía de sobra para hacer ejercicio al mediodía. Después de un desayuno fuerte, no hay problema», destaca Jorge Fernández. Un plátano y unos frutos secos una hora antes son suficientes, añade el preparador físico. No hay que pasarse tampoco con los líquidos antes de ejercitarnos.

En todo caso, debemos evitar hacer deporte con el estómago lleno. Si hacemos una comida copiosa, tendríamos que esperar al menos dos horas para calzarnos las zapatillas. Y no llegar a la noche con un hambre voraz. Comer algo a la vuelta al trabajo –vale un sándwich de pan integral con aguacate y pavo– y hacer una cena ligera no más tarde de las ocho, sería una opción.