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La fealdad de Instagram

Propicia la comparación social negativa y afecta a la salud mental de los más jóvenes

Isabel Ibáñez
ISABEL IBÁÑEZ

Mientras que Facebook va dirigido a compartir noticias y a mostrar la vida cotidiana del usuario, de una manera más bien intimista y realista, Instagram representa el escaparate, la red que exhibe la cara más bonita y amable de sus usuarios aunque en realidad nada sea tan ideal. Una red social volcada en alcanzar una determinada estética, la perfección, la mayoría de las veces maquillándolo todo con la ayuda de filtros con los que el gris se vuelve color rosa.

Pues ha sido el propio Facebook, propietario de Instagram, quien ha reconocido en un informe interno el efecto negativo que esta red social está generando en la salud mental de los más jóvenes, al propiciar la «comparación social negativa». Fue el diario estadounidense 'The Wall Street Journal' quien difundió en exclusiva las conclusiones de dicha investigación, entre las que se encuentra que «un tercio de las adolescentes que usan Instagram se sienten peor con sus cuerpos».

Ferran Lalueza, profesor e investigador de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), destaca que «el hecho de que la misma empresa lo haya constatado y documentado hace desvanecer cualquier duda que pudiese existir sobre este riesgo». Y señala que cada vez hay más estudios «que alertan de que Instagram puede afectar negativamente a la salud mental de los usuarios, particularmente de las adolescentes».

«Hay que tener en cuenta la incidencia que puede tener en una población joven», advierte Lalueza sobre esta red social que cuenta en todo el mundo con más de 1.200 millones de usuarios y que en España ha triplicado en solo cinco años su número de cuentas. Según este experto, la comparación social negativa a la que hace referencia dicho informe de Facebook sobre Instagram conduce a sus usuarios a valorarse en función de su atractivo, riqueza y éxito respecto a los otros

«En el mundo irreal de Instagram–comenta Lalueza–, un físico atractivo se presenta a menudo como la única puerta de entrada hacia el éxito y la aceptación social. Este mensaje puede resultar doloroso, excluyente y distorsionador para todos aquellos que no se sienten a gusto con su cuerpo». Por todo ello, el profesor e investigador universitario no duda en definir a Instagram como una red social «potencialmente tóxica».

El físico como presentación

El psicólogo de la UOC José Ramón Ubieto considera que la imagen «es el rasgo casi único de presentación» de esta red, cuya función principal es compartir fotos y vídeos. «Ello hace que todo el valor recaiga sobre el estado de esa instantánea y reduce la presentación formal. El efecto de esta comparación puede aumentar las vacilaciones de todo adolescente; compararse con miles de fotos hace más complicado habitar su propio cuerpo».

Lalueza insiste en la irrealidad del mundo exhibido en Instagram, «fruto de una selección sesgada donde mostramos lo mejor y obviamos lo peor con filtros embellecedores. Si nos comparamos con este mundo sin ser conscientes de que es ficticio, nuestra realidad acaba resultando bastante deprimente». Señalan ambos expertos que ello afecta especialmente a las personas que se encuentran en edades en que las aún están formando su personalidad y aprendiendo a aceptarse tal como son. «Ahí, dicho contraste puede resultar especialmente demoledor».

Es muy difícil cerrar la sesión

El profesor Lalueza entresaca un rasgo de esta red, compartido por otras, que contribuye aún más a este efecto tóxico: la dificultad de cerrar la sesión, es decir, de apagarla: «Tiene una alta capacidad de absorción de interés, tiempo y dedicación que priva de otras actividades». Explica que las redes sociales están «cuidadosamente diseñadas para que nos enganchemos y dediquemos nuestro tiempo a ellas. Cuanto más tiempo invertimos en Instagram, más alto es el coste de oportunidad en términos de cosas positivas que podríamos estar haciendo y que no haremos».

El peligro del eco tóxico

A todo esto, el psicólogo Ubieto suma otro riesgo aún más peligroso, la posibilidad que tiene esta red de funcionar como una cámara de resonancia, una especie de eco tóxico: «Si tú comunicas un deseo o una idea, por ejemplo sobre autolesiones o suicidio, esta red te multiplica las opciones. Ese eco es un refuerzo de tu propia idea».

Un parche: esconder los 'me gusta'

La eliminación que recientemente propuso la red de eliminar paulatinamente los 'me gusta' podría paliar algo ese efecto de comparación social, dice Ubieto, pero alerta de que esto «restará valor a esa red y hará que nazcan nuevas redes que contemplen esa opción de otro modo». El experto solo ve detrás de esta estrategia «la intención de las compañías de no desanimar a los usuarios que no tienen miles de seguidores ni acumulan cientos de 'me gusta', que son la mayoría».

La pandemia como agravante

La psicóloga sanitaria Lucía García Gete apunta al sufrimiento generado durante la pandemia como un agravante del problema: «En un momento evolutivo de maduración de la identidad, se ha exigido un alto autocontrol al alumnado, al mismo tiempo que vivían la angustia por tanta muerte e incertidumbre, y la reclusión social». Señala la experta que gracias a las redes sociales, «como tercer lazo de socialización más allá de familia y lo académico, tenían un perfil digital que mostraba sus intereses y gustos, fomentando la interacción social, la creatividad y la documentación. Pero todo ello podía conllevar la pérdida de control sobre la información personal y una excesiva demanda de reacción –con 'likes' o seguidores– como forma de aprobación social, sobre todo en personas con mayores niveles de narcisismo, comparación social y envidia, en busca de autopromoción».

Por otro lado, afirma que el excesivo miedo a perderse experiencias «conduce a un mayor abuso de redes y se relaciona con una peor autoestima». Recuerda la experta que durante la pandemia han aumentado los ingresos psiquiátricos de adolescentes, así como los trastornos de la conducta alimentaria, principalmente en mujeres, apuntando a la gran influencia de estas redes. Y aporta un ejemplo de contenido digital educativo para reforzar la autoestima: la cuenta anónima en Instagram 'Somos diferentes' (@_somos.diferentes_).