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¡Ojo con las lentillas! Estas son las graves consecuencias de utilizarlas mal

Ni meterse en el agua con ellas, ni utilizarlas sin supervisión médica, ni dejárselas puestas para dormir son algunas recomendaciones

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Más de dos millones de personas utilizan lentillas a diario en España, «principalmente para sustituir el uso de las gafas tras ser diagnosticadas de miopía, hipermetropía, astigmatismo o presbicia, pero también con finalidades terapéuticas o cosméticas, como tratar la fotofobia (sensibilidad a la luz), como reservorio para liberar un medicamento lentamente en el ojo o para modificar el color del iris», enumera Salvador García-Delpech, secretario general de la Sociedad Española de Contactología (SEC), responsable de ProSEO en la Sociedad Española de Oftalmología (SEO) y codirector de la clínica Aiken (Valencia).

Aun así, una lente de contacto no deja de ser algo externo, como una 'prótesis' que va a estar en contacto con la superficie ocular durante muchas horas, y su mal uso puede producir numerosas complicaciones, desde heridas hasta la necesidad de quitar el ojo.

Con el fin de prevenir cualquiera de estos fatídicos escenarios, García-Delpech destaca cuáles son los errores más comunes que se cometen al utilizar lentillas, cómo evitarlos y sus posibles consecuencias.

Usarlas sin supervisión médica

Aunque no lo parezca, las lentillas no son seguras si no van acompañadas de un buen seguimiento médico, pues cada persona es diferente, cada ojo tiene sus peculiaridades y cada individuo necesita unas lentes específicas para un uso preciso y concreto. Por eso, la decisión sobre el tipo de lentes que se utilizan debe ser personalizada para aportar la mayor seguridad posible a nuestra salud ocular.

Así, por ejemplo, «hay pacientes con un determinado tipo de sequedad ocular que no deberían llevar lentes de contacto, mientras que otros necesitan un tratamiento con determinadas lentes específicas para, precisamente, mejorar los problemas de su sequedad ocular», afirma García-Delpech.

No quitárselas ni para dormir

Se trata del error más frecuente de todos: llevar las lentillas más horas de las necesarias o convenientes, hasta el punto de dormir con ellas puestas. «La lente de contacto reduce ligeramente el aporte de oxígeno a la córnea, por lo que esta 'sufre' un poco y solo se recupera al quitarnos la lentilla. Superar el tiempo máximo indicado de uso de las lentes (entre 6 y 10 horas) no permite a la córnea recuperarse y pueden producirse inflamaciones (queratitis corneales), pequeñas erosiones o úlceras (heridas) en el ojo que facilitan la infección y reducen la visión», declara el oftalmólogo. Es más, «se estima que la probabilidad de una infección corneal en portadores de lentillas es de hasta 1 entre 200».

Meterlas en agua dulce

Aunque tengan un aspecto similar, el agua dulce no es sustituto del líquido de mantenimiento de las lentillas ni debería entrar en contacto con ellas. «La razón es que en este tipo de agua hay unos microorganismos (amebas) que, en condiciones normales, no producen problemas, pero que al entrar en contacto con el material de las lentillas y la temperatura del ojo (unos 32 grados) son capaces de atravesar la barrera de defensa ocular (el epitelio corneal) y causar infecciones tan graves que originen pérdida de visión, la necesidad de un trasplante de córnea y, en los casos más extremos, incluso tener que quitar el ojo. No es una complicación muy frecuente, pero sí muy grave», alerta el especialista.

De ahí que haya que evitar bañarse en agua dulce (piscinas, lagos, ríos…) con lentes de contacto, lavarlas con agua del grifo o ducharse con ellas puestas. De hacerlo, mejor ponerse unas lentillas desechables y tirarlas al salir del agua o, en su lugar, utilizar unas gafas de bucear graduadas. En el agua salada el riesgo es menor y lo más probable es que acabemos perdiendo las lentes, por la diferencia en la composición de estas y el agua, lo que hace que se 'despeguen' del ojo.

Otros errores frecuentes

No quitarse las lentillas cuando se produce un enrojecimiento del ojo, compartirlas con otras personas –«parece obvio, pero es más habitual de lo que se piensa», dice García-Delpech–; o lavarlas con saliva para humectarlas, son otras situaciones a evitar. Además, el maquillaje, ciertos colirios y algunas cremas pueden alterar la textura, la consistencia o las propiedades de las lentes de contacto y dañar el ojo, por lo que conviene tener cuidado.

Son tantos los posibles riesgos que puede parecer que es mejor no utilizarlas, pero no es así. «Las lentes de contacto, bien adaptadas, controladas por un médico oftalmólogo y cumpliendo el buen uso, son muy seguras y recomendables», asegura el doctor.

– ¿Diarias o mensuales?

– Desde el punto de vista de seguridad, las lentes de contacto desechables diarias son muy ventajosas frente a las mensuales o anuales, porque permiten evitar el uso de líquidos de mantenimiento y se renuevan cada día. El precio es más elevado, pero la salud lo merece. Aún así, todas son válidas, así que la mejor opción es dejarse aconsejar en cada caso por el oftalmólogo, pues no es lo mismo quererlas solo para hacer deporte o para salir de fiesta un fin de semana que para llevarlas puestas todos los días.

En cuanto a si son mejor las gafas que las lentillas, el doctor opina que «cada una de estas opciones es válida, quizás incluso para la misma persona, en un momento diferente de la vida».