Cefalea... o cuando te estalla la cabeza

Dieta sana, sueño reparador y menos estrés ayudan con la cefalea, pero suelen ser insuficientes

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Las medidas básicas de prevención a menudo resultan insuficientes cuando se trata de controlar una cefalea. Ese es el nombre que la mayoría de los mortales utilizamos para referirnos al dolor de cabeza, pero la cefalea es mucho más que una molestia un día concreto. Los pacientes que la sufren, en sus diferentes formas, hablan de un daño intenso, muy fuerte, que se vuelve insoportable, no cesa con analgésicos tradicionales y les complica la vida hasta formas insospechadas. Puede ir y venir varias veces al día; y, a menudo, parece que nunca acaba de largarse. Evitarla no siempre es posible, pero hay que intentarlo, porque a veces las soluciones más sencillas pueden suponer un gran alivio. Regular el sueño, mejorar la dieta, controlar el estrés...

Casi la mitad de la población española sufre o ha sufrido algún tipo de cefalea, que, según recuerda la Sociedad Española de Neurología (SEN), es la forma más frecuente de expresión del dolor de cabeza en el ser humano. La ciencia médica ha clasificado más de 200 tipos de dolores diferentes localizados entre el cráneo, las cervicales y la mitad superior de la nuca. ¡Casi nada! Pero hay un dato definitivo, que da una idea de las dimensiones del problema de salud y social que representa esta patología: un 5% de la población la sufre durante más de 15 días al mes.

El botiquín casero

La mayoría de las personas reaccionamos de un mismo modo ante un dolor de cabeza. Acudimos al botiquín de casa y resolvemos el problema con un paracetamol, que si se trata de una molestia moderada está mejor indicado que el ibuprofeno. Pero esa solución, que puede ser válida en un momento puntual, puede convertirse, incluso, en un grave error cuando la complicación se transforma en un martilleo constante, según explica el especialista Pablo Irimia, coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la SEN. Porque el consumo abusivo de analgésicos tradicionales no solo daña el hígado, sino que puede favorecer, además, que ese dolor, lejos de aminorarse, crezca.

«Lo normal es que al principio se sienta una cierta mejoría», explica el especialista de la Clínica Universidad de Navarra. «A la larga, en cambio, los mecanismos naturales de gestión del daño pueden verse alterados y es muy posible que necesitemos tomar una mayor dosis para obtener el mismo beneficio terapéutico», alerta. Lo esperable, además, es que con el tiempo la duración del efecto del fármaco disminuya y que cuando deje de tomarse el malestar regrese más intenso.

¿Que puede hacerse para evitarlo? Ante dolores de cabeza persistentes que no remiten con medidas convencionales, lo primero que suele hacerse, desde el punto de vista terapéutico, es probar una terapia preventiva y ensayar la adopción de medidas higiénicas. No se puede tomar cualquier medicación, pero si hay que comenzar a hacerlo, ha de ir acompañada de un cambio de hábitos que, con frecuencia, contribuyen a mejorar la situación.

La retirada de los fármacos convencionales debe ser supervisada por un especialista, que le recetará una medicación preventiva. No se trata de «analgésicos puros, sino medicaciones que pueden tomarse de continuo» y evitan los efectos indeseables de una analgesia sin supervisión.

Cada uno se conoce

De manera paralela, hay que intentar evitar las situaciones que favorecen la aparición de las cefaleas. Cuando se habla de prevención, los médicos parece que extienden siempre la misma receta; y, en realidad, lo hacen porque funciona. La primera línea de intervención terapéutica exige una adecuada higiene del sueño, «algo importantísimo», que implica mantener horarios de descanso regulares, no hacer ejercicio a última hora del día y, entre otras medidas, evitar cenas pesadas y el consumo de sustancias excitantes como el café antes de irse a la cama.

Hay que controlar el estrés, realizar actividad física de forma regular y comer de acuerdo al patrón mediterráneo de verduras, frutas y más pescado que carne. «Cada uno, además, ha de identificar las circunstancias que le favorecen el dolor de cabeza para evitarlas», recuerda Irimia.

El ritmo de vida actual, con horarios de trabajo interminables, «sobre todo para los pacientes más jóvenes», impide llevar una vida ordenada con muchísima frecuencia. «No siempre es fácil cambiar de hábitos», reconoce comprensivo el especialista. «Por desgracia, además de cambiar hábitos, suelen ser necesarias otras medidas. Por suerte, la medicina ha mejorado tanto en este siglo XXI que estamos en condiciones de ofertar un amplia oferta terapéutica», subraya.

Tratamiento a la carta

  • Terapia: El arsenal terapéutico contra los dolores de cabeza está concebido para su administración de forma escalonada. Más allá de la medicación preventiva, las crisis comienzan tratándose con analgésicos.En el caso de las migrañas (una forma más rebelde de las cefaleas) se utilizan unas fármacos llamados triptanes. Cuando se producen de forma muy reiterada se usa toxina butolínica (botox). Los fármacos más modernos (CGPR) actúan bloqueando una proteína que suele estar más elevada de lo normal.

  • Precaución: Las cefaleas pueden estar relacionadas con problemas mayores (infartos, ictus, tumores...) en las personas mayores de 50 años. En ese caso, siempre deben consultarse.