ITZIAR BARRIOS

Beneficios del baño de mar

Adéntrese en la experiencia de nadar en aguas abiertas. Aporta bienestar físico y mental

Isabel Ibáñez
ISABEL IBÁÑEZ

Para conocer los beneficios de nadar en el mar, acompañamos en su travesía a Mario Lloret Riera, profesor del Instituto Nacional de Educación Física de Cataluña, licenciado en Educación Física, en Medicina y Cirugía, y doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Participó como nadador en los JJ OO de Montreal (1976) –fue noveno en relevos–, y ha batido, cumplidos los 50, varios récords de España, Europa y el mundo.

«En verano voy a nadar casi a diario al Mediterráneo. La temperatura del agua suele ser muy agradable, alrededor de los 20º de media. En el Maresme (Mataró), tenemos boyas fijas a unos 250 metros de la playa que señalizan y separan la zona por donde deben circular lanchas y motos acuáticas de la de nado y baños. Es ahí donde podemos hacer circuitos entre los 1.200 (48 largos en piscina de 25 metros) y los 4.000 metros (160 largos).

Explica Lloret Riera que suele nadar por la mañana, «cuando el agua está más plana», aunque también se da baños vespertinos. «Este año, la mayoría de tardes ha habido aguas con fuerza 3 y 4. Y ha sido difícil gestionar un nado rítmico y cómodo». Dice nadar entre 40 y 90 minutos, dependiendo de si va solo o en grupos. «Con varios nadadores es más motivante y te anima a una ruta más larga». La elección del atuendo es importante en aguas abiertas. «Soy de los que van a nadar con bañador –dice–. Pero hay neoprenos finos, más gruesos...».

– ¿Por qué cree que es mejor nadar en el mar que en piscina?

– En piscina, en agua dulce, es más duro. La densidad del cuerpo humano es mayor que la del agua dulce y debes gastar más energía en propulsar para poder flotar y desplazarte. En el mar, la densidad del agua salada es mayor y flotas más, con lo cual no debes gastar energía propulsiva para flotar, sólo para desplazarte. En ese sentido, en el mar es mucho más placentero si está plano, porque si está movido, el esfuerzo es variable, incómodo.

– ¿Y psicológicamente?

– Mentalmente, es más divertida la incertidumbre, la naturaleza en estado puro. Disfrutas viendo el fondo marino, los peces, las rocas... Notar el sabor del mar en la boca, en tus fosas nasales –para la limpieza de los senos nasales y paranasales, es como un tratamiento de Rhinomer pero a lo bruto–... Muy gratificante. El esfuerzo físico conlleva satisfacción mental y personal que aplicas al resto de tareas de la vida diaria.

–¿Qué beneficios tiene para el cuerpo nadar en agua salada?

–Aparte de la dosis de vitamina D que absorbes por la radiación solar filtrada por la propia agua del mar, que va a suponer un buen estímulo de calcificación ósea, el contacto salino con nuestro cuerpo es fundamental. Todos nuestros fluidos corporales son salinos. Esta relación con el mar me produce una sensación de equilibrio interno con el medio externo. Es obvio que, sin querer, tragamos agua de mar en nuestras travesías diarias. Lo acepto como algo natural y saludable. Por el oleaje, algunas veces tragamos mucha agua, otras poca. Sea como sea, nunca hemos tenido ningún trastorno gastrointestinal. ¡Más bien lo contrario! Esta es otra de mis recomendaciones;beber agua de mar no es malo para la salud. Quizás por eso estamos viendo cómo algunas marcas la comercializan envasada en supermercados, y recomiendo beber regular o diariamente pequeños 'chupitos'.

Condiciones del mar

–¿Recomendaría entonces nadar todos los días en el mar?

–¡Si te lo puedes permitir, claro! Aunque decir esto una persona acostumbrada a nadar en el Mediterráneo, es fácil. Son aguas muy tranquilas, hay poca fauna. Este año hemos tenido cierta invasión de medusas, pero es muy placentero. He nadado en el Atlántico y en el Cantábrico. Al Cantábrico le tengo mucho respeto. Es un mar que hay que conocerlo bien y yo no me atrevo a alejarme mucho de la playa, aparte que la temperatura es muy distinta a la del Mediterráneo. Una buena recomendación es nadar todo el año con un buen neopreno.

–¿Alguna precaución?

– Debemos asegurarnos de las condiciones del mar. En nuestra zona, a mediados de otoño, en invierno y hasta mediados de la primavera, retiran las boyas de referencia. En ese caso es necesario llevar una pequeña boya atada a nuestro cinturón para hacernos visibles. Obviamente, también hay que estar en buen estado de salud y llevar en tu boya alguna bebida reconstituyente o alguna barrita energética.

–¿Quién no debería hacerlo?

–Muchos de mis compañeros, que nunca fueron nadadores, han realizado entrenamientos en piscina, conjuntamente con salidas controladas al mar, lo cual va afianzando el placer por nadar tramos más largos y a distancias mucho más lejanas. Además, es una forma de mantener el peso ideal, aparte de los beneficios mentales que supone hacer ejercicio en la naturaleza. En el caso de nadar (en mar o piscina), es el momento de interiorizar, de hacer introspección, de estar en contacto contigo mismo y reflexionar, a la vez que te oxigenas en un medio saludable. Al salir del mar, la plenitud, la claridad de ideas, la tranquilidad contigo mismo y la satisfacción por el esfuerzo realizado te permiten dormir mejor, comer mejor y, por tanto, ¡vivir mejor!

En aguas frías...

Dice Lloret Riera que hay que tener cuidado con las aguas frías. «Por debajo de 15 o 16 grados y sin neopreno. Hay que tener precaución y hacer periodos de adaptación de manera progresiva, cada día un tramo más largo. En una semana puedes haberte aclimatado. Nadar en aguas más frías y sin neopreno es un riesgo. He tenido dos experiencias así. Una en la Bajada de la Ría de Navia. Aguas arriba la temperatura en agosto suele ser de 14º. Voy una semana antes para aclimatarme ¡El primer día es durísimo! Pero te vas acostumbrando y sales con cierta comodidad. Son 5.000 o 5.500 metros y llegas al puerto de Navia a 18-19º. Es una travesía muy divertida».